Me desperté antes de la hora y me percaté que aún no había amanecido.
Cuando miré el reloj de Luka aún era las siete de la mañana. Un poco temprano a pesar de que la cita con el ginecólogo la tenía a las doce de la mañana.
Me senté en la cama y no quise encender la luz de la lámpara para no despertar a Luka. Pues dormía plácidamente.
Al cabo de media hora comencé a notar como Luka pataleaba sin parar. Supuse que su demonio interior no le dejaba dormir. Por lo que no quise despertarle.
Él comenzó a jadear y a gemir. No sabía a lo que se debía, pero tampoco quería averiguarlo
―¡Mariella no! ―exclamó él.
¿Qué es lo que demonios estaba pasando?
Me giré hacia a él y vi que se estaba soñando.
―Luka ―dije―. Luka, despierta es una pesadilla.
Sin embargo, él no me escuchó. Continuando pataleando como si se estuviera peleando con alguien.
―¡No!
―Luka despierta por favor.
Él pegó un salto encima de la cama y comenzó a jadear.
―¡Estás bien! ―exclamé.
Él negó con la cabeza.
―Has soñado. Sólo ha sido una pesadilla.
―Tengo que dejar la droga. Eso me está creando alucinaciones.
Sin embargo, no le dije nada. Ya que sabía que era cierto.
―¿Cuándo te has despertado? ―preguntó.
―Hace un rato.
Hicimos una breve pausa y después me levanté de la cama.
―Voy a preparar los desayunos. Así vamos adelantando para ir a hacerme las pruebas.
―Vale. Yo voy a despejarme un poco.
Asentí.
Fui hasta el closet y ahí me vestí. Me puse algo cómodo para ir al ginecólogo y corroborar que estaba embarazada.
Después fui hasta la cocina y comencé a hacer los desayunos. Donde no pensé en nada hasta que llegara el momento.
Luka apareció al cabo de diez minutos y comenzó a mirarme sin parar. Sin embargo, no me dijo nada. Solo observó lo que hacía.
En veinte minutos desayunamos tranquilamente y me estuvo hablando del trasplante de su madre. Algo que veía como una esperanza. Sin embargo, la mía estaba dentro de mí y buscaría la forma de decirle que iba a ser padre a pesar de que se hubiera metido.
En breve, él se marchó mientras que yo recogía los platos. Ya que iba a vestirse para ir al hospital.
Tras varios minutos con su ausencia, volvió a aparecer mientras que cogía las llaves de su coche.
―Nos vamos ―me dijo.
Asentí.
Tras unos minutos caminando, nos montamos en el coche y nos marchamos hacia el hospital. Esperaba que todo fuese una falsa alarma del test de embarazo. Porque si era verdad, no sé qué es lo que haría llevando esto sola. Aunque sabía que sola no estaría en el momento en el que diera a luz. Pues tendría a mi familia si llevaba a tomar la misma decisión que Luka. Llevar mi vida por mi propio camino.
Cuando llegamos al hospital, Luka entró a ver a su madre y estuvo ayudándola con el desayuno. Yo en cambio me limité a observar cómo lo hacía. Si así era en esos momentos con ella, como seria con el bebé. Sin embargo, tenía un poco de miedo con su reacción.
El reloj dio las doce menos diez y fui hasta la consulta que ponía en la cita. Ahí esperé el tiempo que faltaba para entrar sola en la consulta.
El ginecólogo me hizo pasar quince minutos después y comencé a temblar.
Él me hizo pasar a una sala pequeña donde estaba el monitor para hacerme la ecografía.
El ginecólogo me hizo ponerme encima de la mesa y en breve, me subí la camisa.
El echó la vaselina y comenzó a hacerme el ultrasonido. Donde no se tardó nada en escuchar el latido del corazón del bebé.
Cuando el ginecólogo encontró el ovulo, me dijo:
―Ese es su bebé señorita Sanz.
Me quedé sin saber que decir.
―Podría decir que esta de dos o tres semanas de embarazo.
Hizo una breve pausa.
―Tranquila, hay muchas chicas jóvenes que se quedan sin saber que decir en su primer embarazo. Pero usted lo hará bien. No se preocupe.
―Debo de preocuparme. Su padre no lo sabe aún y dudo que se lo cuente, doctor.
