Todas conocemos a Christopher Morgan, el hombre sexy, celoso, tóxico, líder y posesivo.
Lo que no conocemos es a su esposa Nyx, ella puede mostrar la otra cara de Christopher. Un amor algo sano, donde los dos son iguales pero se aman.
La palabra ama...
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Nyx Velour
El camino fue rápido, la velocidad con la que iba era digna de una película de acción.
No me dirigió ni una palabra y yo tampoco busqué la conversación, seguía con el vestido negro con abertura y Christopher aprovechaba en tomar mi muslo, cada que lo hacía recibía un golpe por mi parte.
Estacionó el carro en un edificio muy elegante, esperé a que me abra la puerta.
Las viejas costumbres no deberían olvidarse.
Me abstuve de tomar su mano por respeto a la nueva novia, me intentó tomar del brazo pero se lo saqué, me quiso dar un beso acercándose tomando mi mentón.
— ¿Me extrañaste lobito? — susurré provocativa mientras me hago a un lado.
— Déjame besar a mi mujer. — habló tomándome nuevamente.
Su respuesta hizo que me suelte de su agarre y empezar a caminar hacia los adentros del edificio.
Siguió mis pasos, el portero me saludó y yo le correspondí.
— Vamos. — se hizo presente Morgan.
Su mano se posó en mi cintura incentivándome a avanzar y decido complacerlo un poco, me guía hasta el ascensor y antes que las puertas se cierren le mando un beso al chico de antes.
Siento el agarre de Christopher aferrarse más a mi cintura y blanqueo los ojos.
— ¿Puedes respetar a tu novia? — habló exasperada.
Me mira burlón y yo entro al departamento cuando esté se abre, Zeus se viene contra mí emocionado y con la lengua fuera.
— Hola cariño, mami está aquí. — le hablo mientras me dedico a darle caricias.
— Nyx. — me llama.
— Estoy en un tiempo de calidad con mi perro.
— Es mi perro.
Me volteo a mirarlo al igual que Zeus y este lanza un ladrido mientras se dedica a volver a captar mi atención.
Pasan unos minutos cuando veo que Christopher desaparece de mi lado y me separo de Zeus para ir a buscarlo.
Entro a una habitación que parece una oficina, encuentro a Christopher de espaldas con un vaso en la mano.
— No sabía que te habías vuelto alcohólico. — digo mirando todas las botellas de la oficina.
— ¿Por qué volviste? — pregunta.
Me siento en el escritorio aun viendo su espalda.
Por ti.
— Por mí. — aseguro.
Voltea a mirarme y la vida parece darme una cachetada cuando me centro en sus ojos.