“Ella podrá ser una aberración, pero conocía a otra mucho peor que vivía a su lado.”
Elizabeth
Desperté en medio de la madrugada, empapada en sudor y respirando agitadamente debido a la reciente pesadilla. Había pasado mucho tiempo desde que las pesadillas habían dejado de acechar mi vida, y decidieron empezar hace un par de días, acortando mis horas de sueño y afectando, por ende, mi productividad en el día.
Resignada, aparté la colcha morada a un lado para colocar los pies en el piso antes de levantarme por fin para avanzar hasta la puerta para buscar un vaso de leche. El pasillo estaba oscuro, iluminado apenas por la luz tenue de la luna que se colaba por algunos ventanales dispuestos estratégicamente. Al pasar por delante de la habitación de Kim, vi la luz por debajo de la puerta, seguro estaba viendo anime y disfrutando de shippear a los protagonistas de su serie de la semana.
Por lo menos alguien estaba feliz de nosotras dos.
Sonreí con algo de tristeza mientras avanzaba cautelosamente, disfrutando del frio suelo a mis pies y felicitándome internamente por haberme puesto un pijama de dos piezas con blusa de tirantes finos y un short bastante corto, que permitiera que no me muriera de calor en la madrugada de hoy.
Baje las escaleras de caoba pulida y me detuve abruptamente al pie de éstas al ver una luz proveniente de la sala, por donde debía de pasar obligatoriamente para continuar a la cocina. Al final, decidí avanzar como si nada, puesto que no estaba haciendo nada malo, y mi sorpresa fue mayor al ver que era Kristhian, dormido en el sofá con su uniforme de cirujano aún puesto y con el televisor de radio.
Decidí dejarlo así antes de continuar mi camino hasta la cocina, abrir el refrigerador y sacar la botella de leche. Yo, que había bajado por un vaso de leche, terminé comiendo un cuenco de cereal a las 2:30 de la madrugada —según el reloj de pared que había ahí—.
Cuando terminé, que hube lavado y puesto en su lugar todo lo utilizado, al salir de la cocina encontré a Kris en la misma posición que lo deje hace un buen rato. Suspiré antes de dirigirme a una de las habitaciones de huéspedes y coger una colcha para regresar a la sala. Con mucho cuidado de no despertarlo—a pesar de que posee un sueño tan ligero como un elefante—, acosté a Kristhian de lado en el sofá colocando una almohada bajo su cabeza. Le quité los zapatos y lo arropé con cuidado antes de apagar el televisor y salir de la sala en dirección a mi habitación, en un nuevo intento por ver si podía dormir.
💤💤💤
No sé en qué momento de la madrugada terminé rindiéndome a los brazos de Morfeo, pero lo seguro fue el estrellón que recibió mi celular en cuanto empezó a sonar por una llamada entrante.
Cuando logré tomar conciencia de lo que había hecho, vi con un poco de horror la pantalla resquebrajada que seguía iluminándose mostrando el nombre de Byron. Antes de que pudiera ponerme de pie, ya el celular había dejado de sonar segundos antes de recibir la notificación de un mensaje entrante que se leía en la pantalla.
«Espero estés bien. Tu hermano me dijo que iba a hablar con el director para ver lo de tu suspenso. Yo paso en la tarde a verte.»
¿Suspenso?
No le di muchas vueltas al asunto del suspenso porque, de todas formas, Kristhian tenía que hablarme de ello. Me estrujé los ojos para terminar de desperezarme antes de avanzar hasta mi cuarto de baño para darme una ducha.
Un rato después salí de la habitación con un short de mezclilla azul y una blusa de tirantes en dirección a la cocina para desayunar algo mientras me recogía la mata de cabello en un moño desordenado para evitar que me molestara.
ESTÁS LEYENDO
Rompecorazones 1: BROKEN
RomanceEmpecemos por el principio: por el olor de un libro nuevo, por las ansias de conocer la historia que aguarda escrita entre sus hojas. Aventurémonos entre las líneas, saboreando las palabras que nos cuentan sobre la vida de Elizabeth, una chica con t...
