Capítulo 12

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Yor nunca pensó en cruzar el arroyo del campamento, pero estaba tan preocupada por la ausencia de su amigo que incluso le pidió ayuda a su madre

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Yor nunca pensó en cruzar el arroyo del campamento, pero estaba tan preocupada por la ausencia de su amigo que incluso le pidió ayuda a su madre. La señora Briar había accedido sin dudarlo, pero era inevitable sé que viera abrumada por la intensidad de su hija.

—¿De dónde crees que venía tu amigo? —le preguntó su madre mientras caminaban entre los arbustos—. ¿Recuerdas algo importante?

—No lo sé, no me dijo mucho —respondió Yor—. ¿Tal vez se perdió en el bosque?

—Dudo que haya pasado eso. Anímate, la otra zona del campamento está cerca.

La señora Briar tuvo razón y pronto se encontraron con algunas tiendas. Sin pensar demasiado, Yor empezó a explorar el área, esperando encontrar una cabellera rubia y unos ojos azules. Estaba segura de que su amigo no se había olvidado de ella y que estaba aprovechando la oportunidad para bromear, o había tenido algún problema con su padre.

Pero su línea de pensamiento se detuvo cuando sintió la voz de su madre. Yor miró hacia atrás, viendo cómo la mujer llegaba corriendo con prisa.

—¡Yor Briar! —la escuchó llamar con enojo—. ¿Por qué has salido corriendo?

—Quiero encontrar a Consejero. Es mi amigo —se defendió Yor—. Tenemos que seguir cuidando nuestro refugio y nuestra semilla que ya es un arbolito. Es lo que hacen los exploradores.

Yor no podía esperar para seguir con su búsqueda, pero cuando su madre mostró tristeza en toda su cara, su determinación se desvaneció un poco.

—Yor —susurró la señora Briar. Su hija comenzó a mirarla con desconfianza, pero continuó hablando—. Alguien me dijo que vio a una familia empacando temprano y el niño parecía ser tu amigo.

—¡¿Qué?! —exclamó la chica, sintiendo que su corazón se detenía—. ¿Entonces se fueron?

—Debieron irse temprano por la mañana —explicó la madre, sintiéndose culpable por dar las malas noticias—. Lo lamento, Yor.

La chica guardó silencio, pero todo resonaba en su mente, mezclándose con lo que pasó el día anterior y encajando como piezas de un rompecabezas.

—¿Por qué se fue? —protestó Yor con lágrimas cayendo de sus ojos—. Él era mi amigo —agregó, comenzando a llorar más fuerte.

Con el dolor llenando su corazón, la señora Briar levantó a su hija y la consoló entre sus brazos, dirigiéndose de regreso a su tienda. El camino fue largo y silencioso, con Yor repitiendo el nombre de su amigo y buscando explicaciones hasta quedarse dormida por el esfuerzo de llorar.

En su campamento, el señor Briar las esperaba con calma, sosteniendo a Yuri dormido en sus brazos. Sin embargo, al ver a su esposa con el rostro decaído y a su hija aferrándose con fuerza al cuello de su madre, supo que tendrían una noche larga.

 Sin embargo, al ver a su esposa con el rostro decaído y a su hija aferrándose con fuerza al cuello de su madre, supo que tendrían una noche larga

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Nota de la autora: ¿Saben que es lo más doloroso de esta parte? La frustración de los padres de Yor. Es algo que mis propios padres han sentido conmigo cuando no supieron cómo consolarme.

A esos padres que se sienten frustrados, sepan que sus hijos agradecen que estén ahí.

Ciao.

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