🎥CAPÍTULO DIEZ

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—Volver a ser yo—

Christopher Morgan

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Christopher Morgan

Nyx era mi vida y hago cualquier cosa por ella

Desde la plática Nyx había empezado a tomar «terapia» de cierta forma, su terapia era follar y pocas veces iba al psicólogo para hablar.

Había vuelto a la central, para todos fue una sorpresa cuando al día siguiente de hablar, ella bajó de la mano conmigo.

Antes de hacerlo había tomado una ducha, ponerse maquillaje y vestirse decentemente desechando las pijamas de osos que llevaba.

Zeus la seguía de cerca como vigilando que si subía corriendo, el perro la seguiría.

Tiago había traído a su perro y la cara de Nyx se iluminó sutilmente cuando el animal se le acercó a lamerle la mano.

Ella es fan de los animales.

Artemisa estaba en la cocina ayudando a Alexa a cocinar algo para Nyx, pero cuando la hermana entró a la cocina la teniente fue la primera en irse contra mi esposa, Artemisa la miró con una sonrisa mientras le dejaba un beso en la coronilla.

—Tranquila, te vamos a proteger — fueron las palabras de Alexa mientras se aferraba a la mano de su amiga.

A la mañana siguiente, Nyx estaba mejor, su cara estaba volviendo a tomar color mientras que el rostro enflaquecido iba desapareciendo lentamente, un día antes me había llevado a comprarle miles de cremas para eliminar "su horrible rostro".

—¿Quieres que te compre la maldita tienda? — pregunte cuando no se decidía por una.

Se volteó rápidamente para mirarme y negar con la cabeza, cosa que me pareció gracioso.

Ella solo tenía que pedirlo y yo se lo daría.

—No amor, no te atrevas — me amenaza — Manejar una compañía de comida rápida es muy cansado, ahora imagínate una boutique.

—Nena, tú no la manejas.

—Igual es mucha presión. — se defiende volviendo a mirar las cremas.

Dos semanas desde la maldita misión, la pelinegra antes de volver a la central se había hecho un cambio de look y la noche anterior me había prometido que iba a volver la Nyx de siempre.

Hoy Nyx no tenía entrenamiento, así que no me sorprendió verla entrar en su McLaren, llevaba un vestido blanco con unas botas del mismo color pegadas, el pelo negro con ondas desde la raíz y el labial rojo que decoraba su rostro me hacía ver a la mujer fuerte.

No había ningún rastro de la general hundida bajo las colchas que lloraba todos los días y no comía.

La mira de todos se pegó como imán a ella y cuando me vio, sonrió para empezar a caminar en mi dirección.

𝐀𝐌𝐎𝐑 𝐃𝐄 𝐂𝐈𝐍𝐄 (𝐂𝐡𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨𝐩𝐡𝐞𝐫 𝐌𝐨𝐫𝐠𝐚𝐧)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora