Capítulo 10.1

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Salimos de la cabaña los primeros rayos se asoman en el horizonte, estoy tan emocionada de ver lo que esas chicas hicieron para nuestro último desayuno aquí que hasta puedo ver a un Llane ansioso y nervioso. Al llegar al restaurante que aún tiene las puertas cerradas Sofía me ve y sonríe.

- Adelante señora Castaño.-Dice alegremente.-Esta todo listo.

-Gracias.-Le digo y caminamos hacia dentro. Sofía nos guía hasta lo más alejado del ajetreo de la cocina, abre una puerta que da directamente a la playa, las olas del mar y la calma del lugar son todo lo que me interesa, cuando llegamos a nuestra mesa me quedo sin palabras.

Nuestra mesa es impresionante, está acompañada únicamente con un par de telas que se encuentran atadas con un hilo desde una palma hasta el techo del restaurante, son las encargadas de cubrirnos del sol, tiene un centro elaborado de flores naturales en el centro de ellas un hermoso clavel rojo florece alegremente diferenciándose de las rosas blancas, el mantel color beige que adorna nuestra mesa es elaborado de seda, dos sillas perfectamente sincronizadas están enfrente de nosotros pero lo que me deja sin palabras son todos los adornos ni lo precioso que pueda parecer esto si no la vista, es espectacular, el sol puede apreciarse en todo su esplendor, las aves cantan alegremente encima de nosotros y el viento es calmado, todo es perfecto, es mucho más de lo que esperaba, volteó a ver a Llane que está sin palabras como yo.

- ¿Qué les parece?.-Nos pregunta Sofía.

- Es perfecta .-Decimos Llane y yo al unísono, Sofía sonríe.

- En un momento más les servirán su desayuno.-Nos dice y se retira.

- ¿Cómo hiciste esto?- Me dice sorprendido y emocionado.

- Me levanté temprano y vine a hablar con Sofía para platicarle mi idea del desayuno ella me dijo que, si podía ayudarme, se portó muy amable cuando estuve aquí. -Le respondo observando los detalles de la mesa.-Pasamos un momento revisando toda clase de detalles pero nunca pensé que sería todo tan perfecto.-le digo.

- Gracias Alana.-Dice conteniendo las lágrimas.-Nunca antes habían hecho algo así por mi.-Dice.- Estoy muy conmovido por esto.

- No tienes nada que agradecerme amor, sólo quería devolverte un poco de lo mucho que tú me has dado, además tú has hecho cosas más grandes por mí, esto no es mucho.-Le respondo.

- No, yo sólo quiero verte feliz.-Me dice.

- Yo también es lo único que deseo.- Le digo sonriendo.

Un par de meseros llegan a nuestro lugar dejándonos unas bandejas llenas de comida, huevos, chilaquiles verdes con pollo, pan recién horneado, fruta recién picada, café y jugó son algunas de las cosas que nos acompañaban en nuestra mesa, es impresionante la cantidad de comida que hay sobre ella.

- ¡Qué la disfruten!.-Nos dicen y se retiran.

- Gracias. -Repetimos Llane y yo al unísono.

No puedo negar que es una velada bastante agradable, Llane y yo nos reímos de toda clase de chistes platicamos lo grandiosa que fue nuestra noche anterior, lo felices que fuimos al bailar una canción tan importante para Llane, verlo cantar y contemplar el gran hombre que es, son algunos de los temas que nos mantienen ocupados dentro de nuestro desayuno, además también tenemos la oportunidad de hablar un poco sobre lo que nos gustaría hacer regresando a Medellín ambos concluimos en que no queremos salir del departamento, queremos tener una noche más para nosotros solos y decidimos hacer una noche de películas con toda clase de guzgueras y papitas fritas que podamos tener.

- Es demasiada grasa. -Le digo.

- Y eso que importa mi amor tienes un cuerpo increíble. -me dice coquetamente.

Una Última VezDonde viven las historias. Descúbrelo ahora