Capítulo 13

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El sol entraba con suavidad por los ventanales de la torre de Gryffindor, acariciando las cortinas de color escarlata como si intentara despertar a los estudiantes con una ternura inusual. El murmullo lejano de la actividad matutina en el castillo comenzaba a filtrarse por las paredes, pero en la habitación de las chicas, reinaba una calma pesada.

Camille abrió los ojos lentamente. Le dolía la cabeza. No como un dolor agudo, sino como una presión sorda, como si su mente se negara a recordar... o como si se protegiera de lo que estaba al otro lado de sus recuerdos. Parpadeó. Estaba en su cama, aún con el vestido rojo. Su cabello enredado. Su boca seca. Y ese extraño sabor en el pecho. Como si hubiera ardido algo dentro de ella.

¿Qué había pasado anoche?

Recordaba la música. Las luces. Fred riendo mientras le servía otro vaso. La pista de baile. El vértigo de sentirse observada. El vestido ceñido a su cuerpo. Miradas. Y después... Unos brazos que la sostenían. Un calor que no era del alcohol. Una voz baja... Un rostro cerca. Y un beso. Un beso que la incendió. Se llevó los dedos a los labios.

¿Lo había soñado?

La puerta se abrió con suavidad y Ginny entró, descalza, con el cabello recogido en un moño desordenado. Hermione apareció tras ella, frotándose los ojos con una expresión que era mezcla de agotamiento y satisfacción.

-Bueno, ¿Quién dijo que los de Gryffindor no sabíamos hacer fiestas?- inquiere Ginny, dejando caer su peso sobre la cama de Camille.- Creo que rompimos récord. Incluso las serpientes parecían divertirse... aunque seguro les dolía aceptar que lo pasaron bien.- Hermione sonrió, aunque se notaba que aún estaba procesando todo.

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora