Un chico de Westalis y una chica de Ostania se conocieron en un campamento y, sin saberlo, plantaron una semilla que, al principio, no parecía tener importancia. Pero, con el tiempo, lo que habían iniciado creció en algo más profundo: una historia q...
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La luz de la fogata iluminaba su rostro, mientras una brisa veraniega soplaba. Algunas chispas se elevaron hacia el cielo, mientras otras descansaban en el suelo cuando el señor Briar respiró para tranquilizar sus pensamientos mientras sentía pequeños pasos detrás de él. Su esposa le había dicho que Yor pasaría en algún momento.
Con la mejor de las intenciones, se llevó a la boca un caramelo silbato y se acercó a Yor para ofrecerle uno. Después de un momento de vacilación, la chica aceptó el caramelo.
—Muchas gracias, papá —murmuró mientras limpiaba un par de lágrimas que caían de su ojo
—No hay problema, Yor —le dijo su padre y volvió la mirada hacia el fuego.
Hubo un silencio durante un par de minutos, con el señor Briar moviendo las brasas para romper la incomodidad. Yor miró hacia abajo y, entristecida, abrió la boca para hablar.
—¿Papá?
—¿Sí?
—¿Por qué mi amigo se fue? —preguntó Yor, mirando hacia los arbustos con nostalgia. El camino que solía recorrer hacia el arroyo parecía muy solitario ahora.
—Sus vacaciones terminaron —contestó su padre de manera simple—. Las nuestras también terminarán en unos días.
—¡Pero quería seguir jugando! —exclamó la chica, agitando sus brazos con rabia. El gesto provocó una pequeña expresión de preocupación en el rostro del señor Briar—. Él era mi amigo.
—Bueno, a veces las personas vienen a nuestras vidas solo por un tiempo. Después, tienen que irse.
—Eso es triste —concluyó Yor con pesar.
—Sí, lo es —asintió el señor Briar con una sonrisa tranquila—. Pero te divertiste con él, ¿verdad?
—¡Claro que sí! —respondió la chica rápidamente, con los recuerdos de los días anteriores resonando en su mente—. Aprendimos mucho sobre la exploración.
—Eso hace que todo valga la pena —apoyó el señor Briar al ver a su hija sonreír de nuevo.
—¡Sí, mucho! Y él podrá ser un gran soldado algún día.
—¿Un soldado? —preguntó su padre con curiosidad.
—Sí. Mi amigo quería ser soldado de Westalis —explicó Yor. Al ver la expresión conflictuada de su padre, agregó—. ¿Eso es malo?
El señor Briar se sorprendió con la revelación. Su esposa no le había mencionado que el chico era de Westalis, y un escalofrío lo recorrió al imaginar las posibles implicaciones en relación con su trabajo. Sin embargo, decidió no seguir por ese camino. No cuando estaba esforzándose para que su hija tuviera una vida diferente.
—No tiene nada de malo —aseguró—. Y quizás vuelvas a ver a tu amigo, Yor. El mundo es un lugar mágico —añadió con una nueva sonrisa—. ¿Por qué no me cuentas qué hicieron juntos?
Yor pareció satisfecha y se acomodó junto a él, hablando del refugio, la exploración y las semillas. Su padre la escuchaba y también dejó de lado sus preocupaciones.
El mundo para Yor podría ser tal y como se le había dicho.
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Nota de la autora: En las primeras versiones de la historia, no estaba tan implicado el trabajo de los padres de Yor, pero ahora le hice más énfasis para que no parezca salido de la nada. Es una gran mejora.