Capítulo 28

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“Actitudes cambiantes al estilo camaleón.”
(Parte 2)

Elizabeth

—Entonces, ¿a dónde estoy obligada a llevarte? —pregunté entre dientes con el humor de perros.

Debí haber pisado el pedal a fondo.

Erickson se acomodó en el asiento de copiloto y estiró los pies con comodidad.

—Me alegro de que este auto sea tan espacioso. Mis piernas te lo agradecen, Elizabeth. —respondió mirándome burlón mientras yo me aguantaba soltarle par de palabrotas.

Apreté los dientes antes de sonreírle con el veneno brotando de mi expresión.

—¿A dónde cojones tengo que llevarte? —dije mientras giraba la llave que le dió vida al rugido del motor.

Erickson me miró por el rabillo del ojo antes de recostarse del asiento con las manos detrás de la cabeza, haciendo resaltar los músculos de sus brazos. Llevaba una camiseta azul oscuro de manga corta.

Traté de no fijarme mucho en eso.

—Tú solo conduce. Ya te diré cuándo parar. —murmuró con una sonrisita de complacencia en el rostro.

Dios sabía cuánto lo odiaba.

Giré el volante para salir del estacionamiento y adentrarnos en la calle citadina. No pasó mucho antes de empezar a oír su molesta voz en uno de los semáforos dónde paramos.

—Dobla aquí a la izquierda. —pronunció con los ojos cerrados en el asiento al lado.

—Esa calle lleva a las afueras de la ciudad. —respondí monótonamente.

Erickson abrió uno de sus ojos con lentitud para encontrarse con mi gesto hastiado. Una expresión burlona se le dibujó en el rostro.

—Lo sé, genia.

—Entonces no seas estúpido, genio. —repliqué con ironía mientras ponía en marcha el auto al ver el semáforo cambiar a verde.

Decidida a ignorar su absurda orden, seguiría deambulando por la ciudad, pero Erickson tenía otros planes porque puso el freno de mano y una de sus gigantes manos en el volante con firmeza.

Solté el volante por inercia.

—¿Qué haces? —pregunté girando en el asiento para encontrarme con una expresión seria en su habitual rostro burlón.

Se sintió raro sentir su mirada dura sobre mí.

—Te dije que doblaras a la izquierda, Elizabeth. —soltó con voz áspera.

—Y te dije que lleva a las afueras de la ciudad. —objeté con una ceja enarcada.

Yo mantenía las manos en el aire. Las bocinas de los autos detrás de nosotros se empezaban a escuchar, impacientes.

Erickson se acercó en un movimiento rápido hasta que ambos respiramos el mismo aire. Aunque traté de separarme, una mano apretando con fuerza mi pierna desnuda me mantuvo en el lugar.

Rompecorazones 1: BROKENDonde viven las historias. Descúbrelo ahora