Un mes después, todo tornaba con tranquilidad mientras que el verano pasaba.
Luka y yo manteníamos relaciones sexuales a pesar de que me veía de vez en cuando con Hunter. El cual me llevaba al trabajo y me recogía. Eso puso algo celoso a Luka y tuve que decirles a ambos que no era propiedad de nadie. Sin embargo, Luka era quien poseía mis orgasmos cuando nos veíamos a solas.
Antes de que llegará agosto, sentí un pequeño mareo. Por lo que me hice un test de embarazo y dio negativo. Y con una analítica corroboré que era un poco de anemia. Esa misma que me inventé cuando estaba realmente embarazada y no podía decirle nada a Luka. Este en cambio se preocupó por que fuera un posible embarazo y no se separó de mi hasta corroborar que no lo era. Pues no me dijo que no quería cometer el mismo error que hace un año.
Llegó septiembre y Leandro comenzó en la escuela habiendo aprendido algo de español durante los dos meses de verano. Me alegró escucharlo hablar por primera vez bien el idioma y que mis tíos le entendieran a la perfección.
Aquella noche del viernes, invité a Luka para que viéramos una película en la casa y Leandro solo se limitó a observarlo. Sin embargo, él estuvo un poco incomodo con la mirada del niño.
Tras terminar de ver la película, Luka se marchó a su casa y Leandro me dijo que le gustaba mucho a él. Que se le notaba en la mirada. Por lo que no le respondí a eso. Ya que eran cosas de adultos.
A la mañana siguiente, me desperté con una sensación extraña en mi pecho. Algo que se marchó en el instante.
Mi teléfono móvil sonó y me percaté que era el tono de mis mensajes.
Cuando cogí mi teléfono, vi a duras penas quien era.
Al ver que era un mensaje de Luka, enseguida lo abrí y lo leí: anoche no pude disfrutar de ti como pensaba. Pero la velada estuvo genial con Leandro. Aunque me dio escalofrío cuando me miró a la cara constantemente. L.
A lo que le respondí con un emoji de risa y con un texto después: es que Leandro es el mismo demonio en persona. Tranquilo. Solo observaba como me mirabas. Ya le explicaré porque lo hacías de esa manera.
Y el me respondió rápidamente: ¿Le vas a decir que era porque te deseaba y te deseo ver desnuda?
Y mi respuesta fue un mensaje corto: No. Le diré que es porque me amas.
Respiré profundamente y después volví a sentir el pitido de los mensajes: Y es cierto. Deja a Leandro esta noche con tus tíos y reúnete conmigo en la casa. Deseo follarte duro.
Sin embargo, no le respondí. Ya que eso me sonó al antiguo Luka. Esperaba que no me llegara a encontrar sorpresas esa noche. Cruzaba los dedos de que así no fuera. Ya que no me gustaría ver al antiguo Luka. Pues el nuevo era muy diferente.
La puerta de mi habitación se abrió de pronto y Leandro entró sonriendo. Este niño siempre estaba feliz sin saber lo dura que era la vida.
Él se subió encima de la cama y le abracé mientras que le daba un suave beso en la frente.
―Buenos días hijo ―le dije.
―Buenos días mamá ―me dijo.
―Que buen acento tienes.
―Grazie ―dije.
―¿Hiciste la tarea?
―Sí.
―Así me gusta. Pues ve a darte una ducha y a vestirte para el colegio. Yo te iré preparando los desayunos.
―Va bene.
A pesar de que Leandro había aprendido español, su lengua materna seguía muy dentro de sí. Por lo que me alegraba de que él no se olvidase de sus padres.
Leandro se marchó de nuevo hasta su habitación y yo me levanté para caminar hasta la cocina. Ya que no quería que Dulce ―la niñera de Leandro― llegase pronto para llevarlo a la escuela y le faltase lo fundamental.
Cuando llegué a la cocina comencé a preparar tostadas con zumo de naranja. Ya que era algo que nos daba energías desde que comenzamos a hacer ambos vida saludable. Además, mi madre siempre decía que el zumo de naranja te ayudaba a despertar incluso para cuando estás trabajando. Y no se equivocaba.
El niño entro en diez minutos más tarde en la cocina y le serví su desayuno.
El timbre de la casa sonó y fui a abrir. Ya que Dulce debió de haber llegado.
Al llegar, confirmé que era ella y la hice pasar a la cocina. Ofreciéndole que desayunase con nosotros.
Los tres comenzamos a desayunar y antes de dar el siguiente bocado, el timbre volvió a sonar.
Dulce fue a abrir la puerta y un escalofrío recorrió mi espalda.
