Todas conocemos a Christopher Morgan, el hombre sexy, celoso, tóxico, líder y posesivo.
Lo que no conocemos es a su esposa Nyx, ella puede mostrar la otra cara de Christopher. Un amor algo sano, donde los dos son iguales pero se aman.
La palabra ama...
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Nyx Velour
Estaba echada en la cama de mi mansión de Londres, Zeus estaba echados en mis pies mientras que yo dejaba suaves caricias en mi panza con nueve meses de embarazo.
Era gigante, parecía un melón claro que mi esposo siempre decía que era un melón lindo provocando que lo mande a dormir al sillón.
— Miren pequeños, cuando salgan no me hagan doler demasiado, aunque entre nosotros cuatro no me importaría aguantar todo el dolor del mundo con tal que salgan bien.
Los niños se movieron dentro de mí haciéndome sonreír, ciertamente solo se movían ante el toque de Alex, Amaris y su papi.
Sentí como uní se movió causándome un dolor casi mortal, luego empecé a sentir como un líquido mojaban mis piernas.
¿Me moje? Pero si no está Chris.
Los ladridos de Zeus se hicieron presentes y grite el nombre de Alex que se encontraba en casa.
— ¿Qué pasa? — entró rápidamente Alex acompañado con Chris.
— Se me rompió la fuente — dije como pude al sentir una contracción.
Alex casi se desmaya pero el grito de Nyx hizo que reaccione, Christopher la tomó en sus brazos alzándola de la cama y gritándole a su padre para que encienda el auto.
Alex conducía a toda prisa mientras hablaba con el hospital para que esperen en la puerta.
— Mi nieto va a nacer — dijo emocionado.
Si aún no habíamos dicho que eran tres bebés por lo que pensaban que era uno y era hombre según la genética de los Morgan.
El hospital estaba frente a nosotros mientras que yo estaba media moribunda por el dolor.
Me introdujeron al quirófano mientras veía a mi doctora ingresar.
— ¿Lista? — preguntó mientras se quitaba la bata y los guantes.
Asentí sintiendo el sudor en mi frente, Christopher ingresó colocándose a mi lado hablándome.
— Mira cariño, los vamos a tener dentro de poco en nuestros brazos — susurró.
— Si, nuestros pequeños.
Le di una sonrisa a él mientras que una contracción arrasó contra mí.
— Bueno vamos a tener a esos bebés — dijo Aurora.
Si, había traído a mi doctora de Alaska solo para los temas de mis bebés.