Capítulo 09

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“Ella conoció a uno de ellos, al más amable y bondadoso (o eso es lo que ella cree).”

Elizabeth

Domingo

Pesadillas, pesadillas, pesadillas.

Tres con quince minutos de la madrugada y lo único que ocupa mi mente son aterradoras y terribles pesadillas que cada día van de mal en peor y que no me dejan dormir apropiadamente, levantándome abruptamente en medio de la madrugada varias veces. Son como una cadena: Repitiendo lo poco que recuerdo del accidente con imágenes espeluznantes producidas por mi propia mente perturbada.

Preferí olvidarme de lo que en mi mente pasaba yendo al baño para darme una larga ducha de agua fría. Necesitaba aparentar que todo estaba bien a pesar de que no estaba para nada bien porque, después de todo, hoy iba a ir a que me hicieran la prueba de aptitud en el gimnasio del tal Alex para poder volver a practicar MMA.

El tiempo que pasé ahí lo olvidé, y volví a la realidad cuando sentí los rayos de sol que se colaban por las puertas corredizas hechas de vidrio blindado —a pesar de que vivía en uno de los mejores conjuntos residenciales de la ciudad—que dan al balcón conectado con mi cuarto calentar mi piel húmeda y desnuda, por lo que me vi obligada a cerrar la llave de la ducha para poder empezar el día.

Después de pasar más de una hora peinándome adecuadamente para practicar correctamente el deporte, fui en dirección al closet para coger el bolso de entrenamiento con la ropa deportiva de conjunto con un pomo de agua y los accesorios como guantes, protector bucal y todo eso. Por último, me vestí con una sudadera y un pantalón deportivo con broches en los lados, todo de color negro.

Salí del cuarto al terminar y me encontré subiendo las escaleras a Kristhian —ya podíamos hablar sin tanta tensión alrededor — quién, al parecer, iba en dirección a mi habitación para despertarme.

—Ya yo iba a despertarte para que bajaras a desayunar. —confirmó lo que pensaba con una pequeña sonrisa en ese rostro trigueño que tanto atrae—. Venga, baja a desayunar. —pide haciendo un ademán con la mano para que lo siguiera.

Había que admitirlo, mi hermano parecía haber sido esculpido por los dioses, y no lo digo porque sea su hermana sino porque de verdad lo parece. De por si encontrar un trigueño como él que mide 1,90 cm, tonificado al nivel de que se ve que se mantiene en forma y de buena manera; y que además el tipo tiene ojos azules —de un tono un poco más oscuro que el mío—, una nariz perfectamente perfilada y unos labios finos que provocan fantasías perversas de complemento con una voz gruesa como si siempre se acabara de levantar, además de un cabello caoba oscuro que emite pequeños destellos bajo la luz del sol.

Después de terminar de desayunar, Kristhian dijo que lo esperara un momento para que él se pudiera ir a cambiar para llevarme al gimnasio, por lo que me quedé en la cocina unos 15 segundos y después él bajó con un conjunto deportivo lo que me hacía preguntarme si él también iba a hacer ejercicio.

—Venga vamos.

El gimnasio no quedaba muy lejos, así que fuimos caminando o, mejor dicho, fuimos trotando ya que a mi hermano se le ocurrió que podíamos ir calentando y haciendo ejercicio ya que el gimnasio del famoso Alex quedaba a unas 10 cuadras del condominio.

—¿Cuándo me vas a comprar un celular nuevo? —evité a toda costa que la pregunta sonara a reproche.

—Te lo compraré cuando terminemos la prueba. —contestó mientras alternaba la vista entre los autos, las personas que transitaban y yo—. Bien, ya llegamos. —ni siquiera me di cuenta de que estuvimos conversando por algo más de 10 min hasta que nos hizo detener delante de un lugar con una fachada que a lo lejos se veía que era lujosa.

Rompecorazones 1: BROKENDonde viven las historias. Descúbrelo ahora