Camille Potter era la hermana melliza de Harry Potter. Es una chica bastante bromista al igual que su padre, James Potter, en especial si las bromas eran para los Slytherin.
¿Su vida? Jamás había sido normal, menos con la llegada de los hermanos Rid...
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Camille sintió esa sensación extraña por segunda vez desde que había visto a los hermanos Riddle. Un escalofrío que no nacía del miedo, sino de la inquietud... como si algo invisible y antiguo la tocara por dentro. Sus pasos se ralentizaron al entrar en el aula, sintiendo de inmediato la intensidad de las miradas clavadas en su espalda.
No necesitaba voltear para saber quiénes eran. Lo sabía. Lo sentía.
Se dejó caer en su asiento habitual con Hermione, con los labios apretados en una línea tensa. No dijo palabra, solo dejó su mochila a un lado y comenzó a sacar su libro. Pero en el rabillo del ojo... allí estaban. Mattheo y Tom Riddle. Uno con la mandíbula firme, ojos oscuros y sonrisa ladina. El otro, más silencioso, más contenido... pero con una mirada que parecía desvestir hasta el alma.
Mattheo fue el primero en sostenerle la mirada. No fue directo, ni obvio, pero sí calculado. Como quien lanza una moneda al aire sabiendo que caerá de su lado. Camille alzó la ceja, como si le retara a hablar. Tom giró ligeramente su rostro, curioso. Esa chica tenía algo distinto a los demás. No era el apellido Potter. Era la forma en que no se encogía bajo su presencia. Como si los hubiese visto antes. Como si ya supiera de qué estaban hechos.
-¿Quién será la primera en romper el hielo?- murmuró Mattheo con sorna, sin dejar de mirarla.
-Parece que tiene fuego, ¿eh?- añadió en voz baja, sólo para que Tom lo escuchara.- Es el tipo de chica que te arranca la cabeza antes de dejar que le hables.- Tom sonrió apenas, como si le gustara esa idea más de lo que admitía. Del otro lado, Hermione le dio un codazo a Camille.
-¿Qué te pasa ahora?- susurró.
-Nada.- respondió Camille sin apartar la vista del frente.- Esos dos... no me gustan.
-¿Porque son Riddle?- preguntó Hermione, algo sorprendida.
-No... o bueno talvez.- la voz de Camille se volvió más baja, más afilada.- Pero porque no tienen miedo de ser Riddle. Y eso es peor.- antes de que Hermione pudiera responder, la puerta del aula se cerró con un golpe seco. Dolores Umbridge hizo su entrada con una sonrisa que no tocaba sus ojos.
-Buenos días, estudiantes. Soy la profesora Umbridge. Esta será una clase de orden y disciplina.- habla con su chillido agudo, mientras caminaba hasta el escritorio. Las quejas fueron instantáneas, sobre todo por parte de los Gryffindor. Camille no dijo nada, solo giró su pluma entre los dedos. Pero Mattheo y Tom se miraron, y ambos sabían lo que pensaban: esa mujer no duraría. No con ellos allí. No con todo lo que se avecinaba.- No practicaremos hechizos.-continuó Umbridge.- Nos limitaremos a leer y a tomar apuntes. Nada de magia real. No queremos accidentes, ¿verdad?- Camille alzó la mano.