Capítulo 20

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La nieve aún cubría los terrenos de Hogwarts cuando el tren llegó, silbando con fuerza entre la bruma invernal. Camille bajó del Expreso con su bufanda roja apretada contra el cuello y el corazón latiendo con una mezcla de anticipación y nerviosismo que la tenía en vilo desde la noche anterior.

Los pasillos del castillo, aún decorados con luces y guirnaldas restantes de la Navidad, se sentían familiares... pero diferentes. O tal vez era ella la que había cambiado en esas semanas.

Fred caminaba a su lado, cargando su maleta sin decir mucho, aunque sus ojos se posaban sobre ella cada tanto, notando su mirada distante, su sonrisa ausente. Camille le agradeció cuando la dejó frente a las escaleras que llevaban a la torre de Gryffindor.

-¿Nos vemos en la sala común?- preguntó Fred, un poco más esperanzado de lo que habría querido admitir.

-Sí.- asiente ella con una leve sonrisa.- Solo quiero pasar por la biblioteca antes. Me distrae.

Fred asintió, aunque supo que no era del todo cierto. Camille, sin embargo, no se dirigió a la biblioteca. Su cuerpo la llevó instintivamente hacia el pasillo del ala este, hacia el corazón de la fortaleza Slytherin, ese sector que solía evitar... hasta que dejó de evitar muchas cosas.

Fue allí, doblando una esquina, que los vio.

Tom y Mattheo Riddle, caminando lado a lado, rodeados de algunos de sus compañeros de casa, incluyendo a Theodore Nott y Pansy Parkinson. Sus capas negras flotaban tras ellos con esa elegancia natural que parecía venir incluida con el apellido y los secretos.

Tom fue el primero en verla. Sus ojos verde la captaron en medio segundo, y aunque su expresión no cambió, su andar se ralentizó apenas, como si algo en su interior se congelara. Mattheo, a su lado, también notó el cambio, y al girar la cabeza, su mirada se encontró con la de Camille.

Los latidos de ella se aceleraron sin remedio. No sabía qué esperaba. ¿Una sonrisa? ¿Una señal? ¿Un saludo discreto? No obtuvo nada de eso.

Mattheo, en cambio, le sostuvo la mirada por más de lo necesario. Hubo algo en sus ojos, una especie de reconocimiento silencioso, íntimo, que la hizo sentir desnuda ante él. Un leve movimiento de cabeza, un gesto casi imperceptible, como si dijera "te vi".

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora