Pasamos un rato hablando con Encarna. Olivia quiso asegurarse en repetidas ocasiones que su abuela estaba recuperada. Era una señora mayor, pero se le veía fuerte y sana.
Cuando mi amiga terminó de efectuar su tercer grado a la pobre Encarna, que ya estaba harta de sus preguntas, la señora se me quedó mirando fijamente.
Su mirada era profunda y gris. Mientras ella removía su infusión no apartó sus ojos de los míos, y yo sentí como si entrara dentro de mi alma como un vendaval. Sentí el viento de su presencia removiendo mi interior, y automáticamente y con el sonido de la cuchara chocando contra la taza de fondo, el sigilo en mi bolsillo empezó a quemarme la pierna.
–Esas cosas las tienes que llevar descubiertas. –Me dijo.
–¿Disculpa? –Le pregunté al no entender lo que decía.
–O meigallo, deberías llevarlo al aire. Olivia, quítalo de su bolsillo y ponlo en la mesa.
Oli le hizo caso y metió la mano en mi bolsillo del pantalón, sacó el sigilo y lo puso en la mesa, justo en el medio.
–¿Cómo llegó eso a ti? –Me preguntó Encarna.
–Me lo dio una señora en la parada del autobús. Hace poco más de una semana.
–¿Qué te dijo cuando te lo dio?
–Que debía romper la escalera de Penrose.
Encarna puso cara confusa y miró a su nieta con gesto interrogante.
–Es una escalera como que es eterna. Es un símbolo vieja, es como que estás encerrada en una repetición constante.
–¿Cómo el tedio?
–Sí, exactamente como el tedio.
Encarna apoyó su cabeza en la mano y volvió a mirarme intensamente. Aguantó con sus ojos en los míos un rato.
–¿Y se ha roto Marta?
–En cierto modo sí, es como si todas las verdades salieran a la luz.
–Las verdades no las saca esto. –Cogió el sigilo en la palma de su mano. –Las verdades las sacas tú.
Lo mantuvo en la palma de su mano medio segundo y lo volvió a dejar sobre la mesa.
–Esa mujer, te dijo lo que tú querías escuchar, con la intención de que cogieras esto. A Olivia le hubiera dicho otra cosa, y a mí otra.
–¿Y por qué querría hacer eso?
–Pues… parece que tú puedes ayudar a ordenarlo todo.
–Joder abuela, justamente Marta, que no se entera de una mierda. –Le dijo Olivia.
–Habla bien. –Le regañó. –Precisamente, parece que no se entera…
No terminó la frase y volvió a mirarme.
–Pero ahora sí te enteras ¿Verdad Marta?
–Sí, mucho más.
–¿Y qué necesitas?
–Quiero ayudar a nuestra amiga Tere. Quiero ayudarla con esto. –Señalé el sigilo.
–¿Quieres hacer feitizos? –Me dijo.
–No sé si hechizos o no, pero quiero saber si podemos manipular lo que nos pasa y no permitir que nos manipule a nosotras.
–Eso puede ser peligroso. La magia no funciona así Marta.
–Por eso estamos aquí¿No?
–Tienes que intentar volver a hablar con lo que está detrás de esto. –Puso un dedo sobre el sigilo. –Y ser muy sincera en lo que quieres.
–¿Y cómo lo hago?
–Haced una ouija.
Nos quedamos las tres en silencio. Ni de coña quería que esa fuera la respuesta. No creía en esas cosas, me daban mucho respeto y no quería hacerlo.
–¿Eso se hace así? –Pregunté.
–No siempre, pero vosotras tenéis que hacerlo así. Cómo he dicho al principio, es importante que las cosas sucedan tal cual tienen que suceder.
–¿Pero es viable lo que quiere Marta? –Le dijo Oli.
–Es la única opción viable cariño. –Le contestó su abuela. –Pero antes, tenéis que saber qué hay detrás y si es cierto que quiere ayudar. Parece que es así, pero antes debéis tenerlo claro.
–¿Cómo lo hacemos? –Le pregunté.
–Pedidle algo sincero, con el corazón y buscando siempre la justicia natural. Es más, no pidáis, visualizad, y no olvidéis la justicia y la verdad.
–Pues no estás siendo muy específica vieja. –Le dijo Oli.
–¿Qué creías? ¿Que te iba a dar una lista de la compra? Pues no vas fina tú. –Encarna se echó a reír. –Antes de hablar con Tere, hacedlo vosotras. Ella es de las tres la más complicada, no va a ser fácil que se doblegue y que sea sincera. Al final tú –Señaló a Oli. –Confías en ella y ella –Me señaló a mí. –Es imperturbable y sincera.
Cuando terminamos esa conversación salí de la casa de Encarna y me encendí un cigarro. Me apoyé en la pared, miré hacia el cielo y luego al frente. A lo lejos había un camino de pies que pasaba entre dos huertas, giraba en una curva abierta y terminaba rodeado de árboles que seguro que en primavera estarían frondosos pero en ese momento estaban totalmente desnudos. Cómo garras salían del suelo y se retorcían. Cómo en mi cuadro, el final del camino nunca llegaba y solo se veían esos árboles que atarían el alma de cualquiera al suelo con sus raíces.
Al fondo del camino, allí estaba ella. La vi aparecer caminando de la nada y quedarse en la lejanía mirando. Sus ojos me observaban tranquilos y me sentí atraída a su llamada. Le hice caso a Encarna y me colgué el sigilo al cuello.
Caminé hacia ella tranquilamente, sin miedo.
–¿Querías hablar conmigo? –Me dijo.
–Prefiero hablar con Astaroth si fuera posible. –Fui respetuosa.
La señora se echó a reír y de repente un olor intenso a azufre y a quemado empezó a inundar el ambiente.
–¿Y quién te crees que soy? –Dijo. –Prefiero Ishtar. Ese nombre lo habrás sacado de internet.
–No sabía que eras tú… –La miré. –Ishtar.
–Hazle caso a Encarna, sed sinceras y os devolveré sinceridad. ¿Es lo que necesitas no Marta?
–Sinceridad y justicia.
–Mis dos cosas favoritas. –Tocó el sigilo que ahora colgaba de mi cuello. –Tú, estás rompiendo la escalera, y estás viendo la verdad.
–Lo estoy intentando.
–Llámame, y vendré. –Parpadeé lento, su presencia era densa y a mí me cansaba como si estuviera corriendo sin apenas moverme.
Cuando abrí los ojos, ella se había ido y el cigarro se apagaba entre mis dedos.
–Dame eso, te vas a quemar. –Dijo Oli detrás de mí. –Quizás deberíamos irnos. ¿Qué hacías?
Giré sobre mis pies y la miré a los ojos. Si cara era insultantemente bonita, su pelirroja melena caía cubriendo sus orejas y descansaba en sus hombros de manera ordenada. Sus ojos profundos me miraban interrogante y en un gesto apagó el cigarro contra la suela y lo dejó entre sus dedos pulgar e índice.
–¿Estás bien? –Preguntó pasando una mano por mi cara.
–Estaba hablando con Ishtar.
–La he visto marcharse.
–¿La has visto?
–Vagamente, como una sombra. Pensaba que Astaroth sería un hombre… es una sorpresa.
–Me ha dicho que le llamemos Ishtar.
–Sí, lo he supuesto. –Volvió a acariciarme. –¿Qué te ha dicho?
–Que la llamemos y vendrá. Y que seamos sinceras y justas.
–Todo muy concreto… –Rió. –En fin, qué puta locura. Ven, vamos, deberíamos irnos. Tengo que pasar un poco de tiempo con mis padres, esta noche iré a tu casa y si quieres, pues… –Suspiró. –Hacemos la ouija. Nunca pensé que te propondría esta mierda pero bueno.
Ambas reímos por la situación y para intentar quitarle hierro al asunto.
Volvimos a la ciudad y Oli se fue a casa con sus padres y yo a la mía. Boro me había dicho que comía con unos amigos por ahí, me invitó pero preferí pasar un poco de tiempo sola.
De camino a mi casa, revisé el móvil. Hablé con mi madre y le prometí que todo estaba perfecto, ella me mandó unas 24 fotos de mi padre comiendo tapas, ella posando en la puerta del balneario, mi padre otra vez comiendo tapas, ella posando sentada en una fuente… parecía que se lo estaban pasando en grande y me hizo feliz comprobarlo.
Tere había hablado por el grupo.
Akelarre
Tere 😻: "Hola bebeeees!! Cómo vais? Tengo que contaros algo 😊😊😊
Yo: "Me encanta leerte tan feliz. Cuéntanos!!!! 🤔"
Oli 💛: "Eso eso, no tires la pierdas y escondas la mano eh"
Tere 😻: "He decidido darle una oportunidad de verdad a Santi y empezar a salir con él"
Yo: "formal???? 😱😱"
Tere 😻: "si, dentro de lo formal que soy yo jajajaja"
Oli 💛: "como me alegro tía de verte ahí ❤️"
Comí tranquilamente, adelanté algunas láminas y me quedé viendo la tele prestándole poca atención y pensando constantemente en la maldita ouija.
Sobre las seis de la tarde Oli venía de camino y a las seis y media estaba en la puerta de mi casa con una mochila y una bolsa del súper.
–¿Qué traes? –Le pregunté.
–Pues para empezar, una ouija en la mochila, y una bolsa con mierdas que tu madre odiaría. –Levantó la bolsa dejado asomar parte de su contenido. –He pensado que antes podríamos ver una peli.
–Claro, escoge tú si quieres.
Oli pasó dejó "la merienda" en la cocina y la mochila en una esquina arrinconada. Me acerqué a la bolsa para investigar un poco.
–Dios mío, llevas razón. Mi madre nos mataría si ve todo este azúcar.
–Bueno, no se lo cuentes, no quiero que me odie.
Mientras Olivia sacaba todo de la bolsa me salió solo abrazarla desde atrás, dejando mi cara muy cerca de su cuello. Su olor me encantaba, no era nuevo, pero lo que sentía en ese momento sí lo era. Me dejé llevar por ese aroma y le di un beso en el cuello. Un escalofrío la recorrió y se quedó paralizada con un paquete de regalices en la mano. Se le puso la piel de gallina y a mí eso me volvió todavía más loca, así que recorrí su cuello con mis labios suavemente y dejé un pequeño mordisco cariñoso.
–Joder… –Suspiró. –Así empezamos fatal Marta…
–Lo siento. –Dije sin apartarme de su cuello.
Se giró, me agarró de la cabeza y me besó. Me besó muy apasionadamente mientras acariciaba mi pelo. Terminó mordiéndome ligeramente en el labio y con un pico.
–Me encantas muchísimo, te lo prometo. –Me dijo sin soltarme
ESTÁS LEYENDO
Akelarre
Ficção GeralEn una ciudad de Galicia, tres amigas comparten el mismo secreto. Quieren cambiar su vida, quieren ir más allá. Todo cambia a partir de una experiencia paranormal de Marta, que convencerá a todas las demás para empezar a vivir una vida totalmente di...