―¡Señorita Sanz!
Caminé un poco exhausta por ese escalofrío a la puerta y vi que Luka estaba agarrado por ella. Quien estaba muy golpeado por todos lados.
―¡Luka! ―exclamé―. Vamos a mi habitación Dulce.
Entonces me ayudó a llevar a Luka hasta mi habitación.
Cuando llegamos, ambas pusimos a Luka en la cama y le dije:
―Vete con Leandro y que no suba. No quiero que vea a Luka así. Después llévalo en casa de mi tío y quédate con él. Te pagaré las horas que des extras.
―No se preocupe señorita.
Dulce salió de la habitación y me quedé a solas con Luka.
―¿Quién te ha hecho esto? ―preguntó.
―Fue... fue... Patrick ―respondió el malherido.
Cogí mi teléfono móvil y llamé al doctor que atendía a la familia. Esperaba que mi tío no se enfadara por esto.
Sentí como a la media hora Leandro y Dulce se marchaban hasta el colegio y unos minutos más tarde el doctor llegaba.
El doctor le estuvo revisando varios minutos más tarde y cuando terminó de hacerlo, me dio unas vitaminas para que no hubiera dolor alguno sobre sus huesos. Ya que solo eran hematomas lo que tenía.
Tras acompañar al doctor a la puerta, volví hasta la habitación. Ahí vi a Luka dormido por el calmante que le puso el médico.
Llamé a mi tío y le estuve contando lo ocurrido. Como era habitual, me dio un par de sermones sobre Luka y después se calmó. Le dije que no iría a trabajar hasta el siguiente día. Por lo que se ocupara de unos asuntos.
Cuando colgué mi teléfono móvil, me tumbé al lado de Luka. Quería saber qué es lo que le había hecho el hijo de puta de Patrick. Solo me quedaba a esperar a que Luka se despertase de aquel calmante.
El reloj dio las nueve de la noche cuando Luka comenzó a despertar y me puse en pie para poder hablar con él.
Cuando él me ubicó, me miró con delicadeza. Sin embargo, yo estaba enfadada porque sabía que con Patrick las cosas se volverían a torcer con la droga.
―¡Estás bien! ―exclamó.
―Yo estoy bien. Pero, ¿qué hacías con Patrick? ―le pregunté.
―No es nada de lo que piensas.
―Entonces, ¿en qué debo de pensar?
―Me acechó de camino a ver a mi madre después de escribirte. No quería que mi madre me viese con este aspecto.
―¿Cómo me fio de ti?
―Ya sabes la promesa que hice. ¿Por qué si no iba a mantenerla si no te amase?
―Entonces, ¿qué diablos quería ese tipo?
―Lo único que pude entenderle, es que le debíamos la libertad o algo así.
Me acerqué a Luka y me volví a tumbar a su lado.
―Me has asustado.
―¡Te he asustado! ―exclamó sorprendido.
―Sí. Y mucho.
―Eso significa que...
―...no significa nada Luka ―le interrumpí―. Tú lo hiciste una vez cuando tenía los síntomas de embarazo y casi me matan en ese accidente.
―Si Patrick te hace daño, soy capaz de matarlo.
―No más muerte Luka. Eso tienes que enterrarlo.
―Lo haré. Pero no me pidas que no le haga nada a ese hijo de puta si te hace algo a ti y a Leandro.
―Cállate ―le repliqué.
Y Luka me hizo caso. Donde no tardó nada en robarme un beso.
Noté como algo se me removió dentro de mí y no tuve más opción que proseguir a quitarle la camisa.
Cuando se la quité me dirigí hasta los pantalones. Donde también le quite la ropa interior.
Tras verle desnudo, me quité la ropa que tenía puesta y cuando me puse encima de Luka, este se quejó y lo hice con mucho más cuidado.
Al notar el breve dolor sobre mi vagina, supe que estuve lista para poder moverme.
Tras eso, me moví y dejé que la pasión se desenvolviese. Ya que mi estómago sentía otras cosas. Algo que no sabía explicar.
Fue al ver como él disfrutaba de su orgasmo, lo que me hizo entender que nuestra pasión era encendida por el universo. Por lo que bendije al maldito destino que nos unió y nos hizo fuertes. Pues sabía que todo podía volver a cambiar.
ESTÁS LEYENDO
Simplemente Mía
Ficção HistóricaLa vida a veces no se trata de disfrutarla. Se trata de vivirla. Mariella Sanz pensó que lo tenia todo con su libertad tras dejar su última relación. Sin embargo, Luka Wood no se había marchado del todo de su vida. Sin embargo, será las malas deci...
