PREFACIO

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NOCHE OSCURA

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NOCHE OSCURA

A veces deseo perderme junto al mar: sentarme en la orilla, observar la luna a lo lejos y arrancar de mi mente los pensamientos que anuncian el miedo.

Hay días en los que quisiera llorar hasta que el corazón se libere del dolor que parece adherido a mi piel, como si nunca hubiera aprendido a marcharse.

Anhelo abrazar a mi papá y quedarme allí, llorando en su regazo. Pero mamá y papá no están. Desde temprano, la vida me enseñó a resistir golpes silenciosos, repetidos, invisibles para muchos. A veces me pregunto cómo mi corazón ha soportado tanto, cómo ha sobrevivido a esta guerra íntima donde no hay armas visibles, pero sí heridas profundas.

El cuerpo responde antes que las palabras: el estómago se cierra, la cabeza gira, el pecho se vacía hasta doler. Las lágrimas llegan sin permiso y el corazón, agotado, guarda silencio.

Quisiera gritar para expulsar los años de golpes: a la mente, al cuerpo, al alma. Hay momentos en los que no estoy hecha para conversaciones ni explicaciones. Solo deseo desaparecer un instante del mundo, quedarme conmigo, sin cargar las voces ajenas ni las expectativas de otros.

Tal vez me llames egoísta. Quizá lo sea. Pero incluso el corazón más fuerte necesita, al menos una vez, permitirse ese descanso.

Quiero estar sola. Dejar que el océano escuche mis secretos, confiarle aquello que no sé decir en voz alta, y silenciar por un momento la voz negativa que insiste dentro de mí. Sé que el mar no me ignorará. Sé que escuchará, con la paciencia de siempre, mi voz cansada, sincera y real.

—Estrella Murcia

Hecha De Sol ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora