Capítulo 14

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Me desperté al día siguiente y había tranquilidad absoluta.
Cuando me di la vuelta, Luka no estaba. En su lugar había una nota.
La cogí y la abrí. Era de su puño y letra: nena he tenido que salir de urgencia a la casa de mi madre. Ya sabes, sus problemas de salud. No tardaré en llegar. Desayuna y tranquila. Si te aburres coge un libro de la parte de abajo donde está el televisor. L.
No sabía hasta qué punto podía llegar la enfermedad de la madre de Luka. Pero si estaba así ahora, las cosas podían estar mucho peor. Si hubiera alguna forma de darle a esa mujer el mismo cariño que un día me dio a mí, lo haría sin dudar. Si fingir que estar de nuevo con su hijo era una opción no me quedaría de otra.
Me levanté y fui hasta la cocina en segundos.
Ahí, me hice una tostada de pan integral y un zumo de naranja.
Mientras que comía, estuve pensando en todo. Incluso en la enfermedad de la madre de Luka. Algo que no podía aún creer.
Cuando recogí los platos del desayuno, fui hasta abajo del televisor y vi que libros tenía. Supe que eran todos mis libros cuando vi mi pequeña biblioteca.
―¿Qué pretendes Luka? ―pregunté en un susurro.
Busqué algún libro que no me aburriera todo el día. Lo único que tenía que hacer, era no pensar cuando él regresaría. Esperaba que su madre estuviese bien y no tuviera ninguna complicación mayor.
Encontré un libro poético muy viejo. Recordé que Dante Alighieri era uno de los motivos por los cuales iba a comenzar mi tour por Italia con esos niños. Comenzando en Roma y terminando por Florencia. Ya que antes de querer irme para olvidar a Luka, estuve leyendo de nuevo Infierno, Purgatorio y Paraíso.
Volví a coger el libro de poemas de Infierno y busqué un lápiz. Quería subrayar algunas cosas del libro para que me ayudase en mis días al lado de Luka. Aunque ya no podía decir que se me haría un infierno a su lado cuando pensé que él me hacía de nuevo vibrar después de casi dos meses. Sin embargo, no encontré ninguno.
Me puse a leer, mientras que dejaba mis pensamientos a un lado.
Me senté en el sofá y no le hice caso a nada. Solo me limité a volver a leer los poemas de Dante para poder pasar todo ese día sola en esa casa abandonada en medio de la nada.

Me percaté que era casi un poco tarde cuando me terminé de leer el libro.
Tenía un poco de hambre por lo que lo dejé a un lado y fui hasta la cocina para saber qué hora era en el reloj.
Cuando lo miré, vi que eran las seis de la tarde. Me extrañó que Luka aun no hubiera vuelto de lo que le estuviera pasando a su madre. Espero que no haya sido nada grave.
Saqué de la nevera algo para prepararme con tranquilidad. Debía de admitir que todo lo que había pasado me había hecho perder el apetito. Sin embargo, debía de comer para poder estar fuerte para las demás tempestades.
Antes de encender el fuego de la estufa, sentí el timbre de la casa. Por lo que me pregunté si a Luka se le había olvidado las llaves de la casa.
Caminé para ir hacia la puerta principal y sentí un escalofrió.
Cuando la abrí en pocos minutos, vi que era Patrick quien estaba ante mí. Por lo que solo le pude decir:
―Luka esta con su madre.
―Mejor ―vi en su cara algo que no me gustó, por lo que cerré rápido la puerta. Sin embargo, Patrick la empujó para que no la cerrase―. Así terminaré con todo esto de una buena vez ―terminó de decir.
Corrí hasta la habitación en la que dormía con Luka. El miedo comenzó a recorrer mi cuerpo cuando le escuché decir que acabaría con todo de una vez.
Entré en la habitación en breve y puse una silla en la puerta.
Fui a refugiarme de Patrick porque sentía miedo.
―¡Ayuda! ―dije.
Mariella estás tonta, pensé. No hay nadie en la casa, me dije a mi misma.
La puerta se abrió de pronto y comencé a temblar.
―Patrick, no hagas ninguna tontería.
―¡Tontería! Luka se ha perdido por una tía que ni siquiera ama. Nuestra libertad corre peligro si estás viva.
Le miré a la cara y vi que sus pupilas estaban dilatadas. Por lo que supe que se había drogado.
―Hasta aquí llegaste Mariella.
Cuando vi que Patrick sacó un cuchillo de su bolsillo, no me quedó más remedio que rezar. Sin embargo, ya no podía hacer nada por mi vida.
―¿Qué coño haces tío? ―la voz de Luka apareció de pronto en la habitación y me alivié.
Él cogió de pronto a Patrick y le quitó el cuchillo.
―Tío, esta mujer te ha hecho perder la cabeza. Y no la amas.
―Si te has metido una raya hablaremos de esto. Si no, te mataré con mis propias manos.
―Corremos peligro si sigue viva.
―Quien corre peligro en realidad con nosotros sueltos es ella.
Vi la cara de odio de Luka por unos instantes. Y mientras que la veía pude saber que iba a clavarle el cuchillo a Patrick.
―¡Luka! ―exclamé.
―¡Qué!
―Se que estas enfadado. Pero no vuelvas a hacer ninguna locura. Deja que este hombre se vaya.
―Pero volverá a intentar matarte. O lo que es peor, delatarnos con la muerte de tu familia.
―Patrick no hará nada de eso, ¡verdad! Porque si lo hace, negaré que tu estas metido en esto Luka y el único que irá a la cárcel será él.
―¡No serias capaz zorra! ―dijo Patrick.
―¿Y a quien iban a creer? A ti, que mataste a mis padres delante de mí y cuando hay pruebas de una cámara de seguridad o a mí, que soy la víctima.
―Hija de puta.
―Gracias por el piropo.
Hice una breve pausa.
―Patrick ―dije de nuevo―, vete a casa y que se te pase el mono. Busca a Luka cuando se te haya pasado los efectos.
―¿Que gano con esto? ―dijo el.
―Tú libertad.
Patrick se quedó pensativo y Luka le soltó. Donde después le hizo una señal a este para que se marchase.
Patrick se marchó sin pensarlo y me percaté que se había quedado pensativo con respecto a mi persona.
Luka se acercó a mí y me abrazó.
―¿Estás bien? ―me preguntó.
―Sí.
Luka dejó de abrazarme y me dijo mientras que se ponía frente a mí y me cogía las manos:
―No debí dejarte sola.
―Tranquilo. Nadie sabía que esto iba a pasar.
Hicimos una breve pausa.
―¿Como esta tu madre? ―le pregunté.
―Está bien. Cada día más débil. Pero me preocupa su estado de salud. El doctor ha dicho que si no encontramos un donante cuando haya pasado un año, los glóbulos rojos se llevarán su sangre y no podremos hacer nada para remediar su muerte.
―¿Qué tipo de sangre usa tu madre?
―A positivo. ¿Por qué?
―Porque yo también lo soy. Pero...
―¿Pero qué Mariella?
―Yo solo soy tu prisionera aquí. No puedo hacer mucho.
―Te equivocas. Tú no eres mi prisionera. Ya te lo dije hace unos días.
Hizo una breve pausa.
―Estoy de acuerdo que te he tratado como si lo fueras, pero he tenido miedo a que me delataras con la policía.
Pero no le di ninguna respuesta.
―He visto que tenías alimentos encima de la encimera ―me dijo para cambiar de conversación―. ¿Ibas a comer?
―Sí. Iba a prepararlo antes de que todo esto sucediera. Me había entretenido leyendo unos poemas y no miré la hora.
―Vale. En ese caso, vamos a preparar la cena, comeremos y veremos una película.
―Luka en realidad me gustaría comer algo y dormir. El susto sigue por mi cuerpo. Espero que no te importe.
―Vale.
Ambos nos movimos de la habitación y fuimos hasta la cocina.
En breve, nos pusimos a cocinar mientras que hablábamos de la enfermedad de su madre. Donde le dije que sería su donante. Luka me lo agradeció y me dijo que hablaría con el doctor que llevaba el caso de su madre para comentárselo.
Un poco más tarde, cenamos tranquilamente en la cocina y estuve escuchando mientras tanto una conversación con su hermano Arturo. Sin embargo, no le di mucha importancia. El pollo que habíamos hecho entre los dos estaba delicioso y quería seguir comiéndolo hasta terminarlo.
Cuando terminamos, recogimos los platos de la mesa de la cocina y pensé que mi cansancio no dejaría que esa noche llegásemos a más.
En pocos minutos me marché a la habitación y busqué en el armario un pijama de esos que Luka me compró.
Me puse uno de esos de color negro y en segundos, noté la puerta de esta abrirse.
―Joder, estas muy sexy nena.
Me giré y vi a Luka detrás de mí.
Él se acercó a mi quitándose la camisa que tenía puesta y no tardó nada en llevarme hasta la cama subiendo mis piernas a sus caderas. Donde noté su erección.
Esa noche no me folló. Pero sí que noté mientras que me poseía que me estaba haciendo el amor como cuando éramos una pareja feliz.
Fue ahí cuando me di cuenta que era simplemente suya. Suya, aunque solo era yo quien se entregaba en cuerpo y alma a este sentimiento.

Simplemente MíaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora