Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
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Algo había cambiado en el aire de Hogwarts.
Los pasillos, usualmente bulliciosos con charlas sin sentido, se llenaban ahora de murmullos detenidos y miradas esquivas cada vez que los Riddle pasaban. El ambiente era denso, como si el castillo contuviera la respiración. Mattheo y Tom caminaban por el corredor del cuarto piso cuando, por tercera vez en menos de cinco minutos, un grupo de alumnos bajó la vista al verlos y se apartó como si llevaran consigo una enfermedad contagiosa.
-¿Te fijaste en eso?- murmuró Mattheo, frunciendo el ceño.
-No son los únicos. Los de tercero nos evitaron esta mañana también.- añadió Tom, su voz más tensa de lo normal. Los dos intercambiaron una mirada incómoda. No era paranoia. Algo estaba mal. Fue en el hall de las escaleras que se toparon con Astoria, Draco y Blaise, los tres corriendo con rostros alarmados.
-¡Ahí están!- exclamó Astoria, con un ejemplar del diario falso en la mano.- ¿¡Qué demonios hicieron para que medio castillo quiera crucificarlos!?
-¿Qué estás diciendo?- demandó Mattheo, acercándose. Blaise estiró un cartel arrugado que alguien había intentado arrancar del muro. Allí, el rostro animado de Tom Riddle lanzaba una maldición, mientras las letras mágicas escupían palabras como.
ASESINO. TORTURADOR. HEREDERO DE LA OSCURIDAD.
-¿Qué mierda es esto?- Tom arrebató el cartel. Su rostro se reflejaba en él con los ojos enrojecidos por un hechizo de manipulación mágica. Draco les arrojó un cuaderno. Uno de los falsos diarios de Millicent.
-Circulan estos también.- explicó con voz baja.- Dice que ustedes forman parte de un culto... que hacen rituales de sangre y tortura a los que no son puros. Que usaron a una Gryffindor para experimentos de control mental.
-¿¡Qué!?- exclamó Mattheo, su corazón dio un vuelco.
-Y hay decenas de esos carteles por todos lados.- añadió Astoria.- Empezaron a aparecer esta mañana como hongos.- Tom abrió el diario y hojeó una página donde se narraba una supuesta reunión entre él, Mattheo, Pansy y Millicent, donde hablaban de eliminar "las impurezas del colegio". Su expresión se endureció.
-Esto no es un simple chisme. Es una guerra.- dice Tom en voz baja.
-¿Y no tienen idea quién lo hizo?- preguntó Blaise, Mattheo no respondió. El nombre que cruzó su mente fue el mismo que pasó por el de Tom. Pero decirlo en voz alta era admitir su culpa.
En el Gran Comedor, el murmullo general no se había apagado desde que entraron los primeros estudiantes. Las cuatro mesas estaban plagadas de comentarios susurrados, miradas furtivas y una tensión que se podía cortar con un cuchillo.