“¿Oyes eso? Es el sonido de creencias rotas desperdigadas en el suelo del alma débil.”
Elizabeth
La respiración enfadada de mi hermano volvía erráticas sus pulsaciones cardíacas contra la caja torácica. El director despotricaba abiertamente acerca de mi actitud, aun cuando ni siquiera era la culpable de todo aquello.
Pero sabía que para él sí que lo era.
Una hora después, salí de la escuela con mi hermano arrastrándome del brazo en un agarre que de seguro dejaría marcas.
—Me estás lastimando, Kristhian. —objeté por lo bajo mientras intentaba soltarme pero Kris aumentó la fuerza del agarre mientras daba un tirón para que me moviera.
—Cállate. —el siseo furioso entre dientes fue suficiente para hacerme enmudecer mientras lo seguía al auto.
El viaje se dio en un silencio espeso interrumpido por la música al azar que se reproducía en la radio. Kristhian sujetaba el volante con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos mientras el enojo lo expedía en ondas, viéndose claramente en la mandíbula tensa y los ojos azules marinos convertidos en turbulencias oscuras.
Tragué con fuerza antes de fijar la vista en el paisaje en la ventana.
Mi inútil cerebro pensó que tal vez podría escaparme a mi habitación antes de que todo explotara, pero el agarre doloroso en mi cabello haciéndome soltar un alarido que se escuchó en toda la casa, me hizo saber que era inútil pensar bonito.
—¿Adónde crees que vas sin darme explicaciones? —siseó mientras aumentaba la fuerza en el agarre antes de hacerme caer en el suelo.
—Yo-yo no tuve nada que ver. Soy totalmente inocente en esto. —mi voz era un suspiro tembloroso mientras sentía el inicio de las lágrimas en la base de la garganta.
Kristhian rió. Su risa dotada de una oscuridad que había visto antes en él. Sentí las piernas temblar mientras veía su porte templado por la furia casi desbordante.
—¡¿ESPERAS QUE ME CREA ESA EXCUSA DE MIERDA?! —su grito me hizo encoger en el piso—. ¡¿POR QUÉ TARTAMUDEASTE ENTONCES?! —su figura se cernió amenazante sobre mí mientras exigía una respuesta que no existía y hacía aspavientos con los brazos eufóricamente.
—¡SOY LA VÍCTIMA ESTA VEZ! —vociferé cerrando los ojos con fuerza. Sabía que tenía razones para no creerme, pero joder, le estaba diciendo la verdad.
—¿A quién le estás gritando? —su voz adquirió un timbre calmado pero gélido que fue suficiente para confirmarme que la había cagado. Se me erizaron los vellos de la nuca por el sentimiento amargo que nació en la boca del estómago.
Miedo.
Eso sentía hacia mi querido hermano. El temblor en mis extremidades era una clara confirmación.
—Yo... —ni siquiera encontraba la voz para responder a causa del pasmo. Odiaba sentirme débil.
Y él malditamente lo sabía porque lo ví sonreír al verme tan sumisa con su actitud. Suspiró mientras se ponía las manos en la cintura y negaba con la cabeza.
—¿Por qué me das tantos problemas, Elizabeth? —siseó con un pesar en la voz mezclado con la creciente decepción que conocía de él hacia mi persona y todo lo que hacía.
Se pasó un par de minutos mirándome con decepción, aunque sentí el peso de su mirada como si hubieran pasado más de media hora; antes de arrodillarse a mi lado y posar una mano sobre mi cabello.
Me encogí sobre mí misma al sentirlo empezar a pasarme la mano por el cabello con delicadeza.
—Has sido una chica mala. Muy mala, ¿no es verdad? —a pesar de que hablaba con suavidez sabía muy bien que imponía una respuesta sumisa.
—M-muy mala. —sentía el temblor en la voz, y él también.
Kristhian esbozó una sonrisita orgullosa antes de ponerse en pie y ayudarme a hacerlo también. Sacudió el polvo inexistente de mis hombros con alegría, contrastando irónicamente con su humor tan explosivo.
—Retírate a tu cuarto. —comentó como un niño al que le acaban de dar un dulce. No podía mirarlo a los ojos todavía—. Y espero que sepas que estás castigada. —dictaminó antes de hacerme girar sobre el eje como un títere comandado por su titiritero y empujarme con delicadeza en dirección a las escaleras.
Recogí la mochila con movimientos mecanizados antes de subir las escaleras con el peso de su mirada en la espalda, negada a quebrarme delante suyo.
No debería ser suficiente pasar el umbral de las puertas del cuarto para derrumbarme por fin. No debería ser suficiente tirarme bocabajo en la cama para empezar a llorar.
Pero sí fue suficiente para mí.
No sabía si era peor volver a sucumbir al miedo que me provocaba mi hermano o que mi estúpido orgullo se sintiera tan herido. Lloré hasta me dolió la garganta de tanto gritar contra la almohada, hasta que se hincharon los ojos, la cabeza palpitaba de dolor y la oscuridad de la noche se colaba por el balcón.
Sentía pena de mí misma.
Creyéndome inalterable y pensando que nada podía ir peor, aunque la vida me acaba de demostrar que solo soy una adolescente estúpida que creía que el mundo no podía con ella.
Claramente la oscuridad se tragó sus sueños de niñita inocente.
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Rompecorazones 1: BROKEN
RomansaEmpecemos por el principio: por el olor de un libro nuevo, por las ansias de conocer la historia que aguarda escrita entre sus hojas. Aventurémonos entre las líneas, saboreando las palabras que nos cuentan sobre la vida de Elizabeth, una chica con t...
