Capítulo 22

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Máximo.

Ayer llegaron mis abuelos a Roma para visitarme porque según ellos ya me les había perdido demasiado tiempo.

Debido a eso organizo una cena con toda la familia. Todos estamos presentes pero Mia no. Aun no llega.

Ella nunca está ausente en este tipo de reuniones familiares porque necesita ser el escudo de su madre.

La hija de puta de Ariadna está pegada al teléfono intentando contactarse con ella y el desgraciado de mi padre ha mandado hombres del Cirius a la constructora en Rusia para que la busquen pero ella no está allá.

He dado la orden de que la localicen por medio del rastreador que tiene en el brazo, pero ha sido apagado.

Todo el mundo está alterado. Incluso Pierre la está buscando por las calles de Roma, pero aún no hay noticias.

No es que me preocupe que este desaparecida, pero si alguien se atreve a lastimar a los míos o los daña mientras yo estoy a cargo, se arrepentirá. Mi nombre no se va manchar al dejar caer que hay un hueco de seguridad en la protección de mi "familia".

Suelo sacrificar a los peones pero estos hijos de puta están bajo mi cuidado.

Y creo que he llegado a la conclusión de que una maldita tormenta tiene lo que estoy buscando.

-¿No te han informado nada?-pregunta Fabio.

-No.

-Da la orden de que los mejores hombres del Cirius vengan a Roma y la busquen hasta debajo de las piedras.

-Sería una pérdida de tiempo. Seguro esta con una amiga y se olvidó de venir.

-Ella nunca apagaría su ubicación.-se mete Ariadna y la ignoro.

Me acerco a donde mis abuelos que están juntos en la sala de su mansión tomando whisky.

Tienen una propiedad aquí solo porque en un momento me encapriche en venir aquí seguido y los señores Kuznetsov no pueden mantenerse alejados de mí. Soy su favorito.

Me pongo en cuclillas frente a mi abuela para darle un beso en la mejilla a modo de despido y luego le doy un abrazo a mi abuelo, despidiéndome porque me tengo que marchar.

Al salir al jardín le hago una señal a Gregori para que me siga y yo me subo a mi Bugatti Súper Sport y voy directamente a la casa de la pelinegra que hoy ha decidido joderme.

Entro por el subterráneo y subo hasta su piso.

Las luces están apagadas y todo está en absoluto silencio.

La busco por cada espacio de su penthouse y cuando no la encuentro en el primer nivel, subo al segundo piso a buscarla.

Abro la puerta de su habitación y la encuentra acostada entre sus impecables sábanas blancas.

-¡Arriba!-le grito a la mujer que duerme plácidamente como un ángel. Un ángel de la muerte-.¡Arriba!-vuelvo a gritar arrebatándole la cobija con la que se cubre.

Abre los ojos y se sienta sobre su cama, necesitando unos minutos para recomponerse.

-¿¡Que carajos te pasa!?-me grita furiosa.

-¡Levántate!-le ordeno y viene a regañadientes de rodillas hasta el borde inferior de la cama y baja colocando sus pies descalzos en el piso.

-¿Qué quieres?-está enojada porque arruine su sueño, mientras que en casa de mis abuelos no han cerrado los ojos en lo que va de la noche.

-¿Dónde está Mia?

-¿Qué?-pregunta fingiendo no entender.

-No te hagas la tonta, Riccardi.

IMPERIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora