Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
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Camille caminaba por los jardines, aprovechando los últimos rayos de luz antes de que cayera la tarde. El frío comenzaba a hacerse presente en su nariz y sus manos, pero no le molestaba. Necesitaba despejarse. La reunión del Ejército de Dumbledore aún revoloteaba en su cabeza como un secreto que ardía más de lo que pensó. Había una emoción extraña creciendo dentro de ella. Poder. O quizás, simplemente, elección.
-¿Tan sola una Potter? Pensé que ustedes siempre iban con un escuadrón de admiradores.- habla una voz a su espalda.
Camille giró con rapidez. Mattheo Riddle emergía entre los árboles, con una media sonrisa ladeada y el abrigo de su túnica ligeramente abierto. Había algo inusualmente tranquilo en su semblante. Y lo más desconcertante... no estaba fumando.
-¿Qué quieres?- preguntó, sin moverse. Él no respondió de inmediato. Se acercó despacio, con las manos en los bolsillos. La miró de forma distinta. Sin el sarcasmo de siempre, sin esa provocación constante que solía acompañar sus palabras.
-Solo hablar.- admite finalmente.
-¿Hablar?- arqueó una ceja, desconfiada.
-Sí, ya sabes... conversación, palabras, tono civilizado.- responde Mattheo.- Lo que la gente normal hace cuando no está gritándose desde lados opuestos del castillo. ¿Eso está prohibido ahora?- Camille frunció el ceño.
-Es extraño en ti que no vengas con algún comentario mordaz o condescendiente.- Mattheo soltó una leve risa nasal.
-Puede que esté aprendiendo.
-¿A qué?
-A no alejar a las personas que...- se detuvo, buscando una palabra que no terminaba de encontrar.-... valen la pena.
Camille lo miró, completamente confundida. Estaba acostumbrada a sus bromas oscuras, a las indirectas cargadas de doble filo. Pero ese Mattheo que tenía enfrente... era distinto. Casi amable. ¿Era una estrategia? ¿Un juego más?
-¿Estás borracho?- preguntó, medio en broma, medio en serio. Mattheo sonrió, pero bajó la mirada por un segundo. Cuando volvió a mirarla, sus ojos ya no tenían esa chispa arrogante. Solo algo más silencioso. Más denso.
-No... solo harto de fingir que no me importa nada.- Camille tragó saliva. Su corazón, que antes caminaba en calma, dio un pequeño tropiezo. ¿Qué estaba haciendo? ¿Y por qué eso le dolía un poco más de lo que quería admitir?
-No sé qué estás intentando.- aclara ella, cruzando los brazos.- Pero si es algún tipo de trampa...
-No lo es.- la interrumpió, suave.- No siempre estoy planeando algo, Camille.
Y por un segundo... le creyó. O quiso hacerlo. El viento sopló con fuerza, removiendo su cabello. Mattheo dio un paso atrás, como si con eso le diera espacio para decidir. O para huir. Mattheo se acercó un poco, pero mantuvo la distancia justa. Lo suficiente para no invadir su espacio, pero lo bastante cerca como para hacerla sentir incómoda.