“Seguimos siendo nosotros a pesar de las transformaciones que suframos, ¿verdad?”
Elizabeth
Kristhian me cargó como una niña pequeña y le dijo algo a Byron sobre que nos esperara en el auto para después dirigirse hacia el chico que yacía agachado en la pared, agarrarlo por la corbata y hacerlo ponerse de pie y seguirlo a tropezones por las largas zancadas que mi hermano da, hasta la puerta de la oficina del director, el cual todavía no se había ido.
—Carlos, ¿está al tanto de la discusión que hubo en la entrada de la escuela? —pude ver por el rabillo del ojo cómo el director levantó la vista de unos papeles para mirar a Kristhian con una escasa sonrisa que desapareció al instante al ver que iba acompañado.
—Algo así. ¿Por qué la pregunta?
—¿Me podría hacer un favor? —mi hermano preguntó evasivamente mientras me reacomodaba mejor encima de él para evitar que me cayera.
—Adelante.
—Reprenda a este chico hoy, —le dio un empujón —para nada suave— al chico para que pasara al interior de la oficina—. y a mi hermana mañana. Necesito llevármela para saber que pasó y tratarle la mano.
—Está bien. No veo ningún problema. —la sonrisa cordial del director junto con la imagen del muchacho encorvado en la silla enfrente de la mesa del director fue lo último que vi antes de alejarnos de la oficina en dirección al estacionamiento.
Kristhian me dejó en el suelo a centímetros de la puerta trasera del auto. Al abrirla me encontré a Byron con mi mochila sobre sus piernas mientras revisaba algo en el interior.
No necesitaba ver para saber lo que era.
Carraspeé para hacerme notar antes de subirme a su lado en el asiento trasero. Byron dejó todo en la mochila antes de ponerla en el suelo acolchado del auto entre sus piernas, mientras que mi hermano se puso detrás del volante unos segundos después. Decidí fijar mi atención en la ventana mientras esperaba a que el motor rugiera.
Sólo que eso no pasó.
Kristhian extendió su brazo hacia el asiento del copiloto para agarrar una bolsa negra que después extendió en mi dirección.
—En esa bolsa hay un par de paquetes de patatas fritas. Son para ti. —dijo mientras giraba la llave para darle vida al motor y mantenía la vista al frente.
—No quiero ahora. —susurré.
—Tienes que comer. Ya hablaremos en la casa. —repuso Kristhian mientras las dejaba en mi regazo para empezar a conducir para salir del estacionamiento sin darme derecho a réplica.
—Si no quieres me las como yo. —habló Byron a mi lado mientras esbozaba una sonrisa maliciosa y hacía amago de coger una bolsa. Le di un golpe en la frente para alejarlo, haciendo que soltara una pequeña risita.
—Ya me las como yo. — repliqué en un puchero antes de llenarme la boca de papas después de abrir un paquete.
Parecía una ardilla y ellos lo sabían, así que no tardó mucho para que se escucharan risas masculinas y estridentes por todo el auto. Sonreí con diversión mientras me esforzaba por tragar.
☘️☘️☘️
Después de dejar a Byron un par de casas antes de llegar a la nuestra, mi hermano me hizo adelantarme hasta el porche de la casa mientras él sacaba mi mochila y su maletín del auto. En cuanto pasamos al interior de la casa, decidí escabullirme silenciosamente hasta las escaleras, pero la voz de Kris me detuvo en el primer escalón.
—¿Adónde crees que vas? Todavía hay que tratarte la herida. —suspiré resignada mientras lo seguía hasta la cocina donde ya estaba su bata de doctor en el respaldo de un silla con el maletín en ella.
Kristhian se arremangó la camisa blanca hasta los codos antes de indicar que me sentara al mesón. Después se dirigió a una de las alacenas y observé con estupefacción cómo sacaba un botiquín del que yo no sabía de su existencia. Al ver el pasmo en mi rostro, Kristhian sonrió con diversión.
—Mamá se aseguró de tener botiquines en toda la casa después del accidente porque te autolesionabas a causa de la depresión. Para tenerlo al alcance por si cualquier cosa—responde mientras se sienta en la silla contigua a la mía—. Extiende la mano.
Kristhian tardó alrededor de unos 15 minutos mientras examinaba los nudillos para ver que no se hayan fracturado y después desinfectar la zona para vendarla adecuadamente.
—¿Ya me puedo ir? —pregunté con la esperanza de saltarme el interrogatorio al ver que guardaba las cosas en el botiquín.
Kristhian rodó los ojos divertido antes de responder.
—Ahora me vas a contar con lujo de detalles que fue lo que pasó en la escuela. —demandó con voz monótona demostrándome que no estaba jugando.
Resignada, —porque sé que cuando se le mete algo en la cabeza es imposible hacerlo cambiar de parecer— comencé a contarle toda la historia desde el principio, explicando parte por parte.
—Bueno, en parte entiendo por qué hiciste lo que hiciste, y en parte el chico no debió de haber corrido así; pero eso no te da derecho a actuar arrogante. —comentó después de analizar toda la historia.
—¡¿Yo actué arrogante?! —pregunté mientras elevaba el tono de voz y me ponía de pie.
Kristhian no se alteró ante mi cambio de humor, manteniéndose sereno mientras posaba una mano en mi hombro —con más fuerza de la necesaria— para hacer que me sentara de nuevo.
—Bájame el tono. —su serenidad daba miedo—. ¿Le respondiste cuando él te dijo que te disculparas? —preguntó mientras enarcaba una ceja.
Negué con la cabeza.
—Ahí tienes tu respuesta. —señaló mientras se ponía de pie.
Asentí con la cabeza.
—¿Y los audífonos? — pregunté temiendo la respuesta.
—Mañana los llevaré con alguien para ver si tienen arreglo. —comentó mientras sacaba algunas cosas del refri y las colocaba encima de la encimera.
—¿Dónde están mis padres? —volví a preguntar para llenar el silencio que se formaba cada vez que nos quedábamos callados.
Kristhian me miró por el rabillo del ojo mientras esbozaba una sonrisita burlona.
—Hoy estás muy preguntona, ¿eh? —respondió mientras devolvía su atención a lo que sea que estaba haciendo—. Tenían una reunión por lo que llegarán un poco tarde y Kimberley está en gimnasia. —me explicó mientras echaba puré de tomate en la sartén.
No necesité de mucho para adivinar lo que estaba cocinando: espaguetis con albóndigas y salsa de tomate. No pude evitar esperar con ansias la comida que preparaba Kris, así que, cuando media hora después coloca un plato delante mío, me lancé sin muchos preámbulos a devorar mi plato favorito. Kris me sobó la cabeza con cariño antes de besarme la coronilla y salir de la cocina.
Cuando ya estuve satisfecha abandoné la cocina, encontrándome a mi hermano en la sala sentado en un sofá individual de color negro mate mientras revisaba algo en el celular. Cuando se dio cuenta de mi presencia, sonrió con ternura antes de ponerse de pie.
—Ya le envié un mensaje a Kim para que no te molestara cuando llegara. —susurró mientras avanzaba hasta quedar enfrente mío y guardaba su celular en el bolsillo delantero de su pantalón—. ¿Por qué no subes y te das un baño? —sugirió antes de darme otro beso y seguir hasta la cocina, tal vez para limpiar y fregar los trastes.
Usando su consejo al pie de la letra, subí las escaleras con dirección a mi habitación, cerrando la puerta detrás de mí antes de coger una toalla, mi pijama y dirigirme al baño con la intención de darme una larga ducha para aclarar mis ideas. Media hora después salí aún con el cabello húmedo empapando el pijama de seda color morado oscuro que decidí ponerme.
Avancé hasta la cama antes de dejarme caer en ella produciendo un sonido sordo antes de colocarme bocarriba con el celular en mi pecho y poner algo de música clásica para relajarme y evitar pensar mucho en el día de hoy.
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Rompecorazones 1: BROKEN
RomanceEmpecemos por el principio: por el olor de un libro nuevo, por las ansias de conocer la historia que aguarda escrita entre sus hojas. Aventurémonos entre las líneas, saboreando las palabras que nos cuentan sobre la vida de Elizabeth, una chica con t...
