El salón se llena de un silencio sospechoso, miradas cómplices que delatan diversión y bromas obscenas a las espaldas del docente, quien continua escribiendo en el pizarrón. Freddie no es idiota, sabe perfectamente lo que está ocurriendo y que todas esas burlas van dirigidas a él.
Detesta que la clase sea ruidosa todo el tiempo y que enmudezca en cuanto él aparece. Detesta oír los murmullos y las risas, detesta que critiquen su vestimenta, sus uñas pintadas, su maquillaje, su forma de hablar. Es agotador, aunque le reconforta saber que son adultos con mentalidad de niños, inmaduros por naturaleza y en plena etapa hormonal donde creen estar por encima de cualquiera.
Quizás uno de los chistes más molestos es escuchar al mismo grupo de alumnos aprovechándose del silencio para hablar entre ellos en un tono alto, haciendo gestos delicados y usando una voz afeminada. El resto de la clase se ríe sin tener el valor para seguirles el juego pero aceptándolo de todos modos. Es así como funciona, el típico grupo de amigos populares empieza una broma y todos los demás se distraen y los alaban como si los representaran.
—Profesor... —llama Jimmy, uno de los muchachos, aguantando la risa y volviendo a retomar su voz normal—. ¿Qué hará cuando salga de la escuela?
—No es algo que te importe —responde Freddie con frialdad—. Cállate y escribe.
—¿Estará con su novia? —continúa e inmediatamente se corrige— ¿O con su novio?
El resto responde riéndose en voz baja. Freddie aprieta los dientes, llena sus pulmones de aire, cuenta hasta tres pero no funciona. La situación se repite todos los Martes, y a pesar de ser muy paciente con los jóvenes, conoce sus derechos y sabe que no es ninguna minoría para dejar que lo pisoteen como si nada. Tiene más carácter que el mismo director, y si quisiera, dejaría a varios alumnos con un ojo morado. Es su forma de hacerse respetar y de enseñarle una lección a esos malcriados.
—No lo molesten, chicos. Está enojado —dice para calmar las carcajadas de la clase y posteriormente le susurra a su compañero de banco—. Es que no le dieron anoche.
Todos lo oyen y naturalmente, se ríen. Jimmy no comprende la gravedad de sus palabras hasta que el profesor pierda la paciencia y se gira totalmente enfurecido para arrojarle la tiza con la que estaba escribiendo. Jimmy se asusta y su corazón se detiene por un segundo, no obstante consigue bajar la cabeza a tiempo.
—¿Cómo demonios te educan en tu casa, niño? —le grita, temblando por la rabia—. ¿Es que tus padres no te enseñaron a respetar a los demás? ¡No eres gracioso, eres un insolente!
Jimmy queda pálido sin saber que responder, al igual que todos sus compañeros, quienes prestan total atención a la escena, riendo internamente por la reacción del docente.
—Mi vida privada no les interesa a ninguno de ustedes. Lo menos que pueden hacer es quedarse callados, respetarme y prestar atención si es que quieren hacer algo con sus vidas. Pero si tienen algún problema conmigo, ¡Lárguense! ¡Aquí vienen a estudiar, no a burlarse de los demás!—la clase asiente con la cabeza, dándole la razón a Mercury. Pero Jimmy no se mueve ni un centímetro, cosa que desespera a Freddie—. ¡Te estoy hablando a ti, Jimmy!
Él tiene un sobresalto y sale de su trance, aunque todavía no sabe que contestar. Se ha metido en un problema, y en lugar de humillar al profesor, terminó humillándose a si mismo.
—Compórtate, se supone que eres un adulto, pero como demuestras lo contrario, llamaré a tus padres. —sentencia, cruzándose de brazos, esperando la típica oposición de Jimmy.
—¡No! ¡Me portaré bien! —ruega en vano.
Freddie lo mira con desconfianza, se acerca a él para sujetarlo del brazo con fuerza y guiarlo fuera del salón. Se alejan y las carcajadas de los estudiantes empiezan a parecer distantes.
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midnight dance; brian may & roger taylor
FanfictionRoger se transforma en la bailarina más candente de la ciudad, la más talentosa, la más deseada. Desde pequeño le atrajeron las bailarinas, sus vestidos, maquillaje y pelo largo. No las deseaba a ellas, deseaba ser como ellas. Brian tiene una vida o...