Capítulo 25

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Máximo.

Fui a visitar a mis abuelos a su casa en Roma. Pase todo el día con ellos antes de que regresen a Rusia.

Ayude a mi abuela a regar sus girasoles y jugué ajedrez con el abuelo, mientras ella nos miraba.

No pueden ocultar la felicidad que sienten al verme.

Soy su nieto favorito.

El único con el que suelen convivir.

Mi abuela presume que somos el mejor grupo de tres, por lo que siempre soy bienvenido en su hogar.

Se sienten orgullosos del hombre que han formado y ambos adulan que nací para gobernar.

Me despido y abandono su mansión que está a las afuera de la ciudad. Quiero llegar justo a tiempo para llegar al penthouse de Malen'kiy y llevarla a cenar.

Voy entrando a su piso y todo está apagado, solo hay una luz que proviene de una lámpara prendida en la esquina del salón principal y al lado hay un sillón que esta de espaldas a mí.

Camino en dirección a la luz y veo como su melena larga recae en el respaldar.

Su vista está enfocada en la ciudad, sus brazos se aferran a un cojín y esta tan sumida en sus pensamientos que ni siquiera se ha percatado de mi presencia.

-¿Malen'kiy?-la llamo por el apodo que le puse en mi cabeza desde que la conocí.

Voltea a mirarme algo consternada y con el dorso de su mano se limpia las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.

Está llorando.

Estoy sorprendido porque nunca la he visto llorar.

Regresa a mirarme y se pone de pie de inmediato.

-¿Qué haces aquí?-dice a la defensiva.

-¿Por qué estas llorando?-no me ando con pendejadas al momento de preguntar.

-¿Puedes irte, por favor?-no es una petición. Es una orden.

-Responde lo que te estoy preguntando, maldita sea-me acerco a tomarla por el rostro para que se centre.

-¡Lárgate de mi casa!-me empuja y la sujeto del brazo para que no se largue porque esa es su intención cuando intenta pasar por mi lado.

-¿Qué pasa, preciosa?-

Con la Riccardi hay que caminar con pies de plomo, si yo no cambio de actitud ella no lo hará y empezaremos una guerra interminable.

Las lágrimas se vuelven a acumular en sus ojos y por un momento me deja ver su debilidad, pero las cosas cambian en cuestión de segundos.

-No me pasa nada.-Se suelta bruscamente de mi agarre-.Lárgate que quiero estar sola.-Camina en dirección a las escaleras.

Sé que lo está pasando mal.

-¿Acaso no confías en mí?-le grito y detiene el paso.

Veo frialdad en sus ojos cuando se gira a mirarme y me arrepiento de haber preguntado porque sé que no me gustara la respuesta.

-¿Crees que en algún momento lo hice?-ladea el rostro y la comisura de sus labios se extiende en una sonrisa mortal-.Tú y tu familia me han intentado matar varias veces. ¿Crees que puedo confiar en ti? No. No lo hago y nunca lo hare.-la miro con detenimiento sin perder la postura y le sonrió de la misma manera. Sin mostrarle nada.

Si no me quiere decir las cosas, no le voy a rogar. Mucho menos la voy a buscar.

Le doy la espalda y camino hasta el ascensor.

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