En mitad de la madrugada noté algo. Sin embargo, no me había dado cuenta que me había quedado dormida hasta que mis padres desaparecieron y Luka apareció en mis sueños poseyéndome como un animal.
Me desperté y el sol comenzó a salir poco a poco. Como también a dar en la ventana.
Luka ya estaba despierto cuando yo levanté mi cabeza de la almohada y comencé a pensar exhausta. Tanto que no sabía cómo había ido a parar a la cama.
―¿Como he llegado hasta aquí? ―le pregunté.
―Te traje en brazos hasta la cama ―me respondió―. Al poco tiempo de haber puesto tu cabeza en mis rodillas me di cuenta que ya no me respondías y vi que te dormiste. Por eso te traje aquí a la cama.
―Lo cierto es que estaba un poco cansada de ver esa serie y mis ojos comenzaron a pesarme un poco. Lo siento Luka.
Él me miró y me volvió a responder:
―Si tenías sueño, porque no me lo dijiste y nos hubiéramos metido en la cama.
―No sabía si eso te enfurecería.
―Pues no lo hizo. Siempre piensas mal de todo.
Hizo una pequeña pausa.
Luka respiró profundamente y llevó su mano a su miembro. El cual comenzó a tocarse. No me di cuenta de mucho, pero tenía una pequeña erección.
―Debería de ir a darme una ducha ―le dije―. En el día de ayer no me la di porque nos metimos a ver esa serie y huelo un poco a sudor.
―¡Maldita sea! ―escuché por lo bajo.
Después se hizo el silencio y noté un poco de tensión en él.
Luka me miró y solo noté un escalofrió. Por lo que no me pude escapar de él por la mierda de esa esposa que tenía puesta.
―Desnúdate nena ―me dijo―. Esta mierda de erección no baja y tendré que hacerlo de otra forma.
―No lo intentes Luka. Odio cuando haces eso.
―A mí me da igual.
Él se puso de pie enseguida en la cama y no me dio tiempo a reaccionar. Ya que me tumbó enseguida encima de esta y aprisionó mis manos arriba de la almohada para que no le impidiese hacerme suya a la fuerza.
―No ―dije mientras que forcejeaba contra de él.
Luka cogió de su bolsillo como pudo las llaves de las esposas y se quitó la que tenía puesta. Poniéndomela a mi junto a los barrotes de la cama para que no intentase de hacerle nada.
Forcejeé. No quería nada de lo que iba a volver a hacer.
―Suéltame ―le dije.
Luka me quitó la almohada y de ahí cogió el almohadón. El cual él dobló varias veces y después me tapó la boca con ella.
Comencé a balbucear y a patalear para que me dejase tranquila. Sin embargo, lo único que logré que Luka me girase y me pusiese a cuatro patas.
Sentí su mano sobre mi clítoris. Moviéndola muy despacio para excitarme. Pero no lo estaba logrando. Fue en pocos segundos, cuando metió dos de sus dos dedos en mi vagina y comenzó a sacarlos y meterlos como si fuera una muñeca de usar y tirar.
Mis gemidos ahogados por la mordaza, me hicieron sentir que esa sería mi vida a su lado. Un infierno del cual no tendría escapatoria alguna.
―Lo tengo ―dijo.
Ahí, quedó por unos momentos los dedos dentro y comenzó a estimular mi punto G. Algo que hizo muchas veces cuando estábamos juntos y me hizo correrme hasta el punto de llegar a temblar.
Balbuceé e intenté de quitármelo de encima moviéndome para un lado, pero me fue imposible.
―Ya sabes que primero quiero un orgasmo tuyo ―me dijo―. Y no meteré mi polla hasta conseguirlo.
Noté sus dedos más profundos. Tanto que notaba como mi vagina se contraía y no pude hacer nada para evitar sus roces y aquel orgasmo que él quería. Había encontrado ese punto que tanto me costaba controlar cuando me tocaba y cuando Luka me lo encontró la primera vez hace casi un año, supo controlar esa parte muy mía que sabía que era difícil de controlar.
―Ya voy notando que te vas ―me dijo saboreando la victoria―. Córrete y no haré de este orgasmo uno que te duela.
Luka movió sus dedos rápidamente en donde tenía ubicado mi punto débil y tras unos segundos, los sacó y yo conseguí un buen orgasmo.
Caí rendida temblando encima de la cama. El placer y el miedo, había hecho disparar a mi adrenalina más que antes.
Enseguida, Luka levantó mi cuerpo de esta y en breve, metió su polla en mi interior. Haciéndome sentir un poco de dolor en la entrada de la vagina.
Él comenzó a penetrarme lentamente y parando en mi interior para que notara su miembro.
Miré hacia arriba mientras que penetraba despacio y vi mis muñecas muy enrojecidas por las esposas.
Luka aumentó sus embestidas y comencé a gemir. Tenía esa misma sensación que cuando me hizo suya en más de una ocasión antes de que las cosas se torciesen por culpa de Harriet.
Sin embargo, esa sensación se desvaneció cuando Luka me dio una palmada en el trasero que me quedó sin aliento.
Balbuceé sin parar y él no cesó de penetrarme rápidamente. Tanto, que su mano llegó hasta mi pelo y recogiéndolo, estiró de él como si estuviera montando a un caballo difícil de domar. Estirando muy fuerte de mi pelo sin parar para poder llegar al orgasmo. Tal y como hacia cuando manteníamos relaciones sexuales cuando éramos novios. Sin embargo, eso fue otros tiempos en los que yo le amaba y no le había comenzado a odiar como ahora.
Noté un poco el clímax de nuevo en mí. Pero también noté esa tensión en Luka. Ya que su pene palpitaba con cada embestida. Estaba a punto de correrse y yo también cuando noté esa tensión que tenía cuando me encontró mi punto más débil.
Él embistió aún más rápido y en segundos, noté algo en mi interior. Su semen estaba dentro de mi como la pólvora dentro del cañón del soldado en guerra.
Luka cayó en breve desvanecido encima de mí y rendí mi cuerpo de nuevo encima de la cama. Dónde le escuché jadear y respirar entrecortadamente.
Hundí mi cara encima de la cama y lo único en lo que pensé era en morir de alguna forma. Sin embargo, los rostros de mis padres y hermanos aparecieron ante esa oscuridad. Era como si me estuvieran diciendo que no me rindiese para hacerles justicia.
―Tus orgasmos son fuentes ceremoniales para mi Mariella ―me dijo en el oído y comenzó a quitarme la mordaza de la boca―. Espero que la próxima vez seas tú quien tome la iniciativa de excitarme.
―Que te jodan Luka ―dije aún ahogada en la cama.
―No más que a ti querida ―me respondió―. Soltaré tu muñeca y nos iremos a dar una ducha juntos. Ahí tienes tu petición de hace un rato.
―Yo no quiero nada. Por mi me puedo quedar sucia durante mucho tiempo.
―Y tú sabes que yo no consentiré eso.
Giré mi cara para verle y él observó mis lágrimas sobre mis mejillas.
―Voy a hacer que tus días a mi lado no sean un infierno, si no, lo contrario. Pero si no quieres que sean un infierno, tendrás que hacer lo que te pida.
―No pienso hacer nada.
Sentí otra palmada en mi trasero y me hizo levantar la cabeza.
―No seas tonta Mariella. Ahora el resto de familia que te queda están en mis manos. Recuerda que no tendrán buen final si no haces lo que yo te diga.
Tenía que acabar con aquella pesadilla de una vez para que dejara de manipularme. Lo odiaba y ahora lo único que deseaba era estar libre de sus manos.
―No pienso rendirme Luka.
―Lo harás.
―¿Quieres que me convierta en algo que nunca he sido?
―En lo único que quiero que te conviertas es en una mujer obediente para mí. Te dije hace unas semanas que las cosas iban a cambiar y así será. Pero no pienso hacerlo yo, hasta que no te vea a ti hacerlo.
―Yo no tengo nada que cambiar.
―Te equivocas. Si que tienes que cambiar en una cosa. Y te recuerdo que las niñatas me ponen la polla dura. Así que, para mí sería mejor que lo siguieras siendo. Mis orgasmos a tu lado van a ser mucho mejor si te comportas como una niña caprichosa.
―Te odio.
―Ya me lo has dicho muchas veces. Así que, voy a poner una de las esposas en mi muñeca y nos iremos a duchar.
Luka se levantó de encima de mí saliendo de mi vagina y cogió las llaves de las esposas de encima de la cama.
Él me quitó una de las esposas y sentí que se la volvió a poner.
―Vamos. Quiero darme una ducha para no oler a sexo.
Luka me levantó a la fuerza y caminé mientras que estiraba de mí.
Cuando llegamos al cuarto de baño, él cogió las tijeras y me rasgó el picardías.
Después Luka se quitó el resto de la ropa con el mismo proceso que el mío y en breve, nos metimos juntos en la ducha y el agua comenzó a recorrernos.
Al salir al cabo de diez minutos, fuimos a ponernos algo cómodo. Sin embargo, Luka estaba dispuesto a hacer todo lo posible para que no me escapase de su lado.
En pocos minutos, fuimos a hacer los desayunos. Dónde me senté y no quise saber nada más de lo que estaba por llegar. Solo me picaba las nalgas del trasero por las dos palmadas que me dio mientras me poseía.
―Mariella ―dijo de pronto.
―¡Qué! ―exclamé suavemente.
―La próxima vez te daré más duro y fuerte contra el trasero.
―Espera sentado entonces.
―Eso ya lo veremos.
Puse mis ojos en blanco y miré hacia abajo. Quería ignorar todo lo que él quería hacerme. Humillarme más de lo que ya estaba haciendo.
De reojo, miré a Luka. Que estaba con su teléfono móvil en mano. Pero tampoco le di importancia.
Él continúo haciendo los desayunos y yo me quedé en silencio. Era lo mejor que podía hacer en esos momentos.
En minutos comenzamos a desayunar y mientras que lo hacíamos, Luka continuó con su teléfono móvil en la mano. Eso me dio muy mala espina.
Tras recoger los platos, Luka me sacó un poco al jardín para que me diese el aire. Se lo agradecía tras lo que pasó aquella mañana con él.
Solo me dediqué a escuchar el canto de los pájaros para no escuchar al hombre que me retenía.
A mediodía, él preparó algo delicioso para comer. Algo que jamás había probado en mi vida y que ahora sí que lo había hecho.
Cuando el sol terminó de caer aquella tarde, Luka y yo volvimos a sentarnos frente al televisor para verlo. Algo puso en Netflix que no me di cuenta de lo que era hasta que vi que era una de mis películas favoritas. No volví a ver La Vida es Bella desde hacía un mes antes de conocerlo.
―Quería verla ―me dijo―. Todavía no he logrado encontrar el significado de esta película y quiero intentarlo de nuevo.
―Entonces es porque no te centras en lo que ocurre en ella ―le respondí.
Hice una breve pausa.
―¿Cuantas veces has visto la película? ―le pregunté.
―Unas cuantas. Pero cuando lo hacía, la veía tan colocado de cocaína que no me llegaba a centrar.
―Ya. ¿Y por qué ahora quieres volver a verla si jamás entenderás el significado de esta hermosa película?
―Porque ahora no estoy tan colocado como antes.
―Me apuesto a algo que no la vas a entender.
―¿Y qué harás si me ganas?
―Te retendré con lo que más te gusta. El sexo.
―No serias capaz.
―Aun no me conoces ―le dije.
―Vale. Pero en el caso de que la entienda y te la explique, yo ganaría con el tema del sexo y volvería a darme un orgasmo esta noche.
Sin embargo, no le respondí. Ya que no quería entrar en su juego.
La película comenzó y nos quedamos en silencio.
Cuando la película acabó al cabo de una hora, Luka puso sus manos en su nuca y yo le miré diciéndole:
―Me vas a contar de que trata la película o qué significado tiene.
―Trata en tiempos de la guerra nací. Su significado es el amor a la familia. Pero sobre todo hacia la mujer que amas. Que no se deja de luchar por ella.
Me quedé en shock. Entonces entendí que él me había vuelto a ganar.
―Querida, ahora quiero lo que me pertenece. Ese culito y ese coñito ―me dijo.
Luka se abalanzó encima de mí y como era habitual, no pude hacer nada.
A duras penas, intenté que él no me tocase. Sin embargo, fue un poco imposible con la maldita esposa puesta.
Le di una patada en sus partes bajas y él comenzó a quejarse.
―Ya sabes lo que opino de ello.
―¡Hija de puta! Me las vas a pagar.
Sus amenazas me daban igual. Lo único que quería es que no me tocase.
―Luka sabes que no me gusta nada de esto.
Él dejó de quejarse y me respondió:
―Y a mí tampoco me gusta que me maltrates en mi miembro. Creo que voy a tener que enseñarte lo que duele cuando te dan una patada entre tu entrepierna.
―Quítame la esposa. Quiero irme al cuarto ―le cambié de conversación.
―¡Que quieres irte al cuarto! ―exclamó cabreado―. Bien. Yo te llevaré al cuarto.
Él se levantó enseguida y me llevó arrastrando a la habitación.
Ahí en breve, Luka me tumbó encima de la cama y quitándose su esposa, la puso en la baranda de la cama.
―Así podrás darte la vuelta cuando quieras.
Sin embargo, no le pedí disculpas por lo que había pasado en el salón.
En cambio, vi como volvía a coger su teléfono móvil y guardaba las llaves de las esposas en su bolsillo.
Él llegó de nuevo ante la puerta y antes de que la cerrase, solo escuché.
―Patrick...
¡No por Dios! No quería que le pasara nada a mis tíos.
Me levanté de la cama y me senté. Ya que sabía que no podía hacer nada para salir de aquella habitación. Lo único que se me ocurrió, fue esperar a que Luka apareciese en la habitación y pedirle por favor que no hiciera nada en contra de la familia que me quedaba.
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Simplemente Mía
Historical FictionLa vida a veces no se trata de disfrutarla. Se trata de vivirla. Mariella Sanz pensó que lo tenia todo con su libertad tras dejar su última relación. Sin embargo, Luka Wood no se había marchado del todo de su vida. Sin embargo, será las malas deci...
