Capítulo 15

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Rafaella.

Me despierto asustada y adolorida en mi parte interior.

-Mierda...-susurro, sujetándome la cabeza. Siento que me va a reventar.

Observo a mí alrededor y me quedo atónita ya que me encuentro en una habitación oscura que reconozco muy bien...

Me pongo alerta cuando siento que un brazo me tiene sujetada por el abdomen.

Alzó la sabana quedándome paralizada cuando veo mi cuerpo y el de otra persona completamente desnudos.

Levanto mi rostro con rapidez para corroborar de quien se trata y cuando veo su rostro me quiero morir.

«No puede ser».

Esto debe ser una puta broma.

Me mira extrañado por la expresión que debe estar reflejando mi rostro.

-¿Qué paso? ¿Qué me hiciste?-carraspeo alarmada, levantándome con rapidez.

Levanta la mitad de su cuerpo hasta quedar sentado sobre la cama.

-¿Qué dijiste?-me mira sin comprender.

-¡¿Que paso?!

Tensa la mandíbula poniéndose serio. Su mirada es mortal.

-No te he forzado, si es lo que estás pensando-gruñe-.Lo que paso lo hicimos los dos.

-No recuerdo...-digo para mí misma.

Empieza a caminar por la habitación buscando su ropa.

Nunca lo había visto completamente desnudo. Tiene hombros anchos y todo el lado derecho de su cuerpo está lleno de tatuajes. Luce bien.

Su abdomen es marcado y su miembro. ¡Dios santo! es enorme, esta duro, grueso y venoso.

-¿Eso estuvo dentro de mí?-menciono sin querer-.Por eso me duele tanto.

Lo miro preocupada. «Nos acostamos».

-Toma-me dice, extendiendo su brazo para darme mi ropa-.Puedes irte. No hay nada que tengas que esforzarte en recordar-añade mirándome mal.

Esto es una pesadilla y más si se trata de él.

Es mi enemigo...

Me visto mientras se gira a mirar por el ventanal de su habitación, sus hombros están cuadrados. Está enojado. Muy enojado.

Entre mis piernas siento un dolor profundo que me hace quejarme en silencio.

Cuando ya estoy vestida, me encamino a la puerta volteando a mirarlo por última vez, pero el sigue en la misma posición.

-Las llaves de tu carro están en la cocina-dice sin mirarme.

Salgo de su casa consternada por lo que paso.

Conduzco hasta mi casa, me apresuro a mi habitación, me quito la ropa y me meto a la ducha sin pensarlo dos veces.

Lavo mi cuerpo y reviso que no esté nada mal.

Las ganas de llorar me invaden y los recuerdos vienen a mi mente...

Su cara entre mis piernas.

Él encima de mí con todo su miembro dentro.

Yo, montándolo como desquiciada tratando de obtener más de él.

«Que carajos hice».

No debí salir a beber ayer.

Me tomo mi tiempo y cuando ya es tarde me seco el cabello con mucha delicadeza, porque me duele todo el cuerpo.

Me coloco mi pijama y me meto en la cama tratando de conciliar el sueño.

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