Holly
El amanecer en Londres trajo una densa niebla que se colaba por las rendijas del almacén. Me desperté con una sensación de ardor insoportable en los ojos. La luz del día, por más débil que fuese a través de la neblina, me lastimaba las pupilas como si fueran agujas.
La piedra en mi pecho ya no se apagaba. Había dejado de latir de forma intermitente, ahora emitía un resplandor azul constante y vivo que se transparentaba a través de mi ropa húmeda, como un corazón radiactivo. El ciclo se estaba completando. Estaba devorando mi energía vital a un ritmo acelerado para estabilizarse en Midgard.
Volví a toser, y esta vez el mareo me obligó a apoyar la frente contra el suelo de piedra.
—Holly —Thor se arrodilló a mi lado, con el rostro ensombrecido por la preocupación—. Tu mirada... estás perdiendo el color de tus ojos. Necesitamos movernos, pero la luz te está cegando.
—No necesito ver, Thor —susurré, con la voz rota por la fiebre.
Mis ojos se posaron en su capa, que aún mantenía cubierta mis piernas, y él entendió perfectamente lo que quería decir con aquello. Inmediatamente rompió un trozo de la misma con sus manos y se posicionó detrás mío.
Thor dudó por un segundo, pero al ver cómo me encogía cada vez que un rayo de sol rozaba mis párpados, asintió. Peinó un poco mi cabello y colocó la venda alrededor de mi cabeza de forma delicada, finalizando con dos nudos.
Al principio todo fue oscuridad, pero luego el mundo real fue sustituido por el mapa de la piedra. No necesitaba mis ojos humanos. Con la venda puesta, el ruido visual desapareció, dejándome una percepción limpia del entorno. Podía sentir las tuberías de la ciudad, el fluir del agua bajo el asfalto y, a lo lejos, las redes nerviosas de las personas que empezaban a salir a las calles como pequeñas chispas de calor.
—¿Puedes caminar? —preguntó Thor, ofreciéndome su brazo.
Asentí aceptándolo y me puse de pie sin soltarlo en ningún momento.
—Es hora de ir a buscar a los demás. Debemos irnos cuanto antes, o al menos saber si encontraron algo aquí.
Coincidí con el dios del trueno y salimos de aquel almacén al exterior.
La lluvia seguía cayendo de forma intensa. Yo avanzaba con la cabeza baja, siendo guiada por Thor a través del laberinto de Londres. Para el Dios del Trueno, estábamos caminando al azar, pero para mí, el mundo era un océano de frecuencias y yo estaba siguiendo la marea más fuerte.
A la distancia había una firma. Una corriente fría, eléctrica y sofisticada que cortaba el aire contaminado de la ciudad. No era humana. Era una energía que ya había tocado la piedra antes, una vibración que mi piedra reconocía y reclamaba con urgencia.
Su firma mágica no estaba estática, se movía de forma errática, como si estuviera buscando algo... o a alguien. La piedra en mi pecho brilló con fuerza enviando una descarga de calor por mi espina dorsal que me hizo enderezarme.
—Siento una firma de energía conocida, Thor—dije apretando su brazo—. Tres calles a la izquierda. Está... está acelerando.
Cruzamos un pasaje estrecho detrás de un viejo teatro londinense. El suelo estaba resbaladizo. De repente, el mapa en mi mente registró un pulso de energía violento que se detuvo justo a unos metros de nosotros.
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Impossible || Loki || #1
FanfictionNorte de Estados Unidos, Manhattan, Nueva York. En una tarde soleada ocurre lo una vez llamado Imposible, lo que todos dirían que es una locura , algo irreal. Conocer a un Dios. Holly Smith, una chica solitaria, poco común, amante de la literatura y...
