—Había una vez un cortesano...
Su nombre era Damocles y, así como Osamu, adulaba constantemente a un Rey tirano.
Ese Rey al que adulaba y al que obedecía siempre con la firme esperanza de que, en algún momento, pudiera subir intrínsecamente dentro de la corte y conseguir más poder, era su padre.
Damocles, según el extraño cuento que Yeeun les contó a él y a su hermano hace muchos años, era un constante adulador del Rey y, al mismo tiempo, envidiaba su vida rodeada de lujos.
—Al Rey enterarse de eso, le ofreció a Damocles intercambiar de roles. Por un día le permitió ser Rey.
A lo que Damocles, aceptó.
A lo que Atsumu, aceptó.
Pero a diferencia de Damocles, a diferencia de Osamu, él no deseaba sentarse en su trono revestido de oro.
A diferencia de Osamu, quien sí deseaba cada cosa que él tenía, aún si por dentro era extremadamente infeliz y estuviese sumamente atormentado, consecuencia del círculo vicioso de inseguridades que provocaron todas las comparaciones que la gente le hacía con su hermano, Atsumu deseaba vivir en la ignorancia y no bajo el filo de esa espada.
La espada que pendía sobre su cabeza, atada únicamente a un fino hilo.
Pero Osamu deseaba.
Deseaba, deseaba, deseaba desde niño tanto que un día sus deseos fueran escuchados. Que lo tomaran en cuenta a él y no a Atsumu para sentarse en ese trono de oro y se le otorgara el mismo poder que su padre tenía.
El día en el que Atsumu murió, sin embargo, Osamu mintió acerca de sentirse feliz por eso. ¿Por qué mintió? ¿Por qué se mintió?
Ese agasajo por el que esperaba sentirse feliz terminó cuando miró hacia arriba y vio su propia y afilada espada pendiendo sobre su cabeza. Tal como la espada que el Rey colocó encima de Damocles. Tal como la espada que Harada colocó encima de Atsumu.
Entonces...¿Por qué? ¿Por qué si sabe qué tipo de Rey tirano es su padre, en lugar de abandonarlo e irse de su lado, de cambiar su opinión sobre los privilegios del Rey, sigue ahí?
En el pasado deseaba tanto que se le tomara en cuenta que cuando el universo lo escuchó en forma de la presunta muerte de su ser más amado, en lugar de sentir felicidad por el final de esa amenaza, solo sintió una soga atada al cuello.
Ese miedo que lo ha dominado desde niño se ha extendido. Esa obsesión con el poder que desde pequeño también ha tenido es como un tormento que todas las noches susurra al oído.
—¿Por qué el Rey hizo eso, Omma?
Osamu recuerda.
Era un niño en ese entonces.
Un niño que no conocía la maldad, ni la envidia. Un niño que antes de juzgar, pedía una explicación, porque eso fue lo que mamá le enseñó.
Un niño sin padecer ningún trastorno ni crisis, sin sentir que la violencia en él se convertía, cada vez más, en una parte intrínseca del hombre en el que se convertiría en el futuro.
El hombre que es hoy.
—¿Estás decepcionada, Omma? —dice ahora, jugando en la penumbra con su arma.
Osamu retira el seguro y encañona su frente, su mejilla, su boca, con el dedo firme sobre el gatillo como si no temiera a que se le escapara un disparo.
O quizá no lo piensa mucho.
No piensa en lo que sucederá si presiona el gatillo y en el bonito y rojizo retrato que Shinsuke encontrará en la pared cuando vuelva y lo vea a él con los sesos de fuera. Juega con ella, la sujeta, la gira y luego vuelve a apuntar esta vez a la puerta a través del fantasma de Yeeun para que se disperse y deje de atormentarlo con sus cuentos y fábulas.
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Eat me 【Haikyuu-SakuAtsu】
FanfictionAtsumu trabaja para La Faire, un triste y decadente bar de mala muerte administrado por el líder de la Familia Gu, una organización clandestina con gran poder económico y político a la que no pertenece pero al mismo tiempo agradece pues al menos le...