Capítulo 09

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El aire en la sala común de Slytherin estaba impregnado de música, perfumes embriagadores y el murmullo constante de conversaciones, risas y miradas que lo decían todo sin necesidad de palabras. Pero Camille ya no escuchaba nada.

Estaba recargada en una de las columnas del fondo, cerca del rincón donde se reunían los estudiantes más antiguos, pero no tan cerca como para participar. Sus ojos aún seguían fijos en el centro de la sala, donde minutos antes Tom y Mattheo habían intercambiado palabras tan afiladas como sus miradas.

Y ella... atrapada en medio.

-¿Estás bien?- preguntó Ginny, entregándole una copa que olía dulzón y afrutado.

-Sí.- murmuró Camille, aunque no lo sentía.

Hermione, que se había acercado junto a Ginny, bebía con lentitud mientras miraba de reojo hacia el otro extremo de la sala, donde Draco Malfoy hablaba con Theodore Nott y Daphne Greengrass. Por un momento, los ojos grises de Malfoy se encontraron con los suyos. Fue una mirada rápida, cortante. Él frunció el ceño como si le molestara verla allí. Hermione apartó la vista al instante, bajando la mirada hacia su copa con fingido desinterés. Camille lo notó.

-¿Todo bien contigo?- preguntó bajito, Hermione solo asintió, pero sus mejillas estaban un poco más rojas de lo normal. Camille quiso preguntar más, pero entonces un par de presencias desagradables interrumpieron su burbuja.

-Pero miren lo que tenemos aquí.- canturrea una voz cargada de veneno. Pansy Parkinson, enfundada en un vestido ajustado verde esmeralda, se paró frente a ellas con Millicent Bulstrode a su lado, los labios torcidos en una mueca de burla.

-¿Las Gryffindor extraviadas no entienden la diferencia entre una fiesta y una invasión?- agregó Millicent, cruzada de brazos.

-Relájate, Parkinson.- respondió Ginny sin inmutarse.- Solo estamos disfrutando de la hospitalidad de tu casa.

-¿Hospitalidad?- Pansy soltó una carcajada forzada.- ¿Crees que esto es para ustedes? Esto no es una fiesta escolar, es una celebración exclusiva. Y ustedes, sangre sucia y pelirrojas de saldo, no están en la lista.- Hermione apretó los labios, herida, pero sin decir nada.

-Lárguense.- escupió Millicent, más seca.- Antes de que tengamos que invitarlas a la salida.-Camille dio un paso al frente, los ojos entrecerrados. Estaba a punto de responder cuando sintió la mano de Ginny sobre su brazo. Le bastó una mirada para saber que no valía la pena.

-Vamos.- murmura Ginny, firme.- El lugar ya huele lo suficientemente mal.- las tres se alejaron con dignidad, dejando atrás a Pansy y Millicent, cuyas risitas sonaban vacías y nerviosas, cuando estuvieron lo bastante lejos, Camille se detuvo en un pasillo lateral más silencioso.

-¿Estás bien?- preguntó Hermione, esta vez más centrada, Camille asintió, aunque no con certeza.

-No sé qué fue peor... si ese par de serpientes o ver tantos idiotas juntos.- Ginny se cruzó de brazos, apoyándose en la pared.

-¿Estás segura de que eso fue lo que te molestó?

-No empieces.- bufó Camille, aunque no con enojo—. No es como si me importara...

Pero el sabor amargo aún estaba en su boca. Y aunque no lo dijera, lo peor de todo era admitir, siquiera en su interior, que una parte de ella no estaba molesta por lo que pasó. Estaba molesta por a quién había afectado más. Y esa grieta que había intentado ignorar... seguía ensanchándose.

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora