Capítulo 01

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En el número 12 de Grimmauld Place, la antigua y sombría casa de la familia Black, el bullicio matutino no era cosa extraña. Desde muy temprano, los pasillos vibraban con murmullos apurados, pasos pesados y el chisporroteo ocasional de hechizos apresurados. La Orden del Fénix tenía reunión esa mañana, y el ambiente estaba cargado de tensión: rumores recientes aseguraban movimientos del innombrable en el norte, y todos querían respuestas.

Pero mientras los adultos discutían estrategias en la sala principal, tres figuras pelirrojas se deslizaban por los pasillos con la cautela de ladrones nocturnos.

-Shhh, nos van a descubrir.- susurró George, conteniendo una risa que le vibraba en el pecho.

-Apresúrate, ya casi terminan.- replicó Camille, con una sonrisa traviesa mientras miraba hacia el extremo del pasillo. Fred, agachado junto a una cuerda mágica sujeta a dos baldes encantados, murmuraba el último hechizo de fijación.

-Solo falta esto...- dice el joven, haciendo un nudo final con su varita antes de guardarla en la túnica con un gesto triunfal. Los tres se dispersaron, fingiendo normalidad, mientras sus corazones latían al compás de la adrenalina. Se comunicaban por walkie-talkies muggle que Arthur les había "prestado" sin saberlo.

-¿Listo, Fred?- preguntó George, el auricular crujió por la emoción contenida.

-Listo. ¿Lista, Cam?

-Lista fotocopias.- bromeó ella alzando el pulgar. Justo entonces, la puerta del salón se abrió y las voces empezaron a salir en oleadas. Fred y Camille alzaron sus varitas al unísono.

-Es hora de que llueva...- murmuraron. Con un leve movimiento, los baldes levitaron y se volcaron justo sobre la figura que acababa de cruzar el umbral. Una explosión de harina y agua estalló como una nube blanca, empapando al desafortunado objetivo.

-¡Mierda!- gritó una voz, aguda y molesta.

-¡Niños!- el bramido de Molly Weasley sacudió la casa como una detonación. Los tres pelirrojos se asomaron por la baranda del piso superior. Y entonces lo vieron: Bill, con el cabello chorreando y la túnica pegada al cuerpo, cubierto de harina como un pastel a medio decorar.

-Ups...- susurro Camille con la voz más inocente que pudo fingir, aunque la risa ya le temblaba en los labios. Sin esperar más, los tres salieron disparados por el pasillo entre carcajadas, esquivando regaños y muebles, hasta encerrarse en la habitación de los gemelos. Cerraron la puerta de un portazo y se dejaron caer en la alfombra.- Eso fue épico...- jadeó Camille, sujetándose el estómago.

-Valdrá cada grito que nos pegue mi madre.- añadió George, tumbado boca arriba. Fred no decía nada. Miraba a Camille con una chispa distinta en los ojos. George lo notó de inmediato.-Ahorita regreso...- agrega con rapidez, levantándose.

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora