twenty

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Holly

El viaje hacia el corazón de Alfheim resultó ser una prueba de resistencia que ninguno de nosotros había previsto. Horas de caminata bajo un dosel de hojas plateadas que parecían absorber el sonido y el tiempo. Greg nos guiaba por senderos que solo él podía ver, mientras la atmósfera se volvía cada vez más densa y pesada.

—Estamos entrando en el territorio de los Durmientes —advirtió Greg, deteniéndose frente a un muro de niebla blanca que olía a flores dulces y somnolientas—. No son elfos, ni tampoco animales. Son los guardianes de la conciencia del bosque.

A medida que avanzábamos, los vimos, figuras gigantescas, parecidas a sauces llorones pero con rostros humanos tallados en la madera de sus troncos, suspendidos en un sueño eterno. Sus raíces se entrelazaban formando puentes sobre abismos de luz.

—No hagan ruido —susurró Greg—. Si uno despierta, sus gritos pueden sumir tu mente en un letargo del que no regresarás jamás.

Caminamos por horas en un silencio sepulcral, con el corazón en la garganta. Loki se aferraba a mi brazo, sus ojos muy abiertos reflejando la belleza aterradora de las criaturas. En un momento, Thor estuvo a punto de tropezar con una raíz que pulsaba con luz violeta, pero Fletcher lo sostuvo del hombro justo a tiempo.

El tiempo se estiró de forma agónica. Parecía que Alfheim no quería dejarnos ir, que cada paso que dábamos nos alejaba más de la realidad y nos hundía en su laberinto de plata.

Finalmente, el cielo de Alfheim cambió. El resplandor perpetuo dio paso a un violeta profundo, casi negro, salpicado de estrellas que parecían diamantes suspendidos. La noche había llegado, y con ella el Santuario de la Luz Blanca estaba frente a nosotros. Me separé de Loki para poder acercarme al elfo.

—Greg... —comencé en voz baja—. ¿Por qué confiaste en mí?

El elfo se detuvo y hundió los dedos de sus pies en el suelo, cerrando los ojos por un segundo.

—Mis raíces no solo detectan el movimiento. Sienten la vibración de la intención. Cuando alguien miente, la tierra bajo sus pies se vuelve rígida, el pulso de la naturaleza se interrumpe. Pero tú... tú eres como una herida abierta. Siento tu miedo. No eres un arma por elección, sino por accidente. Y mi gente protege lo que es puro, lo que no debe de ser castigado.

Loki, que caminaba unos pasos detrás, soltó un bufido sarcástico.

—Qué poético. Un jardinero que lee el alma. Deberías montar una consulta en el mercado de Asgard, te harías de oro.

—Y tú, príncipe —replicó Greg sin mirarlo—, tienes un alma que suena como un laberinto de espejos. Pero incluso en tus mentiras, hay una verdad que late fuerte cuando miras a esta mujer. No intentes engañar a la tierra, ella sabe a quién quieres proteger.

Loki se tensó y aceleró el paso, evitándome.

Entramos al Santuario, un templo de cristal rodeado de cascadas de luz, pero la decepción fue un golpe seco: el pedestal estaba vacío. Las piedras habían sido robadas o movidas hace eones.

—Lo siento —murmuró Greg, con sus ramas caídas—. He fallado. Les he hecho perder un día que no tienen.

Miré el pedestal y un suspiro escapó de mi boca inevitablemente.

Impossible  || Loki || #1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora