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Se sienta frente al tocador con la espalda erguida, peina su cabello con cuidado y aplica una ligera capa de maquillaje sobre su cara, no demasiado, no quiere que lo confundan con una mujer, ni que lo reconozcan como aquella bailarina de blues que todos admiraban. Todos, hasta que ocurrió lo que ya sabemos y de repente nadie la recuerda ni quiere hacerlo.  Roger mira su reflejo recordando aquellos tiempos. Sonríe débilmente, respira hondo para detener las lagrimas que se avecinan e impedir que las mismas arruinen el maquillaje. 

El ruido insistente del teléfono lo saca de sus pensamientos con un sobresalto. Desvía la mirada hacia el aparato, dudando entre ignorar y contestar. Muerde su labio inferior buscando controlarse, pero es en vano, porque termina perdiendo ante la curiosidad, aunque Brian le dijo muy claramente que no lo haga, porque podría ser Dominique. 

No habla hasta que escucha la voz del otro lado. 

—¿Roger? ¿Hola? —es su hermana Clare, y suena preocupada. 

—Hola Clare —habla él, suspirando con alivio por oír su voz—. Sí soy yo. 

Roger se sentía culpable por cortar el contacto con su familia tan bruscamente, sin llamarlos para al menos decirle que se encontraba bien. Había llamado a Clare para contarle lo ocurrido, no tenía el valor necesario para contarles a sus padres con lujo de detalles donde estaba y por qué Dominique se había enojado de ese modo. Confía en su hermana, sabe que no lo juzgará por su orientación sexual, en cambio sus padres sí, aunque sigue lamentándose por no ser sincero con ellos, puesto que están muy preocupados por el paradero de su hijo. Absolutamente nadie sabe que los hermanos Taylor siguen comunicándose, ni siquiera Brian. 

—Gracias a Dios —dice ella—. ¿Estás bien? ¿Todo en orden? 

—Estoy bien —asegura—. Puedes estar tranquila, no me pasará nada aquí. 

—Dominique está peor que antes. Lleva un mes entero buscándolos, pegó papeles con tu cara por todo el pueblo... —empieza a sollozar, Roger traga espeso y deja caer sus hombros, con la mirada en el piso—. ¡Están reuniendo dinero para encontrar a Lola y llevarte a la cárcel!  

—¿Ella les habló sobre mi trabajo? 

—Aún no, solamente dice que no quieres devolverle a Lola. Intentó decirle la verdad a papá y a mamá, yo la interrumpo siempre pero no podré hacerlo por mucho más tiempo, y tarde o temprano lo sabrá todo el pueblo —hace una pausa cuando su voz comienza a quebrarse y posteriormente rompe en llanto—. No quiero que te lleven a la cárcel, te harán daño, es imposible que vivas escondido toda tu vida. ¿Qué haremos ahora? Ya ha pasado un mes, esto es insostenible, Rog. 

—No lo sé, yo... siento que estoy atrapado, estoy perdido —aprieta la tela de sus pantalones con fuerza y se contiene para no llorar—. Debería entregarme de una vez por todas. 

—Tienes que decírselo a Brian, necesitamos su ayuda. 

—¡No! —se apresura a decir—. Él ha hecho suficiente, podría perderlo todo por mi culpa, no merece gastar energía arreglando los errores que yo cometí. 

—¡Vamos, no seas tan obstinado! ¡Entiende que no podemos hacerlo solos, hay que hacer algo antes de que Dominique le diga la verdad a todo el pueblo! —el rubio escucha golpes en la puerta y tiene un sobresalto en consecuencia. 

—Tengo que irme, te llamo luego. —dice por lo bajo, recomponiéndose de la angustia y tratando de ocultarla lo mejor posible. 

—¡Espera! No he terminado de... —Roger cuelga sin siquiera escucharla. 

—¡Adelante! —exclama, simulando estar ocupado con su maquillaje. 

La puerta se abre, Taylor ve a Brian a través del espejo, quien le sonríe cálidamente. Se aproxima hacia el rubio y se inclina para darle un beso en la mejilla, provocándole un rubor leve. 

midnight dance; brian may & roger taylorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora