"Halloween llegó y trajo consigo dulces convertidos en chicos vestidos de osos, y tratos infantiles convertidos en travesuras."
Elizabeth
Por toda la ciudad era evidente que Halloween ya había llegado, con sus decoraciones escalofriantes y las tiendas exhibiendo sus mejores disfraces. El instituto estaba adornado con guirnaldas negras y anaranjadas, calabazas con sonrisas monstruosas y había un muñeco de Frankenstein en la entrada que te saludaba con un "Feliz sangriento Día de Brujas". Byron se quedó en casa hoy para ayudar a su madre con no sé qué, así que tendría que aguantar todo el día los deseos de matar a medio mundo.
—Buenos días para usted también, profesora. Lamento la tardanza, no va a volver a ocurrir. —murmuré con aire cansino mientras me adentraba en el aula, pero la profesora Claudia me detuvo a mitad de camino de poder sentarme en mi puesto y hacer como que atendía las clases aburridas que daba.
—Elizabeth, quítate los audífonos, por favor. —una sonrisa cínica adornaba sus labios pintados de color rojo vino.
—La puedo oír muy bien. Los audífonos están apagados, así que puede hablar. —respondí mientras hacia un gesto de poca importancia con la mano. La profesora suspiró pesadamente como si estuviera conteniendo los deseos de decir una palabrota.
—Necesito que te concentres, por eso quiero que te quites los audífonos. —habló entre dientes, y si lo que quería era que captara un mensaje entre líneas, cumplió su objetivo.
Traducción: Cuídate porque pienso hacerte bajar la nota media.
Decidí hacerme la inocente y miré por encima de su hombro en dirección al pizarrón, y sinceramente, no pude evitar esbozar una sonrisa arrogante.
—Profesora, si lo que quiere es que le diga que está dando un contenido que yo ya di y que los alumnos entendieron, me hubiera avisado, y así no hubiera tenido que pasar vergüenza. —contraataqué con aire arrogante. La cara de la profesora se descolocó por un momento antes de dibujar una expresión de suficiencia en el rostro.
—Haz el ejercicio que está en el pizarrón entonces. —dijo obviando lo que había dicho mientras me daba el marcador.
—¿Si lo hago, me dejará saltarme su aburrida clase? —pregunté con sorna. En el fondo del salón se escucharon unas risitas provenientes de William que veía la situación con una expresión juguetona y de seguro pensaba que sólo le faltaban palomitas para disfrutar al máximo. La profesora obvió ese detalle y volvió a mirarme.
—Claro, sí puedes hacerlo. —exclamó mientras elevaba las cejas de forma exagerada. Ella de verdad creía que era la 1ra del ranking por contactos, y le iba a demostrar lo contrario.
Con expresión de fastidio, le arrebaté —sin ningún cariño o cuidado— el marcador a la profesora y me encaminé hacia el pizarrón con la mochila todavía en la espalda, los libros pesando más que mi propio peso. Con una sonrisa de arrogancia, resolví el ejercicio —que trataba de irregularidad verbal— en menos de quince minutos, y me giré hacia la profesora mientras dejaba el marcador sobre su buró y salía por la puerta murmurando un "hasta la segunda hora de clases".
Estuve deambulando —sin que ningún profesor o el mismo director me atrapara infraganti— por la escuela mientras esperaba a que sonara el timbre que anunciaba el final del primer turno para volver al salón a soportar al profesor de Formación Ciudadana. Terminé en las gradas del campo de fútbol americano y con una mueca de dolor dejé la mochila en las gradas mientras me recostaba en las mismas utilizando la mochila de almohada, con tal de descansar la espalda.
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Rompecorazones 1: BROKEN
RomansaEmpecemos por el principio: por el olor de un libro nuevo, por las ansias de conocer la historia que aguarda escrita entre sus hojas. Aventurémonos entre las líneas, saboreando las palabras que nos cuentan sobre la vida de Elizabeth, una chica con t...