―Debería de hacerlo cuanto antes. Ya que cuando se note no podrá remediarlo.
Asentí.
―Voy a recetarle unas vitaminas y darle ciertas instrucciones. Quiero que las siga al pie de la letra hasta la próxima cita.
―Vale.
El medico imprimió la foto de la ecografía y después me la entregó para que la reservara.
El ginecólogo me dio una servilleta de papel y comencé a limpiarme la vaselina mientras que él salía de esa pequeña sala.
Cuando salí yo de la sala pequeña al cabo de cinco minutos, el doctor me dio las recetas y salí de la consulta.
Cuando salí, Luka estaba ante la puerta esperándome.
―¿Está todo bien? ―me preguntó.
―Esta todo bien. Mañana le daré mi sangre a tu madre.
―¿Por qué estabas en ginecología? ―volvió a preguntarme.
―Me han estado haciendo unas pruebas para comprobar que todo está bien.
Guardé los papeles en mi bolso y Luka no tardó en decirme:
―¿Que son esos papeles?
―Son unas recomendaciones Luka. Cosas que tengo que seguir después de donar mi sangre.
―Espero que no me estés ocultando nada.
―No es así.
Después, caminé de nuevo hacia la habitación de su madre y este me siguió.
Hicimos una visita durante todo el día. Sus hermanos, Luka y yo fuimos a comer a mediodía al restaurante del hospital y Luka solo me observó.
Después de otras tres horas más junto a la madre de Luka, ambos decidimos de irnos a casa para descansar. Ya que el trasplante se haría a las doce y media de la mañana.
Cuando llegamos a la casa, me puse a hacer algo de comer mientras que Luka se daba una ducha. Y cuando este regresó a la cocina, fui a dármela yo. Tenía que pensar con claridad lo que mis ojos habían visto en la consulta de ginecología. Sin embargo, sabía que si abortaba le estaría dando el gusto a Luka. Por lo que no sabía qué hacer.
Volví a cabo de veinte minutos a la cocina y vi que Luka había estado buscando en mi bolso algo. Fue su cara pálida lo que me hizo saber que ya había visto la ecografía.
―¿Qué es esto Mariella?
Me enseñó la ecografía y no supe responder.
―No será cierto.
―Lo es ―le dije y después tragué saliva―. Estoy embarazada. Lo sé desde hace dos días.
―¿Por qué no me habías dicho nada?
―Te preguntas el por qué. Sabes de sobra que no quiero la misma vida que tu para mi hijo.
―Ya te dije una vez que abortaras y sigo pensando en ello. No quiero tener un hijo ahora.
―Pues lo siento. No pienso hacerte caso.
Luka se acercó cabreado a mí y después me cogió por el brazo, diciéndome:
―Lo harás o mataré al resto de tu familia.
―Ya te he dicho que no.
Solté mi brazo cabreada y después de eso, me aparté de él.
―Si has tenido huevos a hacerme tu prisionera, follarme y dejarme embarazada, ahora te harás cargo de las consecuencias. Lo tomas o lo dejas.
―Ya sabes cual es mi respuesta.
Sin embargo, no le hice caso. No iba a abortar porque no quería. Muy a mi pesar sabía que ese bebé me uniría más a él.
Me marché enfadada a la habitación y decidí no comer. Ya me había cansado de las pataletas de Luka.
Cuando entré ahí en pocos segundos, me tumbé en la cama y decidí acabar con todo el sufrimiento que Luka me había provocado. Tenía que buscar la forma de decirle a Hunter que estaba secuestrada. Algo que me ayudaría a salir de ese infierno.
Cerré mis ojos cuando Luka entró al cabo de veinte minutos y este se acercó a mí.
Sin embargo, sus caricias en mi mejilla me hicieron moverme. Ya que no quería que me tocara.
Después de eso noté que Luka se había entrado en la cama y después me abrazó. Sin embargo, quería volver a pensar que todo estaba bien entre nosotros y que Luka aceptaría al bebé. Algo que sabía muy bien que no sucedería. Pues el jamás iba a cambiar.
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Simplemente Mía
Historical FictionLa vida a veces no se trata de disfrutarla. Se trata de vivirla. Mariella Sanz pensó que lo tenia todo con su libertad tras dejar su última relación. Sin embargo, Luka Wood no se había marchado del todo de su vida. Sin embargo, será las malas deci...
