Capítulo 02

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Camille apoyaba la frente contra el frío cristal de la ventana del tren, viendo cómo las figuras en el andén se reducían con rapidez

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Camille apoyaba la frente contra el frío cristal de la ventana del tren, viendo cómo las figuras en el andén se reducían con rapidez. Tonks agitaba la mano con energía, su cabello púrpura brillando como una llama entre la multitud. Remus permanecía quieto, con las manos en los bolsillos de su abrigo, pero con una leve sonrisa que solo Camille podía leer. Molly Weasley no paraba de moverse, asegurándose de que todos los baúles estuvieran bien cargados, incluso cuando ya era tarde para preocuparse por eso.

Y justo a un lado de la locomotora, Canuto, el animago negro de Sirius, corría paralelo al tren, agitando la cola con fuerza. Parecía despedirse, aunque todos sabían que si por él fuera, se habría subido al tren con ellos.

-No tuvo por qué acompañarnos.- comentó Harry, mirando por última vez hacia la ventana antes de que la estación desapareciera tras una curva.

-No seas así, Harry. Hacía meses que no veía la luz del sol.- respondió Camille, sin dejar de mirar el horizonte.

El expreso avanzaba con velocidad creciente, y los tejados de Londres pasaban como borrones de acuarela. El traqueteo del tren era una melodía familiar, casi reconfortante, pero ese año, el viaje tenía un peso distinto. Algo invisible se colaba entre los compartimientos: una tensión, una sospecha, la certeza de que Hogwarts ya no sería el refugio que solía ser.

-Bueno chicos, nos vemos en un rato. Tenemos que ir al compartimiento de prefectos.- informó Hermione, asomando la cabeza por la puerta.

-Ah, está bien.- asiente Harry, casi distraído.

-No se preocupen, solo espero que no sean de esos prefectos estrictos.- añadió Camille con una sonrisa irónica, mientras observaba cómo Hermione y Ron salían del compartimiento. Le dedicaron una última sonrisa antes de cerrar la puerta.

Camille desvió la mirada hacia su hermano. Harry estaba ensimismado, los codos sobre las rodillas, las manos entrelazadas y la vista clavada en el suelo como si buscara respuestas en las vetas de la madera.

-Deja de pensar en eso.- habla Camille de pronto.

-Lo intento.- respondió Harry, levantando la vista.- Pero me es difícil... La culpa...

-Nada de esto es tu culpa, ¿vale?- lo interrumpió con voz firme, mirándolo con severidad.- Los únicos culpables son Peter y el sin nariz. Ellos. Y todos esos malditos mortífagos que aún se esconden entre nosotros.- Harry esbozó una pequeña sonrisa.

-O sea, todos los Slytherin.- Camille soltó una risa breve y asintió.

-Exacto. Pero ese no es el punto. El punto es que somos los Potter. Somos Gryffindor. Y mientras estemos juntos, Harry, vamos a estar bien. Somos más fuertes de lo que creemos.

La dulzura en su voz desarmó a Harry. Era Camille en su estado más puro: intensa, directa, ferozmente leal. A pesar de ser la más joven, a veces hablaba como si llevara una vida entera sobre los hombros.

LA CHICA POTTERHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora