Capítulo 3

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Dormí unas cuantas horas. Fue la salida del sol lo que volvió a despertarme. Sin embargo, volví a quedarme dormida. Pues Luka había desaparecido de la cama y pude relajarme tras dejar de escuchar sus ronquidos. Quedándome dormida.
Mientras que dejaba pasar un poco el tiempo con los ojos cerrados y profundamente dormida, todo se tornó oscuro. Hasta que al final de ese túnel encontré algo de luz.
Cuando estuve al otro lado de ese largo túnel, me vi en la misma cafetería en la que fui a verme por última vez con mis hermanos.
Los vi tomando té y café. Sin embargo, no me vi a mí misma. Seguramente ese sería el instante en el que me estuvieron esperando a mí.
―Ahí viene la futura italiana ―escuché.
Me miré a mí misma y tenía la misma ropa que cuando los asesinaron. ¡Mierda! Aquello era la vida real y todo lo que viví junto a Luka había sido una pesadilla.
Me senté al lado de mi hermano mayor Manuel y mi hermana Inés. En cambio, Ana se sentó frente a mi para celebrar la decisión que había tomado de marcharme lejos para meditar lo que había pasado hace un mes. Pero también para despedirme.
Amaba a mis hermanos por todo el apoyo que me habían dado desde que cometí el primer fallo con una de mis anteriores relaciones. Incluso a Ana. Que había sido mi paño de lágrimas y me había dado los mejores consejos desde que Luka me dejó. Fue el estar al borde del abismo lo que me llevó a hacer ese viaje para meditar y encontrarme a mí misma. Aunque encontrarme de nuevo con Dios sería muy difícil ahora que estaba desecha por dentro. Sin embargo, fue Manuel quien me apoyó más cuando tuve mi primera relación y le dio una lección. Jamás se me olvidará la golpiza que le dio a Rafael.
―Espero que dentro de un año cuando regreses, hayas encontrado la paz que tanto has buscado nena ―me dijo Manuel―. Aunque conociéndote, lo superarás pronto.
―Sabéis que soy muy cabezota ―les dije―. Conseguiré la paz estando muy lejos y meditar en Roma ayudando a esos niños sin hogar.
―Lo sabemos ―dijo mi hermana Inés―, por eso cuando vuelvas celebraremos juntos algo muy especial.
―¿Qué cosa? ―le pregunté a ella.
―Voy a ser madre de Alberto. Estoy embarazada.
―¡Qué! ―sonreí porque me alegraba la noticia―. Felicidades hermana. Te deseo lo mejor a su lado.
―Gracias Mariella.
Sentí un petardo en la calle y no le di importancia. La noticia de que iba a ser tía me había emocionado.
La gente comenzó a correr desde lejos de la plaza y supuse que había pasado algo.
Ahí vi correr a dos hombres con un pasamontaña puesto y con una pistola disparando a todo el mundo quien se ponía en su paso.
Fue el cañón sobre mi sien lo que me hizo entender que era aquello la pesadilla y que la realidad ya la viví.
Desperté de pronto y me vi ahogada en un sudor muy intenso. Había tenido una pesadilla con el día en que mis hermanos murieron.
La puerta de la habitación se abrió de golpe y Luka apareció ante mí como en aquel sueño.
―¡Estás bien! ―exclamó él.
―¡Suéltame! ―forcejee para que me quitase las esposas.
Luka se acercó corriendo encima de mí y se puso encima, diciendo:
―¡Cálmate!
―Quítate de encima, asesino ―dije.
―Mariella cálmate ―dijo y después me cogió la cara. Haciendo que le mirase a los ojos―. Solo ha sido una pesadilla.
―La muerte de mis hermanos no ha sido una pesadilla. Tú los mataste.
―Para ya de una vez o me tendré que ver obligado también a atarte los pies y taparte la boca ―me dijo muy cabreado―. Tú decides.
Intenté calmarme por aquella pesadilla que tuve y contuve la respiración.
Luka y yo nos miramos por unos minutos a los ojos. Hasta que estuve completamente relajada.
―Mejor.
Asentí e intenté respirar para coger más aire del cual necesitaba.
―Has tenido una pesadilla. Te he escuchado desde el salón.
―Solo necesito que acabes de una vez lo que empezaste Luka. Estoy cansada de que me tengas así.
―Pues no deberías. El amor no se olvida en un mes.
―El amor se olvida como también el enfermo de Alzheimer se olvida de sus buenos recuerdos. Yo me iba a Roma para meditar y olvidarme de todo lo que sentía por ti. Te había olvidado un poco en este tiempo.
Él se acercó a mi oído y me volvió a decir:
―No te creo Mariella. Yo seré un mentiroso, pero es que tú eres peor que yo.
―¿Cuándo te he mentido yo? ―pregunté.
―Ahora mismo lo acabas de hacer ―me respondió―. Sé que ahora me deseas tanto como yo te deseo a ti. Que quieres un orgasmo mío a pesar de que dices que me has olvidado en un mes.
―Eso es lo que tu sueñas.
Hicimos una breve pausa.
―Quítate de encima Luka. Tienes que dejarme ir al baño. Ya no me aguanto más las ganas de orinar.
Él estiró su brazo y cogió las llaves de las esposas del cajón.
En pocos segundos, me quitó una de las esposas y se esposó su muñeca para que yo no me escapase.
―Esto es absurdo.
―No lo es. Después quiero que tomes algo para desayunar conmigo. Estaba haciéndolos cuando te oí gritar. Quería traerte un desayuno a la cama.
―Eso es como premio por portarme bien ―le dije sarcásticamente.
―No. Es por que por una vez quiero hacer las cosas bien.
―¿A qué te refieres? ―le pregunté.
―En que no he sabido hacer las cosas como tú lo querías y quiero intentarlo.
―Luka, ya es tarde para ello. Te acostaste con mi mejor amiga y después de un mes sin hablarnos, mataste a mis hermanos. No pienso que cambies tu forma de ser por alguien bueno y amable como lo estás haciendo ahora.
―Eso te lo puedo demostrar.
Hizo una pequeña pausa.
―Tú fuiste esa parte buena que quedó en mi pasado antes de conocerte y meterme toda esa mierda.
―Dirás te metes.
―Te juro que no he vuelto a meterme más.
―No jures en vano Luka. Por qué ya no te creo.
Él me ayudó a levantarme de la cama y comenzó a caminar.
―Vamos al baño. Tengo un poco de hambre y no puedo esperar ―me dijo furioso.
Luka comenzó a empujar de mí y no tuve más remedio que andar obligada.
Entre en el baño y no tuve más opción que dejar que él me mirase como hacia mis necesidades ante sus ojos.
Cuando terminé, me limpié y me subí el pantalón.
En pocos segundos, Luka volvió a empujar de mí y me arrastró hasta la cocina. Dónde se paró frente a la nevera para coger varios alimentos.
Después, ambos caminamos hacia la encimera y terminó de hacer los desayunos ante mí.
―Nunca quise volver a recaer Mariella ―dijo de pronto―. Sin embargo, lo hice y he sabido llevar mi vida un poco hacia adelante.
―Robando y teniendo este departamento a tu gusto para follar con quien te diera la gana.
―No hubo ninguna mujer después de que te engañara con Harriet. Solo hubo alcohol y drogas. Dónde descubrí que eso no lo era todo. No le he robado nada a nadie. Eso no me lo enseñó mis padres. Más bien mi madre.
Hizo una breve pausa.
―Esto lo estoy pagando con un poco de ayuda ―volvió a decirme.
―No te creo Luka. El tiempo me ha hecho ser muy ingeniosa en cuanto a una relación. Si lo que quieres es convencerme de que has cambiado, ya es tarde.
―No quiero que me creas, pero sí que me entiendas. No sé si llegaré a hacerlo algún día.
Sin embargo, no tuve palabras que decirle. Mi cabeza seguía en aquella pesadilla que tuve y que sabía que era real.
―¿Por qué te ibas a ir de la ciudad Mariella? ―me preguntó.
―¿Como sabes eso?
―Todo se escucha por el pueblo.
―Me iba a meditar para encontrar un poco de paz y volver sana. Había cosas en mi cabeza que aún no llegaban a entender por qué me engañaste. Llegue a entender que fue por las drogas dos semanas más tarde.
―Pues si sabias que era por las drogas, no tenías por qué irte.
―Debía de hacerlo. Mi madre es muy devota y me dijo que me fuera a meditar a Italia. Hay un convento de niños que necesitan ayuda y decidí irme. Olvidando todo lo que tenía en el pueblo. Incluso mi pasado. Pero...
―.... entré yo de nuevo para impedirte marcharte ―me interrumpió―. Me alegro de ello.
Hice una pequeña pausa. En la cual respiré un poco.
―Luka no puedes impedir algo que está escrito. Tú y yo tenemos el destino escrito de otra manera y no me puedes retener a tu lado.
―Pues yo estoy desafiando al destino. Me da igual si tengo que morir por retenerte aquí. Te dije que me habías visto la cara y no pienso permitir que me delates con la policía.
El silencio se hizo de nuevo. Sin embargo, no le dije ninguna palabra. Tenía que encontrar la manera de escaparme de allí. Aunque eso me costara la vida.
Cuando Luka terminó de hacer los desayunos, comenzamos a comer un poco.

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