Capítulo 23

143K 7.2K 293
                                        

Franco.

Llevo horas sentado en mi auto afuera del edificio donde vive mi hermana, pensé que saldría a trabajar temprano pero al parecer se está tomando su tiempo.

Me pareció extraño que Máximo Kuznetsov saliera a primeras horas de la mañana como pedro por su casa.

«¿Qué mierda hace nuestro enemigo en un edificio de mi familia?»

«¿Qué hacia mi hermana saliendo del edificio de los Kuznetsov hace unos días?»

Algo no cuadra.

Ninguno de los dos debería estar frecuentando el lugar del otro.

Pero eso no es lo importante, ni es lo que me ha traído hoy aquí.

Quiero acercarme a ella, pero aún estoy tomando valor.

Me acojona ver miedo en sus ojos.

Dejo mi auto al frente del edificio y cruzo la calle, dirigiéndome hasta la recepción.

-Buenos días, señor, ¿qué se le ofrece?-me saluda amable el hombre de recepción.

-Soy Franco Riccardi. Vengo a ver a mi hermana-hablo con arrogancia-.¿Cuál es su piso?

-Primero tengo que comunicarme con la señorita Riccardi para avisarle que usted está aquí.

Lo miro mordaz.

-¿Usted valora su trabajo?-esa oración trae consigo una amenaza y creo que lo entiende.

-Si. Claro que sí, señor.

-¿Qué piso es el de mi hermana?-vuelvo a preguntar.

-Piso 9. Si no tiene la clave tiene que subir por las escaleras.

Empezó a caminar sin volver a mirar al hombre y voy al noveno pisos por la escalera.

Toco la puerta marrón que se encuentra frente a mí, esperando a que mi hermana habrá.

Después de un par de minutos la puerta se abre y ella retrocede ante el asombro de verme ahí. Esta vestida, parece que ya iba de salida.

-¿Quién te dejo subir?-dice en un susurro que casi no llego a oír.

-Amenace al hombre de recepción-le explico con cautela para que no se sienta amenazada.

-¿Vienes a terminar lo que ellos no pudieron?-me pregunta con la rabia bailando en su voz.

Niego.

-¿Cómo carajos piensas que yo te haría eso, mia stella?

Me duele que siga pensando que fue mi puta moneda de cambio porque no fue así.

-¡Deja de llamarme así! Ya no soy eso. Tú me apagaste.-Trago duro por lo que dice. Cada palabra es un puñal en mi pecho-.Y sí. Creo que eres capaz de todo, cobarde de mierda.-Me fulmina con los ojos.

Intento acercarme a ella y corre sobre sus tacones hacia la cocina.

Toma dos cuchillos. Uno en cada mano y se pone en posición de ataque.

Ha perdido la cabeza.

-Deja eso, Rafaella. Te vas a hacer daño.

No me preocupa que me haga daño a mí. Me preocupa que se haga daño ella misma.

-Se agarrar muy bien los cuchillos, imbécil. Lo aprendí gracias a la práctica-dice con burla. Mi cuerpo se pone rígido porque se lo que me quiere dar a entender-.Si te acercas no lo voy a dudar. No voy a dejar que me jodas de nuevo, querido hijo de puta.

Cierro los ojos cuando se mofa en todo lo que puede representar un lazo para nosotros.

-¡No te hice daño y no lo haría jamás! ¡Deja de pensar que yo lo hice!

-¿Por qué no te largas a Ámsterdam? Jamás debiste regresar.-sus manos aprietan con más fuerza los mangos de los cuchillos.

-Yo no sabía que ellos se iban a cobrar mis deudas contigo. Te juro que no lo sabía-estoy diciendo la puta verdad.

-¡Lo que más rabia me da es que si podías pagar tus malditas deudas! Pero no se te dio la gana. ¿Qué querías? ¿Un poco de adrenalina para tu vida?-su voz es dura, se nota que ya no es una niña-.La adrenalina me la dieron a mí, imbécil. Esa por la que estuve a punto de morir tantas veces-habla como si no le doliera pero sé que en el fondo aun le duele.

Sus ojos jamás podrás huir de mí. Talvez otros no puedan ver a través de sus paredes pero yo aprendí a hacerlo desde el día en que nació.

-Perdóname, hermana. Por favor.-suplico.

-¡No me llames así! Tú y yo no somos nada. Yo elegí a mis hermanos.-Solo por un momento odio a mis amigos.

-Si alguien me está esperando afuera, es mejor que les digas que les voy a cortar el cuello si me tocan.-Me apunta con el cuchillo de la mano derecha-.Incluso a ti te degollaría la garganta sin dudarlo.

-No me equivocaría otra vez, Rafaella. Nadie te va a lastimar.

Solo en ese momento se relaja y deja los cuchillos a un lado.

La creo muy capaz de cortarme, no sé si el cuello, pero definitivamente me haría daño.

-Que alegría...-chilla burlona pero sin gracia-.¿debería estar agradecida?

-No estoy diciendo eso.

-Lárgate de mí cada. Tengo que salir.-Me señala la puerta y va en busca de su bolso.

Me da la espalda para marcharse a su estacionamiento de autos que al parecer está unido a su piso.

-Volví porque me siento vacío. No puedo seguir. No puedo ser feliz.-detiene su caminar y sus hombros se tensan.

-Que lastima, porque te queda mucho tiempo aun.

-No me voy a ir jamás.-dejo claro y ella retoma su andar-.¡Así me tenga que arrodillar voy a hacer que me perdones!

-No te perdonare jamás.-asegura y se mete a su estacionamiento.

Seguro se demorara eligiendo el auto que se llevara hoy.

Salgo apresurado por la puerta porque si ya me acerque no voy a retroceder.

Hoy me va a escuchar sí o sí.

Salgo al exterior y me meto en mi auto listo para seguirla. Según lo que tengo entendido hoy visitara su fundación.

Sale del subterráneo en un Bugatti y acelero mi auto para seguirla detrás.

Nunca me amenazaría de muerte delante de unos niños y unas monjas puritanas y yo voy a aprovechar cualquier oportunidad que tenga.









Hola, Tormentas!!

Rafaella y Franco son mejores hermanos, definitivamente. Nunca se olvidaron.

Espero que les guste el cap.

Besos🖤

-Elyn.

-Elyn

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
IMPERIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora