Capítulo 31

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Máximo.

-Preciosa, debes descansar-le susurro en el oído a la mujer que esta recostada en mi cuerpo.

-No quiero-me dice con pesar-.Quiero que mi mamá despierte.-Sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas.

Su padre no deja de observarme y le muestro el dedo del medio burlándome de él.

Realiza la misma acción, fulminándome con la mirada.

-Bastardo-me dice moviendo los labios.

-Infeliz-le digo de la misma forma.

Desvió mi mirada hacia el imbécil que entra al piso de la clínica. Es el que tuvo la osadía de besar a mi mujer.

Va directo a hablar con el Riccardi.

Después de un rato se acerca a nuestro lugar.

-¿Qué mierda quieres?-le digo con el cuerpo relajado, apoyado en la silla y con mi mujer al lado.

Rafaella levanta la cabeza buscando a la persona con la que hablo.

-Contigo no vengo a hablar. No formas parte de esta familia-asegura y se enfoca en mi esposa.

-Te equivocas-bramo con burla levantando la mano de Rafaella, mostrándole su anillo-.Es mi esposa.

-Me importa poco-me dice con rabia.

-Voy a matarte-afirmo.

-¿Qué quieres?-mi mujer nos interrumpe.

-Tienes que dar una entrevista-le indica.-La prensa está esperando.

-No quiero entrevistas.

-Voy a estar a tu lado si lo necesitas.

-No-lo corto-.No necesitamos basura a nuestro lado.

Endurece su rostro pero a mí me vale mierda, solo estoy esperando que me toque para asesinarlo aquí mismo. Si toca lo que es mío le arranco la cabeza.

-Saldré en una hora. Dile a Verónica que venga-le ordena Rafaella-.Que me traiga ropa adecuada y maquillaje.

Se gira sacando su teléfono mientras se sienta enfrente, casi al lado de Franco Riccardi.

El Costa se fue hace un momento, llevándose a su madre luego de que visito a los Riccardi en la clínica.

Gregori, mi hombre de confianza, está sentado al final del pasillo.

Después de media hora llega una mujer delgada de cabello castaño ondulado y ojos marrones.

-Señor Kuznetsov-me saluda y luego se enfoca en la pelinegra-.Raff, traje todo lo que pediste.

Mi mujer se pone de pie tomando el maletín y antes de irse de inclina a dejar un beso sobre mis labios. La tomo de la nuca y le como la boca, devorándola. 

Se separa de mí.

-¿El de la suerte?-le pregunto y ella sonríe, asintiendo y mordiéndose el labio.

-Nos vemos luego, mi amor.

Se gira, encaminándose a la habitación que le han asignado y la chica duda en ir detrás de ella.

-¡¿Quieres que te ayude?!-le pregunta en voz alta y mi mujer regresa a mirarla sobre su hombro.

-Sí, acompáñame-alienta a la castaña a seguirla.

Cuando desaparecen de mi vista volteo a mirar a mi suegro.

-¡Suegro!-regresa a mirarme, en realidad, todos me miran-.Iré a mi casa, ¿quieres que te traiga algún regalo?-le pregunto.

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