“Asuntos pendientes que se resuelven sin raciocinio y con alcohol. ¿No era así?”
Elizabeth
Una fiesta.
Muy ruidosa y suntuosa, cabe decir.
Se estaba volviendo costumbre que siempre estuviera en una fiesta diferente cada mes, y cabe decir que no me está gustando mucho. Esta vez, era para celebrar la victoria del equipo de fútbol en el partido de hace unas horas. Byron me arrastró consigo a esta fiesta del demonio donde todavía permanecía con el mismo vaso de cerveza alemana entre las manos y con el uniforme de las porristas puesto, mirando desde una esquina las locuras que podían hacer los adolescentes con un nivel promedio de alcohol en el sistema y bajo la presión de la sociedad.
—¿Quieres que te dé mi bolso para que te cambies? —Byron tenía que gritar estando al lado mío para poder escucharlo por sobre la música que retumbaba en los oídos.
Asentí con la cabeza mientras le dejaba el vaso y agarraba su bolso deportivo de encima de la mesita enfrente del sofá donde estábamos sentados. No pasó desapercibida la mirada curiosa que me echaron los gemelos mientras disimulaban con el vaso de cerveza en los labios, aunque la ignoré abiertamente mientras subía las escaleras que daban al segundo piso buscando un baño.
En ese piso la música se oía menos, pero a cambio tenía que ignorar los gemidos y ruidos sexuales detrás de las diferentes puertas mientras buscaba mi destino. Y por suerte, encontré la puñetera puerta. Minutos después, bajaba las escaleras sintiéndome mejor con el pantalón de broche color negro, los converse, el crop top blanco y sin el moño apretado en el cabello.
Byron sonreía con sorna mientras me veía llegar, dejando el vaso sobre la mesita y arrastrándome a la pista de baile. Decidí dejarme llevar por su locura de haber ganado su primer partido mientras disfrutaba la música de Marshmello que me hacía saltar entre risas junto a Byron, a quien le seguí el paso durante otras cinco canciones más hasta que el sudor empezó a recorrerme los lados del rostro y el cabello suelto empezaba a molestar. Preferí sentarme en el porche de la casa ya que no había agua en toda la fiesta y al menos disfrutaría de la brisa nocturna sin tanto ruido alrededor, aunque eso no duró mucho al aparecer una botella de whisky escocés en mi campo de visión antes de que alguien se sentara al lado mío, volviéndose aterradoramente habitual que pudiera reconocer a Erickson sin tener que mirar, además de que el par de traguitos de cerveza que me había dado tal vez influían en que, esta vez, estuviera calmada ante su presencia, aunque igual seguía resentida por lo que pasó, poniendo mala cara y disponiéndome a entrar de nuevo a la fiesta.
Aunque claramente esas no eran sus intenciones porque me sujetó de la muñeca antes de hacerme sentar a la fuerza de un tirón.
—Mira que eres masoquista. —comentó calmadamente mientras me veía de reojo a la vez que destapaba la botella. Terminé por mirarlo con el ceño fruncido en señal de indignación.
—Y a ti te encanta buscarme problemas.
—Me encantas tú, pero supongamos que por ahora no cuenta. —replicó con sorna mientras me entregaba un vaso con whisky. Lo dejé con el brazo extendido, cosa que lo hizo arquear una ceja—. ¿No quieres?
Suspiré negando con la cabeza mientras me levantaba y empezaba a caminar en dirección a la calle para detener un taxi, aunque apenas si llegué a dar un par de pasos antes de volver a oír su irritante voz.
—Ya sabía yo que eras una mojigata de mierda. —comentó con burla, volteando a verlo en el momento exacto en que se llevaba el vaso a los labios tratando de ocultar una pequeña sonrisa burlona.
Terminé por arrebatarle el vaso y beberme todo su contenido de un solo trago.
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Rompecorazones 1: BROKEN
RomantikEmpecemos por el principio: por el olor de un libro nuevo, por las ansias de conocer la historia que aguarda escrita entre sus hojas. Aventurémonos entre las líneas, saboreando las palabras que nos cuentan sobre la vida de Elizabeth, una chica con t...
