Maratón 3/4
“Un pajarito me contó que estabas medio loca, pero la verdad es que sólo estás medio rota, y eso, ni tus amigos más cercanos lo sabían, pero había un demonio cercano a ti que veía todas tus heridas.”
Elizabeth
Desperté en medio de la madrugada, sudando a pesar del frío aire que se colaba por las puertas abiertas del balcón. Respiraba entrecortadamente, intentando recuperarme de la reciente pesadilla que se sintió sumamente real, estrujándome el rostro con las manos para intentar volver a la realidad completamente y que la resaca no molestara tanto.
Aparté las cobijas para levantarme al ver que ya eran más de las dos de la madrugada y sabiendo que no me volvería a dormir. Me estremecí por el frío suelo, pero avancé descalza hasta cerrar las puertas transparentes del balcón antes de terminar en el cuarto de baño mirándome detenidamente en el espejo, observando las tenues ojeras que ya se podían notar de cerca, y el cansancio que aparentaba mi rostro juvenil.
Terminé bajo el agua fría que se desbordó de la bañera en la que me metí, deseando que el agua helada apagara mi cerebro para dejar de sobre pensarlo todo; dejando salir las últimas burbujas de oxígeno para que finalmente mi cuerpo desnudo tocara el fondo de la bañera. Por unos minutos, me permití disfrutar de la soledad y la tranquilidad que ese cuarto de baño brindaba, del silencio de mi mente y de la oscuridad de los pensamientos.
Desperté al oír el constante repiqueteo de la lluvia contra el suelo del balcón. Emergí de la bañera, tranquila ahora que la resaca casi había mermado con ese baño de agua fría, y encaminándome hacia el clóset para empezar a prepararme para ir al instituto.
Me pesaban los párpados del cansancio, y tal vez lo manifestaba con el estrepitoso ruido que producían las suelas de las botas militares negras y acordonadas hasta por debajo de las rodillas que llevaba en el día de hoy; contra los escalones interminables de las escaleras de madera pulida color caoba. El pantalón ajustado color cenizo y de cintura alta combinaba con la camiseta de manga corta negra que llevaba y la camisa amarrada a la cintura a cuadros rojos y negro; mientras el cabello estaba recogido en un moño alto con una trenza alrededor. En la mano llevaba uno de mis paraguas favoritos: de color negro opaco y con un muñeco pequeño de sonrisa macabra, de peluche de color gris con una gabardina de color negro y un sombrerito con un suéter de color naranja claro, que colgaba del mango recto.
El ruido terminó despertando a Kristhian, que salió de su cuarto en el primer piso con el cabello hecho una maraña de nudos y cabellos enredados, llevando solo un pantalón de pijama de color blanco que le quedaba algo grande.
—¡¿Se puede saber a qué se debe tanto ruido a tan tempranas horas de la mañana?! —espetó mientras se dirigía al pie de la escalera manteniéndome la mirada en todo momento y pasándose la mano por el cabello liso de color caoba oscuro un par de veces para peinarlo un poco.
—Solo estoy bajando las escaleras. —respondía una vez estuve a su lado.
—¿Y se puede saber adónde vas cuando está lloviendo a cántaros allá afuera? —preguntó con tono sarcástico mientras se cruzaba de brazos.
—A la escuela. Ya Byron me está esperando. —respondí mientras pasaba por su lado y avanzaba hasta la puerta principal. Efectivamente, Byron me esperaba recostado de su todoterreno con un paraguas sobre su cabeza.
Una sonrisa débil se dibujó en mis labios al verlo ahí de pie.
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Rompecorazones 1: BROKEN
RomanceEmpecemos por el principio: por el olor de un libro nuevo, por las ansias de conocer la historia que aguarda escrita entre sus hojas. Aventurémonos entre las líneas, saboreando las palabras que nos cuentan sobre la vida de Elizabeth, una chica con t...
