Osasuna

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Salió de la habitación en compañía de sus padres, miró a un lado y dos personas lo observaban con sorpresa, el más bajo de ambos quiso ir donde él, pero sus padres le quitaron la mirada de los chicos y lo hicieron seguir su camino.

"¿Quiénes eran esas personas?", se preguntaba Suna Rintarou acostado en su cama, su madre ingresó a su habitación y le extendió una caja, este se sentó en su cama y la tomó.

—Tu teléfono antiguo quedó hecho trizas con el accidente; tu padre y yo te compramos uno nuevo— dijo su madre, el de ojos verdes asintió.

Amnesia, fue lo que el doctor le dijo que tenía, volvió a su hogar por las recomendaciones de este mismo, ya que, si convivía en un lugar que conocía, es más probable que puedan volver sus recuerdos. Solo sabe que terminó la secundaria, no recuerda la preparatoria, no recuerda qué hace después de haber salido de esta; sus padres le dijeron que no ingresó a la universidad, sino que se alistó en un equipo de primera división de voleibol. Ahora no solo sus recuerdos desaparecieron, sino que su celular, el cual debía tener demasiada información de él y sus vivencias, estaba muerto, ya no tenía ni fotos que lo ayuden a recordar.

—Madre, ¿dónde están las fotos de la graduación de preparatoria? ¿Por qué solo están las de secundaria? —consultó mirando el nuevo aparato tecnológico que sus padres le compraron, su madre sonrió y acarició su cabeza.

—Debieron perderse con la mudanza— respondió la mujer, Rintarou levantó la cabeza.

—¿Mudanza? Cuando volví del hospital, me dijiste que siempre vivimos aquí y que el cambio de trabajo de padre, al final, no se realizó— le resultó raro, lo mismo con la actitud de su madre, quien parece estar nerviosa.

—Ay, hijo, debes descansar, no gastes fuerzas innecesarias— repitió la mujer antes de salir de su cuarto.

Rintarou miró a su alrededor, algo era raro, él no se sentía bien ahí. Estaba la camiseta del club de voleibol al que perteneció en secundaria, pero no estaba la de preparatoria; su habitación estaba decorada como si estuviera en periodo de clases, pero él ya tiene veintiséis años, sería incapaz de tener un libro de química siendo que es la materia que más odia. Rebuscó en los cajones del escritorio y no había ninguna foto oculta, cosa extraña, ya que Rintarou siempre ocultaba fotos para sacarlas cuando se sentía mal y recordar aquel momento; abrió su armario y la ropa que había parecía ser elegida por sus padres, no es su estilo.

Fue a encender el celular, era nuevo, así que no tenía ningún contacto registrado y no podría recuperar nada. Se creó nuevas redes sociales y buscó en estas algún usuario de él, colocó "Suna Rintarou", pero nada, no había ninguna cuenta de él en redes sociales, lo cual era más raro aún, si a él desde pequeño le gustó el internet; lo buscó con su antiguo nombre de internet de cuando era un niño, pero tampoco había algo.

Suspiró rendido, es como si él no existiera, y eso que era un jugador reconocido. Su cabeza le comenzó a doler, tomó de la mesa de noche los medicamentos que le recetó el doctor y los ingirió, ojalá le ayuden a disminuir el dolor.

Despertó, miró la hora y ya era de noche; tenía hambre, así que bajó a comer algo. La casa estaba silenciosa, de seguro sus padres estaban durmiendo; fue a la cocina, pero antes, se fijó en los cuadros de su familia; le llamó la atención uno donde él estaba de mal humor, si bien, sabe que su rostro no es el más alegre del mundo, pero nunca saldría de mal humor en una foto sin que esta lo amerite. Y ahí estaba él, debía tener a lo menos diecisiete años, a su lado estaba su hermana con una sonrisa, sus padres estaban detrás de él con la misma sonrisa; él era el único enfadado.

Dejó de mirar aquella foto y fue a la cocina, no había mucho que comer, sus padres solo ordenaron comida rápida. Calentó lo primero que vio para después comerlo, tenía un sabor raro, no le agradaba el peculiar sabor, su cuerpo lo rechazaba. Dejó aquella de lado y volvió a su cuarto, no valía la pena comer algo que le desagradaba.

Cortos Haikyuu!!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora