Rafaella.
Cuatro meses después del atentado.
No ha despertado. Su situación no mejora, no hay avances y sigue atado a esas máquinas que le ayudan a respirar.
A diario escucho cada latido de su corazón porque la maquina así lo marca.
Estoy a su lado cada instante que puedo pero es un poco difícil. Ahora he quedado a cargo de todo, su poder es el mío y por ende he tenido que darle la cara a la mafia rusa.
Mi abdomen está muy abultado, hoy cumplo seis meses de embarazo y todo marcha de forma correcta, pero... él no lo puede ver. Sus preciosos ojos negros se han cerrado y se niegan a abrirse.
El dolor que siento en el pecho cuando lo miro es inexplicable.
El embarazo que pintaba ser un periodo hermoso en nuestra vida se ha convertido en uno de los más tristes, pero trato de estar bien, por mis hijos y porque no es bueno trasmitirles tanta tristeza.
Hasta el momento no he querido saber el sexo de los bebes porque quiero que él esté presente en ese momento, pero he podido leer que se forman de un ovulo y un espermatozoide distinto, por ende pueden ser hombres, pueden ser mujeres o un hombre y una mujer.
Bajo la vista y acaricio mi vientre con delicadeza.
-Vamos a visitar a papá-le hablo con dulzura a mis hijos.
Los siento revolotear dentro de mi abdomen, se mueven alborotados siempre que les hablo de su padre, al parecer les causa mucha emoción escuchar sobre él.
Lo que me causa un poco de preocupación es que no patean, el doctor dice que ya debería sentir sus pataditas pero no existen, simplemente no lo hacen. Eso me asusta un poco pero me reconforta saber que crecen dentro de mi dos bebes fuertes y saludables.
Entro a la habitación donde está el pelinegro, me acerco a la camilla medica donde esta acostado y no puedo evitar que mis lágrimas se derramen por mis mejillas. Siempre que vengo lloro.
Al inicio me prohibieron la entrada porque tuve una amenaza de aborto bastante grave, hasta que rogué y suplique que me dejaran pasar. Le tuve que prometer muchas cosas a mi familia, también a su abuelo, a su padre, a su hermano, a Renzo y a Gregori.
-Hola mi amor-susurro cerca de su rostro y acaricio su cabello con delicadeza-.Hemos venido a visitarte.
Enredo mis manos en su cabello pegando mí frente a la suya.
-Abre los ojos, mi amor, por favor-suplico.
Mis lágrimas mojan su rostro como de costumbre.
-Nuestros bebes hoy cumplen seis meses-le informo-.Estoy grabando todo para que puedas verlos cuando despiertes.
Me aparto tapando mi boca, el llanto me toma por completo, mi pecho sube y baja y no lo puedo contener.
Mi casa esta tan sola, no hay nadie, solo la enfermera y yo. No quiero que nadie perturbe su paz, no quiero que nadie lo vea así porque a él no le gustaría, siempre le ha gustado que lo vean fuerte e invencible.
Me quedo sentada a su lado mirándolo con devoción pero me levanto porque me duele la espalda y me pongo a ordenar la habitación.
-Hoy fui a trabajar, tenemos muchos planes en marcha-le hablo de mi día-.Estoy fabricando muchas armas y espero poder mostrártelas. Recibo muchas visitas allá, mi padre ha ido hoy, no vienen acá porque se los he prohibidos, ya sabes, son muy ruidosos y no quiero que te molesten con su ruido.
Doblo las sábanas blancas que hay a un lado y las guardo en un cajón del closet.
Vuelvo a tomar asiento enfurecida porque los pies me duelen mucho últimamente y las hormonas me tienen mal, cambio de humor a cada instante.
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IMPERIO
Teen Fiction«PRIMER LIBRO DE LA BILOGÍA TORMENTA Y OSCURIDAD» Ellos han estado en guerra desde que nacieron. El poder los ha acompañado desde que decidieron gobernar. La tormenta y la oscuridad no se han visto las caras. Una cadena imposible de romper. Un im...
