21 | Exhausting

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#AceiteDeBroncear

Eso lo estaba agotando.

Odiaba estar emocionalmente cansado. Odiaba permitirse involucrarse de esta manera, pero no podía evitarlo.

No podía porque Jimin lo había sujetado fuertemente con las piernas, y ahora se sorprendió a sí mismo necesitándolo. Necesitándolo en todos los sentidos. Las pequeñas manos en su cara, la suave sonrisa con los ojos cerrándose. Quería algo más que su cuerpo. Lo quería por completo, de todas las maneras en que podía quererlo, dentro y fuera de ese motel.

Cuando se fue, Jimin cruzó los brazos sobre la mesa e inclinó la cabeza, deseando sólo la oscuridad; esconderse ahí y no volver a salir.

Maldita sea la hora en que aceptó venir a este viaje. No quería haber arruinado lo que había entre ellos, porque era lo mejor que tenía.

Ni pintar ni exponer le satisfacía tanto como tocar ese cuerpo y sentir esas caricias.

Todo lo que había fuera de esa habitación era confuso.

Una vez que Jungkook entró en esa realidad de Jimin, se volvió algo confuso también.

Y por eso estaba solo, porque nada le daba seguridad ahí. No podía confiar, ni encariñarse, porque Jimin era indeciso y no tomaba las decisiones correctas. Todos se cansaban y lo culpaban de sus errores en algún momento.

No quería a Jeon en esa realidad.

Jungkook acabó volviendo a la proa, recostándose y observando el horizonte. Encendió un cigarrillo más.

El olor a marihuana impregnaba el aire y agradeció que estuvieran en alta mar. Se alegró de que sus primos estuvieran demasiado drogados para buscarlo.

Necesitaba estar solo.

Para volver a la casa, Jimin eligió ir en el coche de los primos, ignorando la leve borrachera de Haejoon, quien conducía. Prefería estar involucrado en un accidente que estar cerca de Jungkook después de esa situación en la cocina.

Llegó a casa sano y salvo, a pesar de que Haejoon casi se sale de la carretera en dos o tres ocasiones. Y durante el resto de la noche, solo salió de su habitación para coger agua y una manzana, lo que fue su cena.

No tenía ganas de hacer nada. Pasaba horas intentando distraerse con investigaciones en el ordenador, y cada vez que se olvidaba de Jungkook, recordaba que lo había olvidado, y entonces todo volvía a su mente, sus acciones se volvían estáticas hasta que la pantalla del ordenador casi se apagara.

No podía ni imaginar el tamaño de la decisión que Jeon quería que tomara. Porque Jimin no lo sabía. No tenía ni idea.

Él quería a Jungkook todo el tiempo; Dios sabía lo mucho que ese chico anhelaba los encuentros quincenales. Su cuerpo berreaba, deseaba y exigía. Pero tener a Jungkook todo el tiempo significaba lidiar con mucho más que el placer. Sabía bien que nada en su vida era pleno.

Eso le llenó la cabeza durante un buen rato.

Para cuando su mente le dio algo de paz, permitiéndole conciliar el sueño, eran más de las cuatro de la mañana.

Jungkook, por otro lado, por más que lo intentara, no podía quitarse de la cabeza la imagen de Jimin ni siquiera por un instante.

Lo escuchó cuando llegó a casa, unas horas después que él, y contuvo el impulso de buscarlo. Durante la noche, pensó varias veces en llamar a su puerta y decirle que todo estaba bien y que solo podrían verse cada quince días.

Wheeler-DealerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora