Capítulo 11

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Él había aparecido en mis sueños toda la noche. Ese sueño tan excitante como atormentador.
Luka apareció en ellos como un puñal sobre mi espalda. Uno muy grande cuando le vi tener sexo con otra mujer. Supongo que, en mi intento de olvidarle, mis sentimientos seguían ahí.
Intenté despertarme, pero no pude hacerlo. Ya que los efectos del sedante estaban ahí todavía. Mi cuerpo estaba tan pesado como si fuera una roca difícil de mover. Solo observé como el sueño continuaba y me costó de entender por qué Luka me volvió a mentir de nuevo. Solo llegué a entender que su vida estaba llena de mentiras por alguna cuestión.
Volví a intentar abrir los ojos y lo estaba logrando. Por fin esos sueños estaban desapareciendo poco a poco y evitaría de ver algo tan desagradable como lo que había visto.
Terminé de abrir los ojos poco a poco. Donde me sentí mareada y exhausta por el sedante.
Me senté como pude en la cama y echando mis manos a la cabeza, comencé a pensar donde estaba. Sin embargo, solo notaba como la cabeza me seguía dando vueltas.
―Por fin despiertas ―escuché y esas palabras sonaron como un puñal―. Tenemos que hablar de lo que has visto Mariella.
Mi respuesta fue el silencio.
Noté unos pasos hacia a mí y lo único que hice fue levantarme para salir corriendo de él. Sin embargo, de lo mareada que estaba me caí al suelo.
Sentí como Luka me cogía en brazos y me volvía a poner encima de la cama. Donde me dejó tumbada.
Cerré mis ojos para dejar de pensar en lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, el sedante seguía haciendo su trabajo.
―No deberías de salir corriendo estando aun con los efectos del sedante. Son muy fuertes y no llegarás a algún lado hasta que la sustancia haya desaparecido completamente de tu cuerpo.
―No debería de estar aquí ―le dije―. Déjame marchar Luka.
―Ya sabes cuál es mi respuesta.
―Pues a mí me da igual. Quiero irme y no me lo vas a impedir.
Intenté levantar mi cuerpo de la cama, pero Luka me frenó. Echándolo de nuevo hacia atrás.
―Mariella no vas a ningún lado. Porque ya sabes lo que pienso hacer si lo intentas al menos.
―¿Por qué me haces esto? Tienes otra mujer y...
―No tengo a otra mujer ―me interrumpió y se puso furioso―. Ya te he dicho que Patrick las quería compartir conmigo. Siempre lo ha hecho antes de conocerte a ti.
Hizo una breve pausa. Lo que me hizo entender muchas cosas.
―Llegué temprano ayer a casa y te vi dormida Mariella. No quise despertarte. Cuando me estaba haciendo una manzanilla para calmar los nervios de ir a ver a mi madre, Patrick llegó puesto hasta arriba de cocaína y con dos mujeres que había conocido en un bar. Le dije que no quería por qué tú estabas aquí, pero insistió.
―¿Probaste la droga?
―No nena. La última vez que me metí fue con el MDMA. El mismo día en que te follé hasta el cansancio.
Abrí mis ojos por que comencé a sentirme algo mejor pero aún seguía un poco mareada.
―Pues no te creo Luka.
―Pues deberías de creerme. Te estoy diciendo la verdad.
Volví a cerrar mis ojos y solo obtuvo el silencio.
―Voy a dejarte sola un rato. Volveré cuando se te haya pasado el calmante y el mal humor.
Sin embargo, no quería que él regresase. Ya que volvería con una mentira nueva.
Escuché los pasos de Luka en segundos y después la puerta. Dónde después cerró esta con llave.
Cuando recuperé la vista por unos momentos, me percaté que me había encerrado de nuevo en el sótano.
No podía creer lo que estaba viviendo y tan solo por darme cuenta quien era cuando mató a mis hermanos y estar presente en la muerte de mis padres. Eso era una completa pesadilla.
Me tapé con las sábanas de aquella cama y lo único que deseé es que se pasara el tiempo. Un tiempo que solo estaba perdiendo en vez de ayudar a esos niños necesitados en Italia.
Volví a quedarme dormida sin darme cuenta y lo único que vi en mis sueños, fue oscuridad. Una que estaba tanto ahí como en la vida real.

Sentí la puerta al cabo de un buen rato. No sabía que es lo que estaba pasando, pero no quería averiguarlo. Pero como también, noté un clic en la puerta. Tampoco le di importancia.
Sentí en breve pasos y supe que era Luka quien estaba ahí. Ya que su perfume era irreconocible.
Abrí por unos momentos mis ojos y vi que se había puesto un pantalón de lino de color negro y una camisa de cuadros de color blancos y rojos. En sus manos, tenía puesto unos guantes de cuero del mismo color que el pantalón. Fue cuando me pregunté a donde había ido. Sin embargo, no me paré a averiguarlo.
Él se mantuvo de pie y no le dije nada. Ya no quería más problemas de los que me estaba dando.
―¡Estás más calmada! ―exclamó.
Asentí.
―Bien ―volvió a decirme―. En este caso, ya podemos hablar de lo que viste ayer.
―No tenemos nada de qué hablar Luka.
―Yo creo que sí.
Me levanté de la cama y en lo único que pensé era en escapar de nuevo. Aun así, no lo hice.
―Voy a ir a darme una ducha y ponerme algo limpio ―le dije.
―La puerta está cerrada con llave y no irás a ningún lado hasta que no hablemos.
―Luka ya no tenemos nada de qué hablar.
―Mariella sí que tenemos que hacerlo.
Caminé hacia la puerta y no le hice caso. Luka solo se limitó a darme paso para ir hacia la puerta.
Cuando intenté abrirla, confirmé que estaba cerrada con llave.
―Abre la puerta ―le dije furiosa.
―No lo voy a hacer. Ya sabes la condición que te he puesto.
Me acerqué a él más furiosa y le dije:
―Que abras la maldita puerta.
Enseguida, él me cogió por el brazo y me empujó hacia a él. Poniendo mi espalda contra su torso.
―Veo que es así como tenemos que hablar.
Luka bajó su mano hasta mi sexo y comenzó a desabrochar el pantalón que tenía puesto.
―Bájate los pantalones y la ropa interior ―me susurró al oído―. Es una orden Mariella.
―Estás loco Luka.
―No lo estoy. Bájate todo. No me hagas hacerlo a la fuerza.
Me bajé los pantalones muy despacio, mientras que él me agarraba para que no me marchase.
―Ya te dije que me ponían las niñatas ―volvió a decirme―. Y ahora mismo la tengo dura de pensar que puedo volver a atarte y hacerte mía.
―Suéltame.
―Que poco me conoces nena.
Luka comenzó a masajear mi clítoris y me limité a forcejear. Hasta que comenzó a hacerlo más rápido. Donde eché mi cabeza hacia atrás y gemí un poco.
¿Qué diablos pretendía? ¿Qué perdonara la escena que vi el día anterior? Aun así, lo seguía odiando a pesar de que consiguiera nublar mis sentidos.
Él me giró enseguida y después puso mis pechos en su torso.
Luka comenzó a besar mi cuello, mientras que me bajaba la camisa blanca que tenía puesta y pensaba que le odiaba por todo lo que quería volver a lograr de mi en tan poco tiempo.
Él paró de besarme el cuello en segundos e hizo que le mirase a los ojos. Donde en segundos, Luka me quitó la camisa dejándome desnuda.
―Si es así como quieres que hablemos, lo haremos.
Luka me empujó hacia la cama, mientras que yo intentaba forcejear.
Él se quitó la camisa de cuadros y solamente se quedó semidesnudo.
Luka se subió encima de la cama y después se puso encima de mí. Intenté quitármelo de encima, pero él reaccionó enseguida. Poniendo sus manos sobre mis muñecas. Me di cuenta que me tenía atrapada, cuando comenzó a lamer mis pechos muy despacio.
Cuando terminó de hacerlo, Luka me miró a los ojos y con esa sonrisa malévola, me dijo:
―Queda tus manos ahí. Si las mueves, voy a enseñarte que no vas a volver a desafiarme. ¿Lo has entendido?
Asentí.
Luka comenzó a sacar y a meter sus dos dedos en mi vagina. Dónde noté el cuero sobre mi sexo.
Gemí. Supuse que el cuero y sus roces me estaban excitando.
Luka comenzó a mover sus dedos aún más rápidos y comencé a notarme un poco más mojada.
―Me gusta tu forma de conversar ―volvió a decirme.
Él dejó de sacar y meter sus dedos.
Abrí mis ojos y comencé a ver como se quitaba el pantalón junto con la ropa interior.
Luka me cogió por las piernas y me giró rápidamente.
Él puso mi culo en pompa y comenzó a dilatarme el ano. Hasta que, en pocos segundos, comenzó a meter su polla ahí.
Luka comenzó a embestir rápidamente para que se me dilatara un poco más rápido. Sin embargo, él lo hizo durante algunos segundos donde me hizo gemir.
Él dejó su polla metida en mi ano y procedió de nuevo a recoger mi pelo.
En segundos, él volvió a penetrar mientras que estiraba de mi pelo como si estuviese ansioso de placer.
Luka dejó de penetrar mi ano y enseguida metió su polla en mi vagina. Donde comenzó a moverse muy lentamente.
―Ya sabes que no quise hacer nada de lo que Patrick ha querido desde que nos conoces nena. ¿Por qué te empeñas en no hacerme caso? ―penetró más rápidamente―. Dime... porque... no me crees...
―Por qué... eres ah... un mentiroso... ah... ah... ―gemí tras mis últimas palabras.
―Pues créeme Mariella.
―Te costará qué ah ah lo haga.
Luka penetró aún más rápido para sentirle dentro. Tanto que alcancé el clímax en pocos segundos y noté que su polla palpitaba mucho más que mi vagina se contraía.
Él no paró de penetrar aún más rápido. Eso me excitaba más y el choque de su pelvis con mi trasero comenzó a sonar.
―Me voy a correr ―dijo.
Él no paró ningún segundo de moverse aún más rápido.
―Córrete conmigo.
Mi única respuesta fue un gemido de mis labios.
Tras varios segundos penetrando más fuerte, noté como Luka se corrió en mi interior. También lo hice yo. Cayéndome rendida encima de la cama y respirando entrecortadamente.
Luka terminó de tumbarse encima de mi en pocos segundos y lo único que escuché fueron nuestras respiraciones entrecortarse muy despacio.
―Jamás volverás a desafiarme. Si lo haces, te daré un castigo como lo hice con tus padres. Eso incluye volver a escapar de nuevo. ¿Has entendido?
―Sí ―dije por lo bajo.
Después, él salió de mi interior y se tumbó a mi lado. Donde me miró por unos segundos.
Volví a cerrar mis ojos y en lo único que pensé fue en salvarle la vida a mis tíos del mismo final que tuvieron mis padres.
Me quedé dormida en instantes. Ya que lo único que necesitaba era dormir para no pensar que mi vida era un completo infierno al lado de Luka.

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