¿Ojos cafés o verdes?

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Parker

— ¿Pero por qué le dijiste todo eso? — Santiago a mi lado estaba cuestionando mi decisión de mentirle a Margo.

— Porque estaba molesto, porque hice lo que me dijo que hiciera y ahora me dice que ella nunca dijo eso.

Estábamos sentados en el capo de mi coche, me había venido de la heladería directo a la casa de Santiago que no quedaba muy lejos de la mía, le conté todo lo que había pasado, lo que le dije y como ella reacciono, su reacción solo fue quedarse callado para luego decir que era un completo imbécil.

Otro más que tenía la manía de llamarme Así, cada vez que me llamaba así me recordaba a la chica de ojos verdes y cabello castaño que tenía metida en la cabeza. No sabía que mierda era lo que me pasaba con  Margo pero la tenía metida en la cabeza todo el maldito día.

Lo que pasó en el pasillo no fue un error, yo sabía que ella estaba tan ansiosa como lo estaba yo y no podía negarlo. El día de la fiesta se veía tan jodidamente bien en ese vestido plateado y yo solo tenía ganas de quitárselo con los dientes, contarle todo lo que me preguntara  y que ella olvidará todo lo que hablamos esa noche ( que aunque no fue mucho) me decepcionó bastante.

Y se  que soy una mierda por haberle dicho todas esas cosas pero es que estaba molesto, frustrado porque no se que es lo que me estaba pasando con Margo, pero nada justificaba averla tratado así, ella no se merecía que nadie le hablara así.

— ¿Y que piensas hacer?

— No tengo la menor idea.

— Bueno, desde mi punto de vista te gusta Margo, no solo te gusta, te encanta. — El se bajó del capo y yo hice exactamente lo mismo.

Solté un bufido y lo negué.

— Eso jamás, ella no es mi tipo.

— ¿Las castañas ojos verdes no  son tu tipo? ¿Entonces cuáles son?

— Las pelinegras, las morenas, las de ojos cafés o negros. — Le aclare.

— Pues ve que es lo que te está pasando con Margo porque eso una simple amistad no es.

— Ella me odia. — Baje la vista y ví el mensaje de Karla en mi teléfono.

— Y con razón, Parker, La chocaste el primer día de clases y le pegaste con un balón jugando voleibol.

— Eso fue un accidente. — Nunca quise pegarle, pensé que lo iba a poder esquivar.

— Parker, ¿No la has estado viendo todo el día en el instituto desde hace dos semanas?

— Yo no veo a nadie.

Santiago negó lentamente con la cabeza y me puso una mano en el hombro.

— No se que vas a hacer, pero algo tienes que hacer.

— Por ahora solo voy a ir a casa de Karla.

Eso pareció confundirlo un poco.

— ¿Karla? Pensé que habías cortado toda relación con ella.

— Lo había hecho, pero fue en un momento de debilidad en el que me deje llevar por Margo, pero como yo no estoy con ella no tengo que serle fiel a alguien que no es nada mío

— Creí que por fin te habías interesado en alguien de verdad.

— Me interesa Karla. — No se si lo dije para convencerlo a él o a mi.

— Para un rato, te aburrirás de ella en dos semanas y lo sabes.

Yo me quedé callado y soltó un suspiro.

— Ay, Parker, te veo mal pero bueno, yo tengo unas cosas que hacer.

— Bueno, hablamos después.

Yo me subí a mi coche y me fui de allí. ¿Cómo Santiago puede pensar que me aburrire de Karla en dos semanas? Eso jamás va a pasar, Karla es una chica increíble y graciosa, y lo mejor de todo es que es hermosa.

Margo lo es más...

Si...

Margo y yo no somos ningunos niños y fuimos concientes de lo que estábamos haciendo, ¿Por qué tuvo que reaccionar de ese modo? Si, entiendo que se sienta mal por su amiga Angie pero yo por esa chica nunca sentí nada intenso. Hay que admitir que la chica es atractiva pero no me volvió loco como lo está haciendo Marg...
 
No.

Margo no me estaba volviendo loco, lo que me estaba volviendo loco era que la chica no caía ante mi, si, era eso.

En ese momento me entró una llamada y yo puse el manos libres en el coche.

— James, cariño, ¿Te falta mucho? — La voz de Karla resonó por todo el coche.

James... Si supiera lo mucho que me desagradaba que me llamaron por ese nombre. La única vez que no me molestó fue cuando Margo me llamo así, más bien me gustó cómo sonaba mi nombre en su boca.

— Ya voy en camino.

— Date prisa, te extraño y... Te tengo un regalo. — Ella adopto un tono coqueto y ya me la podía imaginar tirada en su cama.

— ¿Que tipo de regalo? — Le seguí el juego.

— Uno rojo y ajustado, que compre pensando en ti.

— Que motivación para llegar más rápido.

— Te espero. — dicho eso colgó.

Al llegar a la casa de Karla ella me abrió con un camisón que le llegaba por la mitad del muslo, una sonrisa de oreja a oreja adorno su cara y yo hice todo el esfuerzo por devolvérsela.

Karla me jalo de la camisa y me dió un beso profundo en la boca, me condujo hasta su sofá en el cual me tiró y ella se sentó sobre mi.

Sus labios estaban sobre los míos y sus manos enganchadas a mi nuca mientras que las mías hacían todo el esfuerzo para intentar recorrerla. Ella se pasó el camisón por los hombros y pude ver un conjunto de lencería rojo, Karla se estaba moviendo de una forma provocadora intentando provocar algo en mi pero en mi cabeza se repetía la misma imagen de unos ojos verdes.

Mierda, no. Estaba con Karla, Karla era la que estaba sobre mi, Karla era la que estaba conmigo en estos momentos.
No Margo, Karla.

Los ojos cafés de Karla me veían directamente pero por alguna razón mi cabeza puso la imagen de Margo en el pasillo, como sus jadeos llenaban el silencio de aquel pasillo desierto. No podía concentrarme, no le estaba respondiendo a Karla con la misma intensidad que ella me estaba ofreciendo, la separé de mi y me senté derecho en el sofá, ella se veía confundida al no entender que era lo que estaba pasando.

— ¿Que pasa? — Preguntó preocupada.

— Me tengo que ir.

— ¿Que, pero...? — Salí corriendo de su casa y sus gritos seguían llegando a mis oidos. — ¡James, regresa aquí. James!

No volví y tampoco tenía intenciones de hacerlo.

¿Que mierda me estaba pasando?

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