"Hora Cero."
Elizabeth
—Joder. —murmuré por lo bajo mientras apresuraba el paso para pasar entre los estudiantes en el pasillo y evitar fijarme en que algunos me miraban raro o con curiosidad.
Odio las miradas inquisidoras.
Y voy a matar a Byron cuando lo vea.
Después de unos buenos minutos soportando miraditas raras de los estudiantes de la escuela que a esta hora se encontraban atestados en las escaleras o en los pasillos, pude llegar a la puerta de mi salón donde, ¿adivinen?, había estudiantes ocupando la puerta, por lo que me tuve que apretujar entre cuerpos que olían medio raro para poder entrar.
Visualicé a Byron nada más pasar por esa muralla de cuerpos medio sudados, con una sonrisita divertida en los labios mientras tenía la cabeza apoyada en sus manos disfrutando de mi desgracia.
Avancé a paso rápido, y como si se tratara de algo que ya estaba predestinado, le regalé un buen golpe en la mejilla que le partió el labio inferior y lo mandó al suelo con su metro ochenta y cinco y todo. Algunos estudiantes se viraron a ver qué sucedía, mientras que Byron todavía mantenía la estúpida sonrisita en el rostro a la vez que se levantaba y enderezaba su silla que también cayó con él.
—Cálmate, fiera. —habló divertido mientras se acercaba cauteloso y me quitaba la mochila de los hombros para hacerme sentar en mi puesto a su lado—. El show se acabó. Sigan en lo suyo. —comentó en voz alta para los que miraban y murmuraban cerca.
—No me pasaste a buscar. —le recriminé mientras me cruzaba de brazos y mantenía la vista al frente en señal de protesta. Lo oí reírse por lo bajito.
—Te llamé como cien veces y me pasé quince minutos frente a tu casa a ver si salías. —respondió mientras me hacía girar el rostro para mirarlo a la cara. Mantuve mi postura a pesar de que me dolió un poco ver que le brotaba sangre del labio, pero se lo merecía.
—Yo nada más tengo 50 llamadas perdidas, no cien. —repuse con un poco de diversión mientras enarcaba una ceja. Odio a este chico por no dejar que el enfado me dure ni cinco minutos.
Sonrió divertido mostrándome un par de dientes manchados de sangre porque, al parecer, al darle en un lado de la cara le provoqué eso.
¿Tan duro golpeaba?
Byron enarcó una ceja con diversión.
—¿Estás segura de que antes del accidente no eras hombre y decidiste cambiar de sexo? Porque no golpeas como niña. —comentó de manera burlona mientras se relamía el labio herido para limpiar la sangre.
Asentí con la cabeza mientras murmuraba un “aun así, me dejaste sola”. Byron suspiró dramáticamente.
—Todavía es temprano, mujer, y estoy seguro de que no te mató hacer contacto con la raza muggle, ¿verdad? —cuestionó mientras me miraba a los ojos, exasperándose un poquito en el proceso.
Me hizo reír.
—Te exasperaste. —recalqué lo obvio, logrando que Byron soltara un suspiro, pero seguí hablando sin darle oportunidad de reclamar—. No sabes el discursito del diablo que tuve que aguantar de Karina porque, según ella, estaba perdiendo el rumbo y descuidando mis notas perfectas. —solté con un poco de dolor porque estaba segura que si hubiera insistido un poco más, no hubiera tenido que soportar eso.
Byron abrió los ojos con sorpresa ante lo que le decía.
—¿Por alguna casualidad tu padre hizo algo sobre lo que decía tu madre? —negué con la cabeza mientras bajaba la vista hasta los brazos que mantenía contra mi pecho, descruzándolos y pasando a jugar con los dedos en m regazo.
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Rompecorazones 1: BROKEN
RomanceEmpecemos por el principio: por el olor de un libro nuevo, por las ansias de conocer la historia que aguarda escrita entre sus hojas. Aventurémonos entre las líneas, saboreando las palabras que nos cuentan sobre la vida de Elizabeth, una chica con t...
