Capítulo 14

159K 8K 756
                                        

Rafaella.

El tiempo está pasando demasiado lento para mí, no me he sentido bien durante estos días y quiero despejar mi cabeza.

Quiero dejar de pensar en que he perdido a Thiago para siempre, porque no lo soportaría. Ahora no lo estoy soportando y él no ha vuelto a aparecer.

Le dije a mi padre que no le firme la carta de renuncia y que lo retrase mientras pueda, hasta que logre encontrarlo.

Quiero salir a tomarme un trago, no quiero estar sola en mi casa, pensando tantas cosas. Convencida de que saldré empiezo a vestirme, me decido por una camiseta blanca y una falda corta color verde agua que se amolda a mis caderas, unos tacones negros Saint Laurent y un bolso del mismo color. Me coloco unos cuantos accesorios de diamantes y me realizo un maquillaje ligero.

Ingreso al estacionamiento de mi piso y me detengo a observar todos mis autos.

Mi colección es bastante grande, alrededor de treinta y cinco hechos exclusivamente para mí, la mayoría de mis carros, por no decir casi todos, son Bugattis, aunque conservo algunos de marcas diferentes, regalos hechos de papá, mamá, el abuelo Max y Thiago.

Me decido por mi Bugatti Pur Sport negro, bajo por el ascensor con mi auto y salgo del subterráneo con dirección al club más exclusivo de la ciudad.

Hoy necesito mucho alcohol inyectado a mi vena.

Tengo ingreso libre ya que soy conocida por venir frecuentemente con mis amigos.

Suelo venir con seguridad hasta los dientes, pero justo en este momento vengo sola, por ende estoy por mi lado.

Me acerco a la barra de tragos y le pido al chico una botella del mejor whisky que tenga. Coloca la botella frente a mí y la abre para servirme un vaso lleno.

No llevo el control cuando tomo por tristeza así que solo me enfoco en la música que está sonando por todo el lugar y en el delicioso whisky que baja por mi garganta.

Mi mirada se pierde en la botella y me percato de que le queda menos de la mitad. Creo que si en este momento me pongo en pie caeré al piso, pero no pienso parar. Por un segundo todo ha dejado de doler.

Me tomo un vaso más, antes de levantarme de la silla. «Quiero ir al baño».

-Ahora vuelvo-le informo al chico de la barra.

Camino entre la multitud, chocando con personas que seguro tienen mucho dinero, pero nadie se compara conmigo. Ni en dinero, ni en poder.

Entro al baño siendo observada por todas las chicas que están frente a los lavabos.

Me acercó a uno que está libre e intento recomponerme. Me lavo las manos y las paso por mi cabello y cuello.

Vuelvo a salir del baño en direcciona la barra, pero de pronto siento que chocó contra un pecho duro. Levanto mi cara para mirar al imbécil que se ha cruzado en mi camino y me llevo una grata sorpresa.

Sus preciosos ojos negros me observan detenidamente.

Logro percibir que también está ebrio.

-Tu...-susurro.

Máximo.

Estoy sentado con Renzo y mi seguridad está cuidando el privado en el que me encuentro. Me doy cuenta que Renzo ya está muy ebrio porque ha empezado a reírse por todo.

Recuesto mi cabeza en el respaldar del sillón y enfoco mi atención en las luces de colores que están en lo más alto del techo.

He bebido bastante pero aún estoy consciente de todo. Suelo tener mucho aguante, pero eso no quita que haya ingerido seis botellas de whisky.

IMPERIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora