Capítulo 27

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“Actitudes cambiantes al estilo camaleón.”
(Parte 1)


Elizabeth

En algún punto terminé dormida, despertando cuando la luna estaba en su punto más álgido. Me dolía todo el cuerpo sin haber hecho ningún esfuerzo físico, pero sabía que era a causa del cansancio mental que cargaba en esos momentos.

Llegué arrastrando los pies al cuarto de baño, la imagen que me recibió en el espejo al encender las luces fue espantosa. La de una chica que solamente quería desaparecer por años sin que nadie se diera cuenta. La de la invisible que odiaba ser notada e invisible al mismo tiempo.

Ojos hinchados, ojeras marcadas, cabello enredado. Toda una noche de pasión a lo loco.

Sonreí ante ese comentario sarcástico antes de lavarme la cara con fuerza, como si fuera un chico hormonal que necesitaba arrancarse la piel en cada movimiento.

El espejo me devolvió una mirada cansina que escondía muchas cosas, y por algún motivo encontré mi cabello ondulado llegando hasta después de mis rodillas, ese cabello que solo estorbó en mi escape hace algunas horas. Ese cabello que mi familia exhibía con orgullo.

Y me dió tanta rabia que salí del cuarto de baño y volví segundos después con una tijera en manos.

Estaba en mi límite emocional de soportar tanto. De querer ser algo y que nunca fuera suficiente.

Basta de tantas expectativas.

Empecé a cortar los mechones largos y bien cuidados, lágrimas empezando a brotar como si de un río fuera. Pero no quise parar, al menos no hasta que mi cabello fueron mechones cortos y disparejos que de alguna forma no quedaba tan mal.

Sentí que debía de hacerlo. Que tenía que hacerlo.

Intenté sonreírle a mi reflejo, diciéndome a mí misma que todo iba a estar bien otra vez. La sonrisa era rota, de esas que escondían mucho, pero me sentí bien por milésimas mirando ese reflejo de cabellos disparejos que se sintió como un soplo de aire fresco entre tanto calor sofocante.

Después de eso me di un baño de agua caliente, tratando de relajar los músculos en el proceso. Salí envuelta en una toalla directa al closet buscando aquel uniforme que llegó hace un par de días en reemplazo a aquel que había hecho trizas.

Sonreí al ver el largo de la saya y el complejo de globo terráqueo al ser tan ancho.

Alguna solución le encontraría a ese problema. Después.

Me vestí con ropa interior ligera y me quedé dormida de nuevo, dejando la mente en blanco para evitar demonios en lo que quedaba de madrugada. La alarma sonó como era habitual, solo que ya yo estaba despierta desde una hora antes.

Al menos llegué a cerrar los ojos un par de horas antes de desvelarme de nuevo.

La alarma seguía sonando insistente hasta que el sonido de una notificación irrumpió entre el ruido habitual, sacándome del trance mañanero y yendo a ver de qué se trataba.

Era un número desconocido.

“Hola :)”

En entregado quedó antes de irme a bañar por segunda vez en menos de cuatro horas. El cabello se sentía ligero ahora que estaba corto, sacándome una pequeña sonrisa triste mientras lo secaba frente al espejo antes de salir del cuarto de baño y enfocarme en ese uniforme que no me despertaba mucho.

Rompecorazones 1: BROKENDonde viven las historias. Descúbrelo ahora