Capítulo 11. La fiesta nocturna

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Pvo. Hermione Granger

Los días pasaban, Gaia nos había contado toda su cita de arriba abajo. No quedaba duda alguna de que a William Tyler le gustaba. Eso de lanzarle piropos cada dos por tres, enseñarla a bailar... ¡OH Merlín! ¿Puede haber alguien tan majo en este colegio? Sol y Chad hacían muy buenas migas, eso no se podía negar.

Se llevaban de maravilla, y se les veía mucho juntos. Brown y Parvati ya habían inventado el rumor de que estaban juntos, pero yo sabía que eso no era así. Solo eran amigos. En cuanto a mi... yo estaba recordando uno de los innumerables días de octubre en los que me choqué con Malfoy, pero ese día... no sé si alegrarme o maldecir por que haya ocurrido.

# Flash Back #

Dumbeldore nos había llamado por la tarde, justo cuando me encontraba en plena sesión de relax en los jardines con mis amigas, para decidir si queríamos excusiones o no. Ese día, Malfoy había ido tan endemoniadamente sexy que me daban ganas de mandarle un Cruccio. No se había puesto gomina, tenía el pelo liso cayéndole por los ojos, la camiseta negra remangada hasta un poco pro encima de los codos, mostrando unos brazos bien fuertes y ejercitados. Tres botones de al camisa desabrochados para rematar dejando ver su perfecto y remarcado pecho blanco. Si, ¿Qué caso tenía negarlo? ¡M e estaba volviendo loca! ¡Me estaba empezando a atraer Draco Malfoy!; además, la evidencia no se podía negar, de que estaba bueno, estaba bueno. Decidimos rápidamente que si y al acabar, Malfoy se quedó sentado en la silla, Theo ya había salido, Dumbeldore también, éste último había dejado la puerta entre abierta. Pero cuando yo iba a salir, una brisa al cerró. E

-Maldita sea...-dije por lo bajo mientras intentaba abrir. 

Peor sin éxito... ¡La **** puerta no se abría! Aver si va a ser que yo no tengo fuerza.

-Granger-me llamó el rubio-, ¿Quieres dejar de gruñir? Necesito silencio para pensar.

-¡lo haría y te dejaría solo con tus estúpidos pensamientos si la jodida puerta se abriese!-le espeté. 

Él se levantó de la silla, se acercó a donde estaba matándome con ese olor suyo tan varonil y atrayente. Puso su mano en la manilla e intentó abrir la puerta; pero no podía. Intentó varias veces gruñendo por el esfuerzo pero qué va, no lo conseguía. Pensé en algo.

-Apártate, Malfoy-le dije mientras sacaba mi varita del bolsillo de mi falda.

-¿Qué harás?

-Intentar salir de aquí, no es que tu presencia sea muy grata para la mía.-se encogió de hombros. Yo apunté a la cerradura-Alohomora-dije, la manilla se movió pero volvió a quedar como estaba, intenté abrirla con la mano, peor no hubo resultados-¡Alohomora!-grité esta vez, pero nada. Hice muchos más intentos con el mismo hechizo, mas no hubo resultados. Me eché hacia atrás-, Cúbrete, Malfoy.

-¿Para qué? ¿Qué piensas hacer?

-Volar esta maldita puerta-dije enfadada.

-¡Estás loca!

-¡Gracias!-le contesté volviéndome hacia él, luego me volvía dar la vuelta-, ¡Bombarda!-la condenada dio una pequeña sacudida pero se quedó igual... ¡Por los calzones de Merlín! ¡Esto no podía estar pasándome!

-Granger, ¿no ver que no va a dar resultado?-me dijo pesimista Malfoy-, seguro que el viejo le ha hecho un hechizo a la puerta.

-¡Cállate!-le grité histérica, me di al vuelta, apunté a la puerta con la varita y chillé-, ¡Bombarda Máxima!

Esta vez se sacudió más, me salió una sonrisa triunfante, pero... ¡Se quedó igual! 

-Te lo dije-se recochineo Malfoy en mi espada.

SoberbiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora