Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
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El castillo estaba en silencio, excepto por el eco lejano de pasos dispersos y algún que otro retrato murmurando entre sueños. Mattheo caminaba con las manos en los bolsillos, su andar relajado, pero con los sentidos encendidos. Dobló una esquina y se encontró con su hermano, apoyado contra la pared de piedra, como si lo hubiera estado esperando.
-Te tardaste.- murmuró Tom sin mirarlo.
-No todos tenemos tu sentido de la puntualidad.- Mattheo se detuvo frente a él y esbozó una sonrisa torcida.- ¿La viste?- Tom asintió lentamente, su mirada fija en el vacío, aunque su mente seguía en otro lugar... o mejor dicho, en otra persona.
-Camille Potter.- murmura Tom como si el nombre fuera una conclusión más que una observación.
-No es lo que esperabas, ¿cierto?- inquiere Mattheo, Tom giró apenas la cabeza, su rostro en sombra por la luz tenue del pasillo.
-Esperaba a una Potter como todos los demás. Luminosa. Insoportable. Ciega de moralidad. Pero ella... no encaja del todo.- Mattheo dejó escapar una risa baja, casi un gruñido satisfecho.
-Lo notaste también.- asiente el castaño con tono cómplice, Tom lo miró de reojo, evaluándolo.
-La forma en que nos miró. No fue con odio... no del tipo que enseña una familia. Fue duda. Fue curiosidad. Esas son las más peligrosas.
-O las más útiles.- Mattheo se acercó al muro y se recostó a su lado.- Ella intenta convencerse de que nos detesta. Pero no lo logra. Está empezando a escuchar algo dentro de ella... y no sabe si es su voz o la nuestra.- Tom sonrió, esa sonrisa suave y peligrosa que usaba cuando una pieza encajaba en su juego.
-Está dividida. Y eso la hace vulnerable.
-Y fascinante.- ambos se quedaron en silencio unos segundos. Solo se oía el viento colándose entre las piedras y el leve crujir de los techos viejos.
-¿Te interesa?- preguntó Tom de pronto, con una voz neutra, Mattheo lo pensó unos segundos, pero no desvió la mirada.
-Me intriga. Y cuando algo me intriga, quiero entenderlo.- romperlo si hace falta, Tom asintió lentamente.
-Entonces será divertido.- Mattheo giró la cabeza hacia él.
-¿Y tú?- Tom ladeó la cabeza, su expresión imperturbable, pero con un brillo nuevo en los ojos.
-Yo quiero verla elegir. Ver si cae... o si se aferra a la luz.- admite sereno.- Quiero saber si debajo de esa piel de Potter... hay algo más oscuro esperándonos.
La piedra parecía aún más fría a su alrededor. Eran dos sombras en un castillo lleno de fantasmas. Pero por primera vez, algo más vivo que ellos comenzaba a crecer en el aire.