Capítulo 04

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Camille estaba tan sumergida en sus pensamientos que las voces a su alrededor se volvían ruido blanco. Sus ojos seguían clavados en la mesa de Slytherin, donde los hermanos Riddle permanecían serenos, como si el caos y la desconfianza general les resbalaran. No se dio cuenta de que Fred le hablaba hasta que sintió un codazo agudo y certero en las costillas.

-¡Oye!- exclamó, frotándose el costado y mirando a Hermione con reproche.

-Lo siento, pero los chicos llevan hablándote hace rato y tú no has dicho ni una palabra.- replicó la castaña en voz baja, mirándola con una ceja arqueada, Camille parpadeó, volviendo a la realidad, y les dedicó una sonrisa rápida.

-Solo estoy... pensando en tonterías.- murmura con un encogimiento de hombros, aunque sabía bien que sus pensamientos no tenían nada de tontos. Volvió a centrar su atención justo cuando el director Dumbledore se ponía nuevamente de pie, su rostro sereno aunque sus ojos azules destellaban con una preocupación apenas contenida.

-Como siguiente anuncio.- continua con tono diplomático.- Les presento a su nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, la profesora Dolores Umbridge.

Un susurro colectivo recorrió el Gran Comedor como una ráfaga helada. Camille frunció el ceño apenas un segundo antes de ver cómo una mujer de baja estatura, con un conjunto rosa chillón y una sonrisa más falsa que una galletona de Zonko, se levantaba de su asiento.

-Ella estaba en mi audiencia.- susurró Harry a Hermione, con un deje de rabia contenida.- Trabaja para el Ministro.

-Muchas gracias, Director, por sus hermosas palabras de bienvenida.- entonó Umbridge con una voz empalagosa que helaba la sangre.- Estoy segura de que todos seremos grandes amigos.

-Sí, claro...- murmuraron al unísono Fred, George y Camille, sin molestarse en ocultar su sarcasmo. Mientras tanto, en la mesa de Slytherin, Mattheo se inclinó apenas hacia su hermano, cuidando de que solo él pudiera escucharlo.

-Agh... ¿En qué mierda nos ha metido nuestro padre?- susurró con los labios apretados, Tom no despegó los ojos del plato, pero sus palabras fueron nítidas.

-En un maldito circo.

Aunque ambos mantenían un porte impecable, sus ojos no dejaban de registrar cada detalle del ambiente, cada mirada cargada de prejuicio, cada gesto de desconfianza... y también cada mirada de Camille Potter, cuya atención sobre ellos era tan firme como la suya sobre ella.

Cuando Umbridge finalizó su discurso, una mezcla vacía de palabras edulcoradas y amenazas veladas, el murmullo general se reanudó con más fuerza. Los alumnos comenzaron a terminar sus cenas, aunque muchos estaban más centrados en los Riddle que en los pasteles de calabaza.

-Esto es raro.- murmuró Ron, sin apartar la vista de la mesa de Slytherin, donde Mattheo reía de forma apenas perceptible por algo que Tom le había dicho.

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora